VERDADES A MEDIAS

1093 Words
Durante el camino reinó el silencio, roto solo por algunos murmullos que se escapaban, para después perderse tras las miradas cortantes de los soldados guardias. Se sorprendió al ver que el nuevo laboratorio estaba cerca, dotado de una serie de aparatos científicos y también artefactos de brujería, que mostraban el desespero de Altares para ganar la guerra. Inclusive pudieron ver un c*****r provisto de unos cables que daba a entender que a alguien se le había ocurrido inventar soldados zombis, o unos jeroglíficos en unas piedras antiguas que seguro eran investigadas para descubrir alguna poderosa arma perdida en la gran bodega del tiempo… Estiben entró caminando duro para que todos los científicos dejaran lo que estaban haciendo para que no miraran y dijeran maravillados. —¡Volvió Estiben!, ¡viva! —Uno a uno los científicos fueron a saludarlo, hasta los que no lo habían conocido. Parecía una estrella de rock quien por unos momentos olvidó los problemas, aunque el reloj seguía con su cuenta regresiva. En ese lugar tampoco existía quien tuviese conocimientos para desarmar o evitar la explosión; cuando se interrogaba a alguno, simplemente nerviosos contestaban, «Estiben, lo puede solucionar». Pero él aún no tenía idea qué hacer; lo único posible sería fabricar un portal para evacuar al mayor número de personas o a la bomba, opción descartable, porque llegaría a la otra dimensión destruyendo esa ciudad con un número similar de pobladores. Nada se le ocurría para ayudarlo a conseguir a tiempo, ya que el reloj no detenía su mortal conteo regresivo… Él asumió el control del laboratorio, dividió a los científicos en equipos para asignarles determinadas tareas, y ordenó llevar a la bomba lo más lejos posible en un carruaje de caballos, cuyo piloto eran unas zanahorias delante de ellos y un látigo que automáticamente los azotaba cada vuelta de rueda. Se puso a cuadrar un oscilador de partículas junto a la doctora Yací, aprovechando para interrogarle:—¿Cómo es que trabajas para este animal? Ella siguió apretando unas tuercas; lo miró, levantándole las cejas como en señal de que no era el momento adecuado para preguntas, aunque de todos modos decidió contestarle: —Normal, es lo que tú harías, toca uno adaptarse, era eso o me hubiera asesinado. Estiben la miró fijamente durante unos segundos para decirle, apretando los dientes como un chacal enfurecido: —¿Y por qué no me avisaste o me dejaste alguna nota? Ella estaba a punto de contestarle, cuando fue interrumpida por un científico algo peculiar que imprudentemente dijo. —Pero si se suponen que se aman, ¿por qué se guardan tantos secretos? Estiben la contempló, negando las palabras del científico metiche: —Yo no tengo secretos contigo, porque te amo. Yací sonriendo, se acercó y le acarició la cara con la mano izquierda, diciéndole: —Eres muy tierno, tan lindo, tan iluso, tan inocente; amar no significa lealtad, no siempre el que te ama quiere lo mejor para ti o te guarda fidelidad; es simple naturaleza humana, es como dicen “como te quiero te aporreo”, así mismo te pude omitir información para evitar herirte o perderte. Estiben disimulo para limpiarse los ojos inundados de lágrimas para que ella no se diera cuenta; le replicó: —Por culpa de que las mujeres se volvieron así de recias, es que pasó de moda la poesía y los hombres detallistas; se dice que los caballeros no se acabaron, sino que fueron transformados en ogros por las brujas como tú. Ambos rieron nerviosamente, mientras movían sus manos como pianistas cuadrando unos cables… Él la volvió a mirar, esta vez con ternura. La amaba mucho, así que le preguntó: —¿Cómo te fue en el hospital? Ella le contestó frunciendo el ceño: —Cómo me va a ir, pues mal, esa gente me chuzó, me dieron remedios horribles, rezaban todo el día, inclusive me tomaron medidas para el ataúd. Cuando yo lo único que esperaba era poder verte, pero inútilmente te esperaba, solo llegó este loco de Altares, quien me secuestró para dizque vengarse de ti, me torturó, casi me mató, hasta que poco a poco me fui ganando su confianza. Lo convencí de que le sería más útil como la doctora haciendo experimentos que como objeto de vendetta. De nuevo el anciano científico metió la cucharada: —¿Y cómo se llamaba el experimento en que le chupabas la boca al supremo líder? Yacía enfurecida; miró muy mal al metiche, mientras Estíben, entre asombro, decepción y curiosidad, le indagó: —¿Doctora, por qué me mientes tanto? El frío silencio invadió el recinto; tan solo se escuchaba el sonido de las herramientas y del reloj que marcaba la cuenta regresiva de la bomba, que ahora parecía poco comparado a la tensión entre la pareja de científicos. Después de una larga pausa al fin, la doctora suspiró profundamente y, mirándolo, le dijo lo primero que se le vino a la mente, que le pudiera decir: —Pues me tocó hacer lo necesario para sobrevivir, porque tú me abandonaste. Si tan solo te hubieras quedado junto a mí sin importar nada más. Que tal si hubiera muerto y nunca nos hubiéramos podido volver a vernos. Yo lo único que hacía era imaginar que me acariciabas. El recuerdo de tus besos fue la medicina milagrosa que me hizo recuperar; todo el día miraba la puerta esperando a que entraras; quería ver tu linda sonrisa, escuchar tu linda voz, pero amargamente solo entraban los médicos. El mero cambio fue cuando el comando de Altares, que llegó a secuestrarme, me llevó a través de la selva, donde mis heridas por el calor o quizás los bichos se infectaron. Casi muero varias veces; solo quería verte; creía firmemente que me estarías buscando, que quizás si nos demorábamos más nos alcanzarías y me rescatarías; tú serías el caballero Salvador de esta damisela en apuros. Estiben agachando la cara, le reclamó: —Pero no tenías por qué acostarte con él. Yací lo observó furiosamente para gritarle: —¡Eso no es cierto! Me tratas por una perra vagabunda; te garantizo que no hice nada malo con el líder; es más, Altares me da asco, no porque sea feo, sino porque él es un despiadado genocida cuyo ego no tiene límites y también es un cerdo insensible. Sin embargo, gracias a él me… Lamentablemente, su discurso fue interrumpido por los científicos, que anunciaron todas las tareas terminadas, al igual que la de ellos. Solo restaba armar el portal y tratar de salvar a la mayor cantidad posible de habitantes.
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