Capítulo 10. Milicent

1792 Words
Transcurrieron tres meses para organizar la boda, fue al acuerdo al que llegamos con mi madre, ya que Nathan no quería dejar ni pasar un día. No estaba muy claro para ellos, supongo que creyeron que estaba saldando el daño que había hecho su hermano, pero estaban muy lejos de la realidad. Si realmente se dieran la tarea de observarnos, las miradas entre los dos, no son nada inocentes. Si bien mi cuerpo es virginal, mi mente no lo es, ya que infinidad de veces que nos entregamos en aquella vida, que es imposible negar que mi cuerpo lo ansía, y mi piel recuerda su tacto. Nuestro primer beso, fue la única escapada que nos permitieron hacer, estuvimos solos por veinte minutos, en el salón de visitas de la casa y la verdad es que no nos importó, ansiábamos el encuentro de nuestros labios. Si aquel beso de Anthony despertó recuerdos. Este desprendió mi piel, y se metió entre el tejido de mis músculos y puedo sentir su presencia a un kilómetro de distancia. Después de aquel beso, hemos vuelto a intentarlo en mi taller-oficina que compartimos, no lo habíamos hecho por respetar el lugar y el tiempo de trabajo, que más bien, yo trabajo y él me observa. Me muestra su inquietud acerca de su conocimiento como médico, pero que no ha querido sacar a relucir, para no generar sospechas, pero le ha funcionado en varias ocasiones en las que ha resultado como héroe. Hoy es el gran día, no quisimos invitar a mucha gente, ni hacer muchos preparativos, sabemos más que nadie que el tiempo es el activo más importante en la vida y un segundo más sin estar a su lado, es un total desperdicio de oxígeno a través de mis venas. Estoy en mi cuarto, la celebración será en el patio de la casa, decidí esconderme un rato aquí, allá afuera es un caos, la casa está llena de adornos de flores, una combinación de hortensias, lavanda, rosas blancas y uno que otro ranúnculo con follaje, siento como si fuera un bosque de fantasía que estuviera consumiendo mi casa, desde mi jardín. Mi vestido obviamente es azul, uno muy parecido a las hortensias que me rodean, con detalles de encaje en mi pecho y que baja una franja hasta el final del vestido, las mandas largas de gasa, y un peinado recogido adornado con hortensias y lavanda. Ya estoy lista, solo estoy esperando a que indiquen bajar. En eso escucho que tocan la puerta. —¿Quién? —pregunto, pues se me hace extraño que toquen ya que hoy dentro del caos ha sido no respetar mi intimidad y nadie ha osado tocar la puerta, solo entran y hacen uso del espacio o de mi persona. —Soy el hombre que estaré esperando enfrente a la novia más hermosa del mundo — me dice muy risueño, y yo estoy embobada escuchándolo a través de la puerta, espero tener fuerza de voluntad y no abrir y lanzarme hacia él. —Creo que será fácil reconocerte, aunque no sé si la novia, pueda esperar tanto, me han contado que es un poco impaciente— le contesto siguiendo su juego. —No creo que más que el novio, me dijeron que ya le robó un beso, y estuvo a punto de corromper la pureza de la bella dama— me contesta con un tono de voz muy sensual, y no puedo evitar soltar una carcajada nerviosa, recordando ese momento. —Nathan, ¿qué necesitas amor? — tengo que preguntar o seguiremos así, hasta abrir la puerta y fugarnos, sin importarnos la moralidad de la época. —Solo quiero asegurarme que no te hayas arrepentido y que no me dejarás plantado— hago una pausa. —Es una broma ¿cierto?, ¿aún dudas de mi amor? — no escucho respuesta por parte de él, solo un suspiro. —No, pero tenía que buscar un pretexto para escuchar tu voz y quitar de mis pensamientos el robarte y llevarte lejos y no pasar por este ritual de la sociedad — me dice al final y solo puedo reír. —Si lo que quieres es escapar, lo hacemos, solo que a ti te toda dar la explicación a mis padres — la carcajada se escucha tan estruendosamente que siento las vibraciones sobre la madera de la puerta. —Solo por eso, no lo haré, mi bella dama, te espero abajo, soy el que tiene una hortensia en la solapa— sonrío para mis adentros, y solo escucho sus pasos alejarse. En eso llega mi madre, abriendo con estruendo la puerta, que apenas me acabo alejar de ese lugar, unos minutos antes y estaría tirada en el suelo. Y me indica que es hora de bajar.  Y así como nuevamente me encuentro frente a él. -Yo Nathan Morgan prometo amarte, respetarte, cuidarte todos los días de mi vida y si por alguna razón te alejaras de mí, te seguiría a donde vayas, te encontraría, así tenga que traspasar épocas o atravesar dimensiones o cambiar de mundos, pero siempre estaré para ti — Coloca el anillo en mi dedo y es cuando ese dejavú, provoca un escalofrío en mi piel, haciendo que sus palabras de aquel entonces cobren sentido.  -Yo Milicent Hall voy a amarte, respetarte, cuidarte todos los días de mi vida, así te encuentres lejos de mí, siempre te esperaré hasta que me encuentres , porque jamás dudaré que así será eternamente. Y le coloco el anillo en su dedo sellando nuestra unión. Nuestra noche de bodas llegó, y es como si sus huellas digitales estuvieran impresas en mí, nos tomamos nuestro tiempo para amarnos, para saborearnos, y disfrutarnos. Su cuerpo está igual de hermoso que cuando lo vi por primera vez, si m*****o encaja a la perfección y sus movimientos son certeros, que más de un orgasmo fue exprimido de mi ser, al grado de perder la conciencia. Los días transcurrieron así, trabajando de día, y entregándonos por las noches. Nathan compró una propiedad en el mismo condado, de tal manera que estábamos al tanto de la textilera y de mis padres. Lo suyos de vez en cuando nos visitaban, Anthony me pidió disculpas, pero él sabía que no podía alejarlo del amor de su vida. Ahora está por casarse. Nosotros ya estamos embarazados, y aunque hemos tenido conflictos en referencia a cuando es mi tiempo para dejar de trabajar, pareciera que olvidó sus conocimientos médicos, pues por si él fuera, desde el primer mes estaría encerrada en casa. Pero lo he convencido, de que estoy en perfecta salud. Ha habido algunos conflictos con trabajadores que fueron despedidos por el uso de las maquinas, ya no es necesaria tanta mano de obra. En el caso de nosotros no ha sido muchos, ya que solo cambiamos de ubicación, pues sin bien, nuestra producción ha aumentado, por lo que hay zonas que ha requerido de contratación nueva, y qué mejor de trabajadores que ya conocen la fábrica. Pero no todos han quedado contentos, hay unos cuantos que no aceptaron el cambio, y fueron despedidos. Nathan está nervioso y preocupado, en otros condados y fabricas ha habido sabotajes, de aquellos que se oponen a las maquinas, no digo que en parte tienen razón, sin embargo, todo evoluciona, por lo que debemos ser resilientes.  Especialmente me fascina el día que me toca ir a supervisar la impresa de la tela, ver como mis diseños se impregnan en las telas, es una emoción indescriptible. Pero al ir caminando con mi panza de cinco meses de embarazo, los olores son más fuertes, y la fábrica está llena de ellos. Percibo un olor diferente. —Señor Jones, ¿percibe ese olor? — le digo a mi acompañante, el artesano que con sus manos mágicas hace posible que mis diseños se hagan realidad. —Eso es imposible, siempre tenemos sellados y separados los líquidos, pues pueden prenderse con la cercanía de las calderas— me dice, pero no me gusta. —¡Suena el silbato Jones, suénalo ahora! — le doy la orden con mi voz de angustia, tengo un presentimiento, mi corazón se acelera, y mi mente genera un pánico que ya había sentido anteriormente. Corro lo mejor que puedo sosteniendo mi vientre, en contra de la turba que sale despavorida, nadie sabe qué pasa, hasta que, de la zona de calderas, comienza a salir una cantidad exagerada de humo. Por nuestro conocimiento Nathan y yo consideramos el tener sacos de arena, para calmar cualquier surgimiento de fuego. Pido que sigan el protocolo, les grito que es importante detener el fuego y que este no se propague. Las miradas de algunos son de horror y de preocupación por mi estado, quieren jalarme, insisten que me salve, pero Nathan está en la planta de arriba y el fuego está subiendo muy rápido, es imperativo disminuir su crecimiento, o de lo contrario, no podrán salir. El humo cada vez es más intenso, toso y me tapo la nariz y boca con el interior de mi codo. Alcanzo a ver a mi padre, y a Nathan, están encerrado por una trabe que se interpuso en su camino, en el último escalón. Nathan me ve con angustia, recuerdo sus ojos, verlos perder el brillo aquella vez… Y es cuando nuestras miradas se encuentran, con nuestros cuerpos estáticos, los demás corriendo y gritando, Jones se acerca, cuando mi cuerpo cae de rodillas al piso, sé que no puedo vivir sin él, Nathan lo sabe. Jones trata de levantarme y sacarme. —Jones, suéltame, y suena el silbato, que todos salgan, que se salven TODOS los que puedan, yo abriré la compuerta de arena — se me queda viendo como loco. —Señora Morgan, su bebé — me dice y tomo mi vientre con fuerza, y mis lágrimas se desbordan, mi angustia y perdida de oxígeno ha sido tanta, que ha dejado de moverse y un dolor punzante que he estado ignorando desde hace rato, me hace saber que tengo un aborto espontáneo, más por el líquido viscoso y caliente que escurre entre mis piernas, no hay mucho que hacer ya, pero puedo salvar a los demás, al pueblo entero, si detengo el fuego. Mi padre, Nathan y yo pereceremos, pero ahora sé que nos volveremos a encontrar.   Nota:  Durante los años a finales de los 1700s, y dentro de  la primera década de los 1800s, cuando la industrialización estaba en su apogeo, muchos perdieron sus empleos y no pudieron encontrar otro, o no quisieron cambiar de oficio, provocando una ola de ataques a las fábricas, un movimiento generado por la angustia y al mismo tiempo por la ignorancia. Se tomó parte del contexto histórico y se modificó para darle continuidad a la historia. https://es.wikipedia.org/wiki/Ludismo  
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