Capítulo 9. Milicent

2019 Words
Un olor fuerte, me hizo reaccionar, abrí mis ojos, y sus grisáceas invaden mi campo visual. —¡Y despertó! — lo escucho decir, se levanta y mi padre se acerca a mí. —Mi princesa, Mi Mili, casi muero ¿te sientes bien? Ya viene el doctor, creo que no te está haciendo bien trabajar, tal vez debamos reconsiderar tu puesto aquí en la textilera — me inquieto ante tantas elucubraciones y a las consecuencias de las mismas, trabajar es una de las cosas que me han vuelto a la vida. —¡NO! — sale de mi boca al mismo tiempo que alguien a espaldas de mi padre también lo dice, inclino mi cabeza para identificarlo, es aquel sujeto con aires de mi vida anterior, que comienza a querer emerger. En eso recuerdo sus palabras “¿Caroline?”. ¿Cómo lo sabe? ¿acaso él es…? Ni siquiera me permito decir su nombre. —Papá estoy bien, solo un mareo, creo que el calor de mi taller me sofocó, y olvidé hidratarme eso es todo — mi padre me observa dudoso, tocando mi frente, mientras me siento, apenas me doy cuenta que estaba recostada en el sofá de su oficina. —Ahora resulta que eres experta, no tomaré ninguna decisión hasta que el médico me confirme que te encuentras bien — asiento, ya que, si conocen la definición de terquedad, mi padre la engalana de sobremanera. Se escucha que entran por la puerta, Rachael, y al parecer trae al doctor de cabecera, se escuchan los saludos correspondientes, y pide quedarse a solas conmigo. Me revisa, me hace las preguntas de rutina, sonríe al verme a los ojos. —Te veo mejor de lo que imaginaba, así que supongo es algo emocional, o quiere llamar la atención de cierto caballero— dice en un tono de burla, ya es mayor y me conoce desde pequeña. —Yo no hago eso Doctor Evans, ya debería conocerme — le digo acomodando mis ropas y mi posición — es solo el calor del verano, mi oficina es muy calurosa, y no he tomado suficiente agua — el acepta mis comentarios, pero sigue sonriente. Abre la puerta y deja pasar a los caballeros que al parecer están impacientes. —Doctor estará de acuerdo conmigo en que necesita reposo, y que ya no sería conveniente que trabajara, es muy terca y no quiero que abuse de su salud— indica mi padre, tratando de que el enjuiciador, confirme sus ideales. —Por el contrario, Señor Hall, recordando su situación previa, esto le ha hecho mucho bien, ¿Dónde se encuentra su taller? — mi padre se pone algo nervioso, ya que él sabe que no tiene mucha iluminación y aire, no me he quejado, la verdad no es tanto inconveniente, pero si mi perfecta excusa para mi desmayo. —Se lo muestro— dice mi padre haciendo un ademán, y echando una mirada a Nathan, el cual el asiente, supongo para quedarse conmigo. —¿Cómo conoces ese nombre? — le digo viéndolo directamente, y poniéndome de pie en posición defensiva, si esto es una burla, si Anthony, se llevó mi diario, para de la manera más cruel abandonarme y reírse a mis espaldas con su hermano de mi situación, es algo que nunca se lo voy a perdonar. —Porque eres ella, lo supe en el momento en que te vi entrar, tus cabellos, tus ojos, tu piel— se va acercando a mí lentamente, su voz se va convirtiendo en un susurro, y coloca su pulgar en mi mejilla, haciendo que mi respiración acelere y que mi corazón quiera salir. —¿Cómo sabes? — le digo con su aliento rozando el mío, tanto que mi voz parece más un gemido. —Porque yo soy la otra parte de la historia, soy Andrew y te he estado buscando desde que nací y me di cuenta que esta es una segunda oportunidad para amarte, porque me niego a volverte a perder, no dejaré que te vuelvan a arrancar de mi lado, y por fin tener a nuestro hijo en mis brazos, no quiero esperar más, ya te encontré mi bella dama y esposa mía — no podía creer lo que decía, ¿Andrew?, me encontró, por fin ¿será cierto?, lagrimas escurrían por mi rostro mientras escuchaba sus declaraciones, y  sus labios rozaron los míos, con anhelo y ternura. Sus labios sabían salados, pero no sabía si por mis lágrimas o las suyas, ya que él también demostraba sus sentimientos, alegría, sorpresa, angustia y todas las emociones. —¡¿Qué sucede aquí?! — escuchamos en la puerta de acceso, miedo y asombro me inundaron, no es bien visto esta situación, mi padre tomaría esto como ofensa, y no puedo permitir que me alejen de él. —Te estas aprovechando del estado emocional de mi hija, eso es muy bajo Señor Morgan— Nathan se pone en posición sobreprotector, y los dos tratamos de recomponer nuestra postura. —Creo que la que se aprovechó, fui yo— le contesto a mi padre, he inmediatamente bajo la cabeza y me sonrojo — Lo siento padre, no quise ofenderte, yo…— ya no supe que decir. —Quiero pedir su permiso para cortejarla, y pedir su mano en matrimonio, inmediatamente, cualquier falta mía, no debe afectar a tan hermoso ángel — Refuta Nathan, voltendo a verme al final de sus palabras, que me dejan atónita.   —¿Es lo que quieres hija? — pregunta mi padre después de varios minutos de estarnos observando. —Sí papá— le respondo, ni yo misma reconozco mis pensamientos, que van a mil por hora, entre mi vida pasada y mi presente. —Pero tu hermano, Anthony…— ni mi padre puede genera la pregunta correcta. —Disculpe lo que diré Señor Hall, pero, mi hermano es un imbécil, y ahora lo sé más que nunca, sin embargo, nunca quiso hacer daño, solo no supo cómo resolver una situación familiar, de la manera menos acertada, y creo que casarme con Milicent, pagaría todas las deudas, ya que en estos momentos me declaro devoto de su alma, y haré todo lo posible para hacerla feliz, en esta vida y en las que vengan después— mi cara ha de ser un gran show, ya que mi padre, ríe al verme, cuando Nathan dice sus últimas palabras, y toma mi mano y besa mi rostro, haciendo que mis piernas tiemblen. —Bien, vamos por partes— dice mi padre pidiendo sentarnos en la posición original de nuestra reunión. —Primero, como verán, nuestra hermosa artista es el tesoro de la empresa, junto con las maquinas que la familia Morgan ha traído a esta sociedad— termina de decir sacando mis bocetos y mostrándonos. —Y con lo sucedido anteriormente, el doctor recomendó que el taller tenga más iluminación y ventilación, así que hay que pensar en el espacio— nos dice viéndonos a los ojos, yo la verdad es que trato de concentrarme, pero teniendo a Nathan tan cerca y tratando de rosar sus dedos con mi mano, me inquieta y no me deja pensar. —Nathan muéstranos los diseños de París, para ver que puede hacer esta señorita— termina de decir mi padre.   —Antes, quiero decir, que puede utilizar mi oficina como taller, yo casi no estoy aquí, aunque creo que eso va a cambiar— dice sonriente Nathan.   —Y con respecto a los diseños, he visto muchos mejores aquí, que los de París, pero se los muestro— va al sillón donde estaba inicialmente y saca unos papeles de su portafolio. Pasamos el resto del tiempo discutiendo al respecto, tomamos acuerdos, y elegimos que trabajaría en dos propuestas tomando como referencia las de Paris, y tres mías, para ir con el artesano. Llegó la hora de salir, y mamá siempre ha sido exigente en la hora de la cena, por lo que decidimos dar por terminado el día, aunque la decisión de cambiar mi taller, aún no estoy de acuerdo.   —Señor Morgan ¿Gusta ir a cenar a la casa?, así podríamos discutir, otros asuntos más personales— y no me esperaba esa propuesta de parte de mi padre. —Me parece estupendo, mientras más pronto mejor— niego con mi cabeza mientras estamos saliendo de la fábrica. Me detengo al ver el carruaje, la verdad no quiero entrar, necesito caminar y despejar todo lo que tengo en mi mente, hay dudas, preguntas. —Yo iré a casa, caminando— se me quedan viendo, mi padre iba a decir algo, pero lo detengo. —Tienes que llegar y avisarle a mamá, puede que no tenga preparado para otro invitado— le recuerdo a que a veces no le gustan esa clase de sorpresas. Noto un deje de preocupación. —Yo me ofrezco a ser su guardián, así daremos tiempo a la Señora Hall, a tener lista la cena, la llevaré sana y salva a la casa— Nathan se ofrece, y no me puedo negar, aunque quería mi espacio. —Además es bueno que la gente vaya viendo mis intenciones, y que no cambiarán— remata con su insistencia. Mi padre no tiene opción, ya que ve la terquedad en ambos, asiente y sube al carruaje y se marcha. El recorrido en carruaje es de cinco minutos, caminando son unos quince o veinte. —¿Por qué Anthony se llevó mi diario? — digo después de unos segundos después de comenzar nuestro camino. —Si alguien te llegara a decir que conociste a alguien que dice haber vivido una vida que no es esta, y que su historia se parece a la tuya ¿le creerías? — lo volteo a ver y me detengo, trato de imaginar la situación. —Ciertamente no — pero sigo teniendo dudas — Pero, él, me cortejó, m.…me…me besó— le digo temerosa y ahora es él, el que se detiene y sigo hablando — cuando le mostré mi más oscuro secreto, Anthony simplemente, me hizo dos preguntas y se fue, sin decirme nada, y jamás regresó — lo escucho suspirar y vuelve a continuar el paso. —No estoy orgulloso de lo que hizo, claramente el recordar tu vida te estaba lastimando, lo sé porque me dijo como estabas de salud, fue tu momento vulnerable, él en verdad te aprecia, pero al escuchar tu historia, al leerla, se dio cuenta que era la mía, él era mi confidente, quien me ayudó a recuperar la cordura, y a fijar mi meta de encontrar a “Caroline”— cada vez que dice algo, mi respiración se detiene, estoy sorprendida. —Y tomó la decisión de agarrar la evidencia para decirme que te había encontrado y correr a decirme— me dijo algo exaltado — primero me emocioné, después me preocupé por cómo te había dejado, busqué por todos los medios por hablar contigo, pero no recibías mis flores, hice desaparecer a mi hermano, porque lo culpaba de volverte a perder, así que está en estados unidos en unos negocios, y yo me dediqué a la textilera, de alguna manera, sabía que te volvería a ver, de una forma u otra— dice con su mirada decidida. —Lo siento, pensé que las flores eran de él, y la verdad su reacción no fue la más acertada, me rompió el corazón— agacho mi mirada y la vuelvo a levantar a la suya — sin embargo, nunca le perteneció en su totalidad, siempre fue tuyo “Andrew”— y digo ese nombre como un susurro y él se acerca a mí, y me toma mis manos para besarlas. Llegamos a casa, después de habernos dicho lo suficiente para asegura que realmente somos Andrew y Caroline, y tratando de contener nuestros impulsos que en esta vida serían muy mal vistos. Cuando entramos, mi madre saluda a Nathan y mi padre lo presenta. —Mujer, él es Nathan Morgan, mi socio y futuro esposo de Milicent— dice mi padre, feliz de poder provocar tal impresión a su mujer.
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