Capítulo 8. Milicent

1649 Words
Con el corazón hecho mil pedazos, retomé mi vida, sacar mis demonios, lo único que me confirmó, es lo que me había dicho mi Nana, años atrás, no todos están listos para enfrentar los misterios de la vida y el conocimiento de ellas puede engendrar miedo y el miedo puede provocar situaciones que dañan. Antonhy no volvió a visitarme, ni a mandarme cartas, sé que de vez en cuando llegaban flores, pero no quise recibirlas, ni siquiera ver las tarjetas en ellas. Mis padres no me preguntaron nada, sabía que papá hablaba con él, pues se crearon una sociedad con la fábrica textil, logrando traer una de las primeras máquinas a vapor, para impulsar la producción. Dejé de escribir, dejé de tener pesadillas, mi apetito regresó paulatinamente, pero no hablaba, ni con mi madre, es más Olivia trataba de adivinarme o tentarme a hablar, pero prefería hacer las cosas por mí misma, aceptar lo que me daban, o ignorar a quién me tenía enfrente y escabullirme. Así pasaron seis largos meses   Un día, mi padre estaba muy emocionado, ya que las nuevas máquinas habían traído excelentes ganancias, traía en la mano bocetos de las maquinarias, mamá lo escuchaba, y sonreía, pero sabía que no le entendía ni bolas, lo sabía por su mirada que seguía al pendiente de su bordado. Cuando a ella le llama la atención algo no deja de hacerlo y no permite que nada la interrumpa, así que bordar, era la forma decente de ignorar. Me acerqué a mi padre, que pasaba las imágenes, y a cada una le seguía otra más impresionante. Mi padre me veía contento por mi interés. —Esta hija, es la maravilla del mundo, además de especializarse en los hilos de algodón, trae un anexo que permite pintar patrones, esto con un rollo de metal que se puede cambiar, y modifica el patrón, se impregna de tinta y pasa por la tela y “VUALA”— me va explicando, haciendo ademanes, y mis ojos brillan y una sonrisa comienza a aparecer, es como si volviera a sentir vida por dentro.   —Solo me falta contratar a un artista que realice diseños y que se puedan plasmar en el rollo metálico para que el artesano los haga y listo— y en eso el sonido de mi voz se escucha, provocando el silencio en la sala.   —Yo puedo, ser esa artista— el silencio me incomoda, hasta mi madre ha dejado su bordado, y en sus ojos se ve unas lágrimas desbordarse.   —¿Estás segura? — me dice mi padre, tomándome de la mano. —Si papá, creo que ya es tiempo de salir, no puedo esconderme por más tiempo, además desde que tomé clases de pintura, lo único que he realizado son patrones, talvez, alguno pueda usarse, o diseñar nuevos, a lo mejor ¿puedo visitar Londres o París? Para ver las tendencias de moda y así contactar a las mejores modistas y ser sus proveedores— mi mente comenzó a trabajar y cuando eso pasa la creatividad me mueve, así que es momento de quitar la ansiedad. —Piénsalo papá, ahora estaré trabajando contigo, quien quita y te quito tu puesto — me inclino y le doy un beso en la mejilla y él se ríe ante mi comentario, pero sé que es porque le da gusto que haya ahuyentado esa aura de tristeza y depresión que estaba ensombreciendo la casa. —Sabes que de vez en cuando, te toparás con Anthony ¿cierto? — me dice mi madre cuando me di la vuelta y estaba pos salir, lo que provocó que abruptamente detuviera mi andar. Volteo a verlos, mi madre agacha la mirada y de reojo ve a mi padre, que asiente al comentario de ella.   —Está bien, solo espero que él no se incomode, él fue el que se alejó de mí sin ninguna explicación— mis padres abren los ojos, pues no tenían ni un ápice de conocimiento de lo sucedido — Yo…yo, supongo que tuvo sus razones, no soy una chica normal —digo tartamudeando y con un tono de desilusión. Veo los ojos de molestia en mi padre, y mi madre un poco confusa, pero no quiero ir por ese lado, ellos no están listos para la verdad, y creo que nunca lo estarán. —Pero no hay nada mejor que un buen paseo con Sultán, lo he descuidado— digo sin miramientos y salgo, antes de que mi madre diga algo, ya que pude vislumbrar sus intenciones de hacer un comentario acerca de salir a montar. Le doy órdenes a John, el mayordomo, que preparen a Sultán y le pido que le avisen a Olivia que requiero mi ropa de montar, que la espero en mi cuarto.   Salí a pasear con Sultán, mi dócil corcel bayo inglés. Este es una cruza entre un caballo pura sangre árabe con una yegua inglesa, cuyo pelaje casi dorado, llama la atención y resalta sus extremidades negras, así como su crin, impresiona a cualquiera que lo ve, me lo han intentado comprar, pero me he negado, que permitido que se cruce, legando a acuerdos comerciales, del cual mi padre ha salido beneficiado, al igual que Sultán, por lo que me han platicado los mozos. Sentir la brisa, el olor del campo, la combinación de colores en ésta época del año, es algo que me fascina. Y como el paseo incluye el cepillado de mi fiel amigo, eso quita mi ansiedad. A la hora de la cena, mi padre me avisa que puedo comenzar al día siguiente, y que lleve mis patrones y mi material para trabajar, me presentará con el artesano, para ver cómo se realiza el proceso y ver cuáles de mis patrones sería viable para realizar el rollo y después sería hacer un estudio de mercado, para ver cuáles son los patrones más vendidos y solicitados. El mes transcurrió, con mucho trabajo, la verdad soy feliz, tengo asignada una oficina, en el mismo nivel que todas las oficinas, pero es la más pequeña, cerca de la recepción, un poco oculta, de hecho, no era oficina, sino un pequeño almacén, pero no quise que realizaran ningún movimiento, hay veces que no estoy en la oficina, sino busco otros espacios para generar mis dibujos. —Señorita Hall, su padre la solicita en su despacho— me dice Rachael, la secretaria general, asiento inmediatamente. —¿Sabes de que va la reunión? — le pregunto para saber si es necesario llevar mis nuevos bocetos y el reporte de las modistas con las nuevas tendencias.   —Si, al parecer el socio, el Señor Morgan, insistió en conocerte, lo quiere hacer desde que los nuevos diseños han sido muy pedidos, pero tu padre no había querido decirte, pero el socio está un poco enojado, ya que viajó a París y trae nuevos pedidos, y no quiere dárselos a tu padre, hasta que estés presente para ver si es posible realizarlos— al escuchar ni apellido, me tenso inmediatamente, gracias a Dios Rachael no se dio cuenta, nos hemos hecho amigas en el trabajo, pero no sabe mis intimidades y desconozco si se sepa la relación que tuve con él. Asiento a sus comentarios con una risa forzada y trato de apresurarme, tomo los nuevos bocetos, los pedidos y tendencias de las modistas locales y de Londres, y salgo para la oficina de mi padre.   —No puedo creer que no hayas querido presentarme a la artista que está logrando que nuestras ventas suban, además, traigo nuevos diseños de París, quiero ver si podemos reproducirlos aquí—Escucho su voz, detrás de la puerta que estoy a punto de atravesar, se oye diferente, más seguro de sí mismo. —Tengo mis razones Señor Morgan — y estoy a punto de entrar cuando escucho lo siguiente y me detiene sosteniendo el pomo de la puerta — Tu hermano Anthony la conoce bien, y no quería generar conflictos personales en la sociedad— y eso me impulsa a entrar, ¿Quién era aquel que está con mi padre, y que no es Anthony? —Buenos días Señor Hall— entro sin temor y segura, saludando e ignorando la presencia de aquel personaje. Dejo mis cosas sobre la mesa en donde siempre le muestro mis avances, acomodo todo en lo que siento como los dos se acercan. Mi padre me toma del brazo y me saluda de beso, como dándome estabilidad y diciendo estoy contigo y te apoyo. Siento la mirada del personaje, pero sigo sin verlo directamente. —Mili, te presento a Nathan Morgan, el hermano mayor de Anthony— me dice mi padre, diciendo el ultimo nombre en menor tono. —Señor Morgan, ella es Milicent Hall, mi hija y creadora de los diseños de nuestras telas— volteo a verlo y mis rodillas flaquean, si no es porque logro sostenerme de la mesa, hubiera caído desplomada directamente al suelo. ¿Alguna vez describí a Adrew, su mirada, su cuerpo, su cabello? No, bueno pues, lo tengo enfrente de mí, tal cual, tal vez con edad diferente, es unos tres años mayor Anthony, con su aire similar, supongo que eso es lo que me atraía de él, y lo que me recordaba a Andrew, mi respiración comienza a acelerarse, y cuando mi mano toma la suya, esa electricidad que sentía con Anthony, me queda claro que era simple estática, pues ahora son fuegos artificiales que resuenan en mi cabeza y bajan a mi estómago, y terminan en mi entrepierna. Es excitación pura, lo sé, por mi vida anterior, Caroline ya lo había experimentado, y entre el toque de su piel, y su mirada intensa, me estoy derritiendo, y se detuvo mi corazón al escuchar: —¿Caroline? — y me perdí, mis ojos se cerraron, cayendo a un vacío donde fui atrapada por unos fuertes brazos y aroma delicioso. 
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