Después de ese primer beso, llegaron otros, cada vez más demandantes, besos que no solo despertaban sensaciones a mi cuerpo, también a los de él. Pero un beso en mi cuello, bastó, para desatar los recuerdos de Andrew. Recordé sus besos, mi vida con él, y tuve pesadillas con el día de su muerte, mi muerte. Comencé a dejar de comer, y la falta de sueño por las pesadillas, hacían enormes estragos a mi cuerpo, no solo falta de energía, ojeras en mi cara, también mi actitud más.
He vuelto a escribir, en mis diarios, ahora con detalles más precisos, es lo único que me calma. Mi madre me ruega a comer, y Anthony ha estado de viaje por negocios, lleva tres meses fuera de la ciudad y el único contacto es a través de cartas. Las leo y le contesto escasamente. Varias veces me ha preguntado si me encuentro bien, pero solo le respondo que, con algunos malestares femeninos, nada importante. Normalmente cuando mencionas algo que tenga que ver con el funcionamiento del cuerpo de la mujer, los varones huyen por temor a parecer ignorantes. Pero en realidad es que todo es un mito, y secreto a voces y mal información.
Un mes más, y mi madre, no sabe qué hacer, como pequeños bocados, y sigo sin dormir, Olivia me ayuda a salir a tomar el sol, intenta llevarme a ver un doctor en Londres, pero sé que no aguantaría el viaje.
Es sábado y estoy sola en casa, no quise salir, mis padres tuvieron una invitación a una casa de campo, estarán fuera todo el fin de semana. Nadie me ha visto, he bajado de peso, mi cabello está opaco, mi rostro pálido y mis ojeras marcadas.
Decido permanecer en mi cuarto, leer un poco, y como siempre Olivia, trata de tentar mi apetito, con unos bocadillos de pepino y té de hierbabuena, le sonrió sin decir nada, más porque es mucho o que trae, frutos secos, algunas semillas. Después de dejar la bandeja en la mesita, me dice:
—Señorita Hall—suena muy formal y eso hace que mis alarmas se enciendan.
—El Señor Morgan está aquí, y quiere verla — casi me ahogo con mi propia saliva, niego rotundamente, no puede verme en este estado.
—Me dijo que no acepta un no por respuesta, y que de ser necesario, pasaría a la fuerza o esperaría en huelga afuera de la puerta de su cuarto— conozco esas palabras, así que ruedo los ojos, y acepto.
—Olivia, ayúdame a sentarme en el sofá, y ponme un poco de maquillaje — no puedo terminar de decir las palabras, cuando entra Anthony, lo sé porque percibo su olor, y su mirada.
—Yo la ayudo Olivia— se acerca de forma acelerada y casi me sostiene, para llevarme como novia recién casada, hacia el sofá individual. Me duele que me vea así, pero me reconforta su tacto y me sostengo con mis frágiles brazos, en sus hombros, acariciando su cabello, él percibe mis caricias y antes de de colocarme en el sillón, acerca su nariz a mi cuello.
—Te extrañé Mi Mili— me dice en un susurro y besa mi cuello, mandando una descarga a mi cuerpo, que me hace soltar un gemido. Me deja en ese lugar mullido y acogedor, y su cuerpo permanece en cuclillas, viéndome y acariciando uno de mis risos, y pasándolo por detrás de mi oído.
—¿Qué te sucede?, esto no es normal — rozando con la yema de sus dedos mis ojeras y mis labios que han perdido su color— ¿es porque me fui? — niego sin soltar ningún sonido.
—¿Dime qué puedo hacer para que mejores? — agacho la mirada, no sé si él pueda hacer algo para mejorar mi condición, puede que su ausencia haya agravado la situación, más no es el motivo.
—Anthony— digo pausadamente — yo…yo no soy quien digo ser— finalmente le digo con mi voz temblorosa, me niego a verlo a los ojos.
—Tengo un secreto— toma mis manos y las besa —Todos tenemos secretos, eso no es relevante— sonrío ante su comentario, pero no es suficiente.
—Ves ese librero que está por allá — le digo señalándolo, asiente — busca un cuaderno que diga Andrew No. 15, y comienza a leerlo— le digo, sabiendo que voy a desnudar mi alma ante él. Antes de levantarse y hacer lo que le digo, me dice:
—Lo haré con la condición de que comas, y no solo algo, sino bien, dime que quieres y te lo traigo— me dice aún en la misma posición, es un chantajista, pero funciona. Asiento.
—Solo acércame un plato con poquito de todo, no puedo comer mucho, ha sido varios meses que no consumo platillos pesados, me caería mal, es lo único que puedo prometer— el asiente, se levanta, me sirve, un poco de todo, me lo da y se dirige al librero. Comienza a buscar lo que le pedí, pero voltea a verme, cuando ve hay más de un solo cuaderno, con el mismo nombre, pero con número diferente e intercalado con mis libros, hasta que da con el indicado. Lo toma, y se sienta en una silla a un lado mío, y comienza a leer.
—Esto es muy privado Mili, ¿en verdad quieres que lo lea? — asiento mientras tomo bocado, y mastico suavemente, no sé si es su presencia o que mi condición esté mejorando, pues ya tolero el alimento y puedo percibir un poco de apetito.
Lo veo leer, a veces se ríe, otras veces se sonroja, tiene mucho de nuestra historia, pero hay una parte, esa que es donde me hace despertar mis recuerdos de mi vida pasada, ya que ahora más que nada, estoy segura de quien soy. Así como mis pesadillas. Comienza a moverse en su lugar, hasta que se pone de pie, y ahora comienza a caminar de un lado a otro, mientras continúa leyendo. Su rostro es entre asustado, dudoso y mis inseguridades comienza a surgir.
—¿Quién más lo sabe? — me dice fríamente.
—Mi nana, que ya no vive, y nadie más— le respondo.
Rápidamente toma el cuaderno es sus manos, y sale despavorido de mi cuarto. Y sentí como mi corazón se rompió en mil pedazos. Sé que, al principio, sentía que engañaba a Andrew, pero el estar con Anthony me llenaba de paz, sus misterios, y sus acercamientos. Por eso lo dejé entrar a mi alma, eso es lo que son esos cuadernos, fragmentos de mi vida, vida que aún no logro recopilar y volver a armar, supongo que lo volveré a intentar, y espero que esta vez sea diferente.