Él me observa, y coloca su pulgar en mi mejilla, como tratando de descubrir algo, ¿será acaso que lo sabe? ¿me reconoció?, como es posible que, dentro de toda esta situación, dos almas perdidas en el tiempo se hayan encontrado.
Ya había perdido la esperanza, por eso me enfoqué en ayudar. Mis metas cambiaron, sobre todo por lo poco que sabía de la situación, cuando fui Caroline, esta guerra formaba parte de la historia, sin embargo, muchos de los pequeños logros, nunca fueron contados, no hubo quien diera voz a los padecimientos o a las formas heroicas que lograron poco o mucho para combatir al régimen, no sé si mi historia sería contada, pero por lo menos, me la llevaría conmigo para todas las vidas que siguieran.
Pero, encontrármelo, podría cambiar mi percepción de lo que quiero, llevo dos vidas encontrándolo y perdiéndolo, no sé si podría volverlo a hacer. La guerra muestra más específicamente un final, y no siempre es un feliz para siempre para todos.
Nuestras miradas se quedan fijas, van de nuestros ojos, a nuestros labios, no me muevo, es más limito a mis parpados a moverse. Sus yemas de sus pulgares han sido más osadas, rozando mis labios, casi presionándolos, mi respiración está a punto de provocar que hiperventile, por lo que abro ligeramente mis labios y sin premeditación, tomo uno de sus pulgares entre mis labios y lo chupo, provocando que cierre mis ojos, al escuchar un gemido de su parte y colocar su frente en la mía. Roza su nariz, con la mía y ahora me sostiene de la nuca.
—Esto cambia las cosas, mi bella dama— por Dios, me encanta que me diga así, y solo me confirma una sola cosa.
—¿Andrew? — suelto entre gemido y súplica.
Voltea a ver a todos lados, pero sin alejarse de mí, me toma de la mano, y me hace subir escaleras. En el tercer piso, toca tres veces, con un ritmo específico.
—¿Paul? — abre un caballero un poco mayor que Andrew, me volteo a ver extraño y fija su mirada en la unión de nuestras manos. En ese momento, abre la boca y nos deja pasar haciéndose a un lado. En cuanto entramos el caballero cierra la puerta con seguro y nos voltea a ver.
El lugar parece ser un modesto departamento, que parece tener acceso al de junto, todo está muy pulcro y tiene un olor a desinfectante, no sé si viene de este lado, o del otro acceso.
—Se supone que vendrías más temprano, ¿Qué pasó? — Paul sigue sin soltar mi mano, y pareciera que la voz del caballero suena preocupada.
—El líder no llegó a encontrarnos, ella es la operadora de radio, tengo que regresar a buscarlo — al parecer todo ha sido como el protocolo, pero aún se sorprende el caballero, pues sigue sin entender, algo.
—Pero, la encontré Emile, por fin la encontré— el caballero al escuchar las palabras de Paul, y los gestos de él sosteniendo mi mano, más las miradas que me hace, no le queda más que abrir sus ojos de forma desorbitante y pasar sus manos por su cabellera para terminar en su rostro.
—E…es imposible— le dice y finaliza con los brazos cruzados.
—La verdad Paul, creí que tu historia, en parte era ficción, y que te ayudaba a tener un escape de la mierda que sucede a nuestro alrededor, no sé si sea cierto— y ahora yo soy la sorprendida, pues logro dilucidar que el susodicho tiene conocimiento de nuestra historia, y en afán de liberarse, supongo, Andrew, está soltando toda su alma ante tal declaración, y este personaje, lo quiere hacer ver como producto de nuestra imaginación y escape a la realidad, ahora la molesta soy yo.
—No sé quién seas, en este momento, es lo que menos me importa, pero dado que tienes conocimiento de nuestra historia, quiero que te quede claro una cosa, Andrew, Nathan y ahora Paul, es y será el amor de mi vida, y no voy a poner en tela de juicio el cuándo y por qué nos han pasado estas cosas, pero, si nuestra historia será así siempre, haré todo lo posible porque cada vida, la viva con él intensamente hasta el momento en que tenga que ver sus ojos sin vida y perderme en el abismo, y volverlo a encontrar— digo firme y decidida, sin soltar su agarre de mi mano.
—¿Caroline? — suelta el susodicho, asiento y después suelta una carcajada.
—Increíble hermano — dice tocando el hombro de mi amado.
—Esto cambia muchas cosas— le vuelve a decir a Paul.
—Bien, primero lo primero— dice tratando de limpiarse las manos en su pantalón.
—Mucho gusto, soy Emile Moreau, y soy hermano de Paul, doctor y contacto de la resistencia aquí en Lyon, normalmente, se quedan conmigo primero, y generamos un perfil sólido para que no sospechen y a través de mis recetas mandamos mensajes—
—Lo siento hermosa, pero no sabía si poderte decir mi verdadero nombre, al menos en esta vida soy Paul Moreau — me dice y le sonrío pues tampoco es mi verdadero nombre el que le di, aunque si el de una de nuestras vidas—
—Yo, ahora tampoco soy Caroline Hall, pero en honor a lo nuestro y el querer tenerte siempre presente, elegí ese nombre, yo soy Danielle Evans— nos reímos y nos acercamos, y si su hermano no carraspea, supongo que iniciamos un show-
—Entonces ¿Qué procede? — pregunta Emile.
—Ella se va conmigo, ni de loco me alejo de ella, y cambiaremos su perfil, ahora será mi prometida y si es posible hasta me caso con ella, con tal de protegerla y demostrarle mi amor, a cada segundo— dice, viéndome a los ojos, y estoy por perderme en su mirada cuando su hermano le dice.
—Paul, eso, es lo más romántico que pude escucha alguna vez, pero también lo más peligroso en estos tiempos— y sus palabras están llenas de razón.
—Está bien— contestó Emile, después de un largo silencio y miradas.
—Que pase lo que tenga que pasar, solo quiero que sepan que se los advertí, aunque, de todas maneras, ya están metidos hasta el cuello, en el peligro— nos dice con algo de nostalgia.
—Hoy, Caroline, se queda aquí, no hay discusión al respecto, tenemos que ir por…—hace una pausa y le contesto.
—Liam— respondo a su inexistente pregunta.
—Diremos que es mi ahijada, y sabiendo que sabe de medicina, por lo que me contaste, trabajará para mí como enfermera y secretaria, también ayudará en la a las monjas en las afueras de Lyon, en el dispensario, así, podrá también, moverse por la ciudad sin restricción, además de su buen idioma, por lo que veo, será de mucha facilidad poder escuchar conversaciones y espiar, hay muchas voluntarias alemanas, esposas de altos mandos, que de repente se las dan de buenas cristianas y se dan golpes de pecho ayudando en obras caritativas, podrán verse, pero hasta que pase al menos el mes, podrán comprometerse e irse a vivir a la granja, mientras tanto, sus encuentros íntimos serán furtivos— vaya mi mente trata de seguirle el paso a todo lo que dice, ahora sé lo habilidoso que es, y que le ha servido para la resistencia, pero cuando llega a lo último, eso si no me lo esperaba, hace que mis mejillas se sonrojen.
—No necesitan decirme que eso es lo que harán, ustedes dos ya se conocen, se han casado dos veces, y sé que no esperarán el mes para estar juntos— Paul al escuchar esas palabras, no espera para acercarme a él y colocar su nariz en mi cuello, haciéndome sentir esa electricidad que llega directamente a hacer efecto en mi centro, humedeciendo y queriendo una cercanía más intensa.
—Emile, mejor ve por Liam, yo no creo poder salir de aquí— le dice Paul, mientras me lleva más adentro del departamento. Y ya no supe que fue de Emile, lo perdí de vista al cerrarse la puerta del cuarto a donde fui llevada.
Paul se queda viéndome, contemplando, solo tocando con la yema de sus dedos, tratando de dibujar el contorno de mi cuerpo con ellas. Después de unos minutos, se escucha una puerta cerrarse a lo lejos,
—No te preocupes, él sabe cuidarse, y además le toca hacer recorrido de enfermos, es posible que lo encuentre, además llevará a Jules, es el segundo al mando— me dice cuando ve mi cara de preocupación.
—No puedo esperar, llevo años buscándote, y en mis sueños, solo veo cómo te pierdo, y un vacío inunda mi ser, ya ni puedo más, mi hermosa, mi amada— sus últimas palabras las dice en mi oído, ese susurro termina de hacer estragos en mí, y ya no me puedo contener, así como el lleva tiempo anhelando nuestro encuentro, yo también y no lo voy a negar.
Mis manos toman vida propia, y suben por sus brazos, pasando por sus hombros hasta llegar a su nuca, donde tomo sus cabellos, y atraigo su cabeza, muy ceca de la mía, para tomar con devoción sus labios, no pido permiso y succiono, y mi lengua lucha con la suya, probar su sabor, es remontar a todas las veces que lo he hecho, es el mismo, y mientras yo me delito en sus labios, él comienza a quitar telas que estorban, cuando menos me doy cuenta, estoy en ropa interior, así que hago lo mismo, quito todo lo que me estorba, pero a diferencia de él, yo quito todo.
Al ver otra vez su masculinidad, lo añoro y me deleito, tocándolo, y siento como mi amado se estremece ante mi tacto, está más que listo para mí, y hago lo que siempre he querido hacer, lo llevo directo a mi boca, recordando nuestro primer encuentro, esto es lo que yo tenía en mente. Con ayuda de mis manos, masajeo a lo largo de su extensión, y juego con el glande y mi lengua, succiono la punta y trato cada vez lo adentro en mi cavidad, mi fluido se esparce en su m*****o, hasta que me detiene abruptamente, toma mi cuerpo y lo lleva con desespero a la cama, y prácticamente me arranca la ropa, y sin siquiera pensarlo, se introduce en mi centro y sus estocadas son salvajes, intensas, profundas, como si quisiera borrar los recuerdos feos con este encuentro, una de sus manos está sosteniendo mi cadera y la otra uno de mis pechos, y el otro es atendido por su boca, todas estas sensaciones me llevan al orgasmo, no me puedo contener y gimo su nombre… aquel que fue el primero…
—Andrew…— y termina por vaciarse en mi interior, y recostándose sobre mí, no me importa su peso, solo quiero sentir su calor y su cercanía, acompasar nuestros latidos.