-Dominick Black-
No podía creer lo que veía.
Era ella.
La chica que se había desvanecido entre la multitud, la que había dejado su aroma grabado en mi memoria como una marca imposible de borrar. Mi Alma. La persona destinada a estar a mi lado.
Estaba ahí, apenas unos centímetros de mi.
Su figura aún más hermosa de lo que recordaba, y su aroma... lavanda con un toque fresco a pino. Podría haberse confundido con el perfume de la flor morada que tenia a su lado, pero no para mi. Jamás podría volver a perderla.
Reuní valor y carraspeé suavemente. Ella dio un pequeño salto, sorprendida.
-Creo que estás algo perdida -le dije con una sonrisa inevitable al encontrarme con sus ojos verdes, tan intensos que parecía que el mundo se detenía-. El baile es adentro, y si algún guardia te ve husmeando por aquí, probablemente no se lo tome muy bien.
-Lo lamento, no sabía que no se podía estar aquí- respondió, algo nerviosa.
-Puedes estarlo- aclaré con un tono burlón-, solo procura no parecer alguien sospechosa que intente hacerle daño a sus Altezas.
-Oh, claro- dijo, siguiéndome el juego-. ¿Quién podría hacerles frente? Ninguna criatura... y mucho menos una humana como yo. Apenas podría causarles un rasguño.
Solté una pequeña risa.
-Si ya te aburriste de esta vista simple y aburrida, puedo llevarte a un lugar más interesante.
Extendí mi mano. Ella dudó.
-No te preocupes- añadí, guiñándole un ojo-. Seré vampiro, pero no tomo sangre de nadie sin su permiso.
Tras unos segundos eternos, tomó mi mano.
No perdí tiempo. La guie hacia el interior del palacio por un pasillo lateral, el camino más rápido hacia donde quería llevarla. Revisé con atención que ningún guardia vigilara la zona. Todos estaban demasiado ocupados con la multitud de padres, madres e hijas desees peradas por captar la atención de mi amigo.
Aceleré el paso sin darme cuenta... hasta que sentí cómo ella luchaba por seguirme.
-Lo siento- dije, reduciendo la velocidad-. No estoy muy acostumbrado al ritmo humano. He pasado casi toda mi vida entre criaturas. Si voy demasiado rápido, dímelo.
Me miró y me devolvió la sonrisa en modo de asentimiento.
Tuve que concentrarme en el camino o, ahí mismo, habría sido capaz de robarle mil besos solo por verla sonreír así.
Nos detuvimos frente al retrato del abuelo de Dereck. Ella me miró como si hubiera perdido la razón.
-¿Este es el lugar tan interesante que querías mostrarme?- preguntó con burla.
-No, hermosa- respondí devolviéndole la sonrisa-. Está detrás de ese cuadro.
Moví el retrato, revelando la entrada al jardín secreto de la Emperatriz. Secreto entre comillas, claro. Dereck me lo había mostrado años atrás, asegurando que ahí llevaría a si Mate algún día... y permitiéndome hacer lo mismo cuando encontrara a la mía.
No solté su mano mientras cruzábamos el estrecho pasadizo.
El jardín nos recibió con un estallido de tonos morados. Las Améthys brillaban suavemente, liberando un aroma profundo a lavanda. En el centro, un enorme árbol sostenía un columpio en una de sus ramas. A un costado, dos sillas y una pequeña mesa invitaban a quedarse.
Ella parecía un sueño iluminado por aquella luz violeta. Su sonrisa... habría pagado todo el oro del mundo por verla así el resto de mi vida.
-¿Quieres subirte al columpio?- pregunte.
-Este lugar es increíble -dijo, girando lentamente-. Podría venir aquí todos los días, tomar te y quedarme bajo las estrellas toda la noche.
Quise decirle que le construiría un hogar solo para ella. Que le daría un cielo propio.
Pero aun no era el momento.
-Se supone que no deberíamos estar aquí -comente, haciendo comillas con los dedos -. Es el "jardín secreto" de la Emperatriz.
-¿Que? -exclamo, alarmada-. ¿Y si nos descubren? ¿Y si nos acusan de traición?
No pude evitar reír.
-¿Te ríes? Esto no es gracioso -me reclamo, señalándome.
-¿De verdad crees que mentiría sobre un lugar con una entrada escondida detrás de un cuadro? -respondí, sujetando suavemente su dedo-. Y no me apuntes con algo tan hermoso.
ella termino riendo conmigo.
Hablamos durante horas. De su universidad, de sus sueños, de su vida. Me sentía increíblemente en paz, como si siempre hubiera pertenecido a ese instante.
Hasta que su teléfono sonó.
-¿Delayra? -respondió, alejándose un poco-. ¿Que?
La vi palidecer.
-Se fueron...-dijo algo al colgar-. Pensaron que había huido para evitar la fiesta. Y... parece que ya todos se están yendo.
Mire mi reloj.
Tres de la mañana.
-¿Los taxis pueden entrar aquí? -pregunto, abrazándose-. Vivo algo lejos...
Me quite el saco y lo coloque sobre sus hombros.
-Tranquila. Fue mi culpa. Yo te llevare.
La acompañe hasta el coche. Al inclinarme para ayudarla con el cinturón, su aroma me envolvió por completo. Se tenso un segundo. Yo también.
-¿Donde queda tu casa? -pregunte, sonriendo.
Cuando llegamos, la vi bajar del auto con cierta timidez.
-Gracias por esta noche -dijo-. Nunca me había divertido tanto en una fiesta.
-Fue un placer escapar contigo.
Antes de despedirnos, me pidió mi numero. No esperaba eso.
Le deje un beso suave en la mejilla y la vi entrar a su casa
Conduje de regreso con una sonrisa que nada ni nadie podría borrar.
Había encontrado a mi Alma.