-Dereck King-
El paseo con mi madre termino en un silencio cómodo, de esos que solo existen cuando no hace falta explicar nada. Caminamos los últimos metros hacia el palacio mientras los guardias inclinaban la cabeza a nuestro paso. Las puertas se abrieron con ese sonido grave que siempre me recordaba que, quisiera o no ese lugar era mi destino.
Apenas cruzamos el vestíbulo principal, sentí el cambio en el aire.
Voces tensas.
Demasiado formales.
Demasiado medidas.
Mi padre estaba de pie junto a una de las columnas centrales, con la postura rígida que solo adoptaba cuando algo no le agradaba. Frente a el estaba Débora y su padre, Lord Morgan, ambos con una sonrisas ensayadas, de esas que no llegan a los ojos.
-Majestad -dijo Lord Morgan, inclinándose apenas al vernos-. Emperatriz.
Mi madre respondió con una cortesía impecable. Yo asentí, sin molestia en ocultar mi incomodidad.
-¿Interrumpimos algo? -pregunto mi madre con suavidad, aunque su tono ya advertía que sabia la respuesta.
Mi padre giro la cabeza hacia nosotros. Basto una mirada para que entendiera que aquello no era una simple charla de cortesía.
-No -respondió-. En realidad, llegan justo a tiempo.
Débora me sonrió, dando un paso apenas perceptible hacia mi, como si la cercanía fuera un derecho adquirido. La ignore.
-Estábamos discutiendo -continuo mi padre- un asunto que ya no puede seguir postergándose.
El pulso me golpeo en las sienes.
-El Consejo -intervino Lord Morgan- considera que ha pasado suficiente tiempo, Alteza.
-Mas que suficiente -añadió Débora, con voz dulce-. El imperio necesita estabilidad... y un futuro claro.
Mi mandíbula se tenso.
-Hablan como si yo no estuviera presente -dije, sin elevar la voz-. Agradecería que fueran directos.
El silencio cayo pesado.
Mi padre me observo unos segundos antes de hablar, como si eligiera con cuidado cada palabra.
-El Consejo esta presionado para que se nombre formalmente a una princesa consorte -dijo al fin-. No solo como figura simbólica. Quieren que inicies tu capacitación completa como futuro emperador... junto a tu futuro pareja.
Sentí el estomago cerrarse.
-Eso implica -continuo- que ella debe comenzar de inmediato su formación política, militar y diplomática. No quieren mas retrasos.
Mi madre dio un paso a mi lado. No dijo nada, pero su mano rozo apenas mi brazo, un gesto mínimo que decía no estas solo.
-¿Y desde cuando el Consejo decide sobre mi vida personal? -pregunte, con calma peligrosa.
-Desde que tu falta de una compañera comienza a considerarse un riesgo -respondió Lord Morgan-. El imperio necesita una emperatriz preparada.
-Y yo -dijo Débora, mirándome directamente- estoy mas que dispuesta a asumir ese papel.
No respondí.
Mi padre exhalo despacio, como si también estuviera cansado de esa conversación.
-Este no es un debate para el vestíbulo -sentencio-. Continuamos en mi despacho.
Luego nos miro a todos, uno por uno.
-Quiero que estén todos presentes.
Giro sobre sus talones y comenzó a caminar. Lor Morgan y Débora lo siguieron de inmediato. Mi madre y yo intercambiamos una mirada silenciosa antes de avanzar detrás de ellos.
Mientras subíamos las escaleras, una sola idea martillaba mi mente.
No pueden obligarme.
No deberían poder hacerlo.
Y sin embargo... el imperio entero parecía inclinarse en esa dirección.