-Dereck King-
El despacho de mi padre siempre había sido un lugar imponente, pero esa noche las paredes parecían cerrarse un poco mas. La madera oscura, los ventanales altos, el escritorio que había visto generaciones de decisiones que jamás pudieron deshacerse... todo parecía observarnos.
Mi padre tomo su lugar detrás del escritorio.
Mi madre se sentó a su derecha, erguida, atenta.
Lord Morgan ocupo el sillón frente a ellos, con Débora a su lado.
Yo permanecí de pie unos segundos mas de lo necesario, hasta que mi padre me indico con un gesto que tomara asiento. Lo hice, cruzando los brazos, preparándome.
-Bien -comenzó mi padre-. Hablemos con claridad. No estamos aquí para cortesías.
Lord Morgan asintió.
-Mi familia ha sido leal al imperio desde antes de la guerra -dijo-. Débora ha sido educada para este rol desde que pudo caminar. Política, diplomacia, protocolos... incluso defensa básica. Esta preparada para ser emperatriz.
Débora bajo la mirada con modestia estudiada.
-Nunca he dudado de su preparación -respondió mi padre-. La pregunta no es esa.
Mi madre intervino entonces, con voz suave pero firme.
-La cuestión es si ella es la indicada para nuestro hijo.
El aire se tenso.
-Con todo respeto, Emperatriz -respondió Lord Morgan-, el destino no siempre llega envuelto en señales divinas. A veces se construye con responsabilidad.
Sentí como algo en mi pecho se encendía.
-¿Responsabilidad o conveniencia? -pregunte, sin ocultar el filo en mi voz.
Débora me miro, sorprendida.
-Dereck... -murmuro.
-He esperado -continúe-. No por capricho. No por rebeldía. He esperado porque se lo que significa un vinculo verdadero.
Mi padre entrelazo los dedos.
-Entonces dime -dijo-, ¿Qué es exactamente lo que has estando esperando?
Era ahora.
El punto sin retorno.
Respire hondo.
-He encontrado a mi Mate.
El silencio fue inmediato. Denso. Absoluto.
Mi madre abrió apenas los ojos.
Lord Morgan se irguió en su asiento.
Débora palideció.
-¿Que? -pregunto mi padre, con voz controlada-. ¿Cuando?
-No hace mucho -respondí-. Y antes de que lo pregunten... es humana.
La reacción fue instantánea.
-Esto es imposible -espeto Lord Morgan-. Si fuera tu Mate, el vinculo ya seria evidente.
-Lo es -dije-. Para mi.
Mi madre me observaba con una mezcla de sorpresa y análisis profundo. Me conocía demasiado bien para no notar que no estaba mintiendo del todo.
-Entonces -dijo ella-, ¿por que no la has traído ante nosotros?
-Porque aun la estoy cortejando -respondí-. No pienso arrastrarla a este mundo sin darle la oportunidad de elegir. No es una pieza política. Es una persona.
Débora apretó las manos sobre su falda.
-¿Y que pasa conmigo? -pregunto, sin poder ocultar el temblor-. ¿Todo este tiempo...?
La mire por primera vez de frente, con honestidad.
-Nunca te prometí nada que no pudieras reclamar con verdad.
Lord Morgan se levanto lentamente.
-Majestad -dijo, dirigiéndose a mi padre-, con todo respeto, una humana no puede ocupar el lugar de emperatriz. El Consejo jamás lo permitirá.
-El Consejo aun no esta aquí -respondió mi padre, con tono frio-. Y esta conversación no ha terminado
Luego me miro a mi.
-Si lo que dices es cierto, hijo... necesitare pruebas. Tiempo, Y responsabilidad absoluta.
Asentí.
-La tendrán. Pero no voy a renunciar a ella.
Mi madre coloco su mano sobre la mía, apenas un segundo.
-Entonces -dijo-, el destino ya ha comenzado a moverse.
Débora se levanto sin decir una palabra mas. Su padre la siguió, con el rostro endurecido.
Cuando la puesta se cerro tras ellas, el despacho quedo en silencio otra vez.
Uno distinto.
Mas peligroso.