-Katy Bell-
Dominick detuvo el auto frente a mi casa con la misma calma con la que había conducido toda la noche. Las luces se apagaron, el motor descanso... y el silencio se acomodo entre nosotros.
-Gracias por venir conmigo -dijo, mirándome con esa serenidad que ya comenzaba a desarmarme-. No sabia cuanto necesitaba esta noche... hasta que paso.
Asentí, sin confiar del todo en mi voz.
-Yo también la necesitaba -admití.
Bajo primero y rodeo el auto para abrirme la puerta. El aire nocturno era fresco, limpio, como si la luna aun nos observara con curiosidad. Frente a mi casa, Dominick tomo mi mano con cuidado.
No me jalo.
No me acerco de mas.
Solo la sostuvo.
Inclino un poco la cabeza y dejo un beso breve, respetuoso. tibio, justo sobre mis nudillos.
Nada mas.
-Descansa, Katy -murmuro-. Nos vemos pronto... si tu quieres.
Lo mire subir al auto, alejarse despacio, como si no quisiera romper el hechizo.
Entre a casa con el corazón lleno y la cabeza revuelta.
Encendí la luz de la sala.
Y ahí estaba.
La orquídea.
Sobre la mesa, intacta, luminosa incluso en la penumbra, como si hubiera absorbido cada palabra, cada risa, cada confesión de la noche.
Me acerque.
-No eres solo una flor... ¿verdad? -susurre.
La imagen de la noria, de la luna, de su voz diciéndome "eres mi Alma" volvió como un eco suave pero insistente.
Sentí el pecho apretarse.
Sin pensarlo, subí corriendo a mi habitación.
Cerré la puerta.
Me deje caer sobre la cama.
Tome el oso de peluche que Dominick me había ganado y lo abrace con fuerza, escondiendo el rostro en su suave pelaje
-¿Y ahora que...? -murmure contra el.
No miedo.
No rechazo.
Incertidumbre.
Destino.
Elección.
Sentimientos que aun no tenían nombre.
Me incorpore de golpe.
Tome el celular.
No podía quedarme sola con todo eso.
Katy:
Chicas... necesito hablar con ustedes. Ahora.
No pasaron ni treinta segundos.
La pantalla comenzó a vibrar.
-¿AHORA?
-¿QUE PASO EN LA CITA?
-KATY RESPONDE
-ESTOY MARCANDO
Conteste la primera llamada.
-Empieza desde el principio -exigió una voz al otro lado-. Y no te saltes NADA.
Sonreí nerviosa.
Aprete mas fuerte el peluche.
-Creo que... alguien acaba de cambiar mi vida -dije en voz baja.
Y supe, en ese instante, que ya no había vuelta atrás.