Katy Bell
Desperté envuelta en una muralla de amigas, almohadas y cobijas. desde mi habitación se escuchaba el choque alegre de platos y sartenes. El señor Alaric ya estaba despierto y, por el aroma dulce que llenaba la casa, seguramente preparando el desayuno para todas.
Baje las escaleras y lo encontré en la cocina, concentrado en una torre de waffles.
-Buenos días, viejito -le dije, como siempre. El jamás acepto que lo llamara papá ni por su nombre, así que ese apodo fue la tregua que firmamos años atrás.
-Buenos días. pequeña -respondió con esa calidez que derrite el pecho- Vi que tus amigas están aquí y pensé en prepararles un buen desayuno.
-Gracias, pero no era necesario. Deberías dejar que empiece a hacerme responsable de mis propios alimentos -le dije, dándole un beso en la mejilla mientras me acercaba a ayudarlo.
El señor Alaric nunca tenia problemas en venir a diario. Después de todo, vive justo en la casa de al lado, la misma donde viví con mis padres.
Treinta minutos después, cuando ya teníamos todo listo, subí a despertar a las chicas. Al asomarme a la habitación, me encontré con una escena digna de cuadro artístico: Lili abrazando el pie de Delayra como si fuera un peluche sagrado... y el pie prácticamente pegado a su cara. Saque una foto mental para futuros chantajes.
Tras un desayuno de esos que curan el alma, y después de recoger la cocina, las chicas decidieron arrastrarme a buscar vestidos para el baile.
Yo proteste, claro.
Ellas me ignoraron, claro.
Pasamos por tantas tiendas que perdí la cuenta. Cuando Lili finalmente admitió derrota, tomamos rumbo a la tienda de la familia de Delayra. Las hadas diseñan vestidos hermosos, casi obras de arte. Costosísimos. Pero al ser amigas de ella, recibiríamos los diseños como regalo. Y también porque su familia es enorme. Con Delayra son once hermanos... sinceramente, deberían ser conejos mágicos en vez de hadas.
Por eso ama venir a mi casa: es el único lugar silencioso que conoce.
Después de una larga caminata, entramos a la tienda y de inmediato sentimos las miradas de mujeres acomodadas que evaluaban cada prenda como si fueran joyas reales. Una de las hermanas de Delayra las atendía casi corriendo.
Los padres de Delayra, el seños Elwyn y la señora Thistle, nos recibieron con brazos cálidos y sonrisas que parecían brillas mas que las telas encantadas.
Probaron vestidos sobre mi hasta sentir que había sido arrojada a un torbellino de telas, colores y "pruébate este". Pero al fin encontramos uno que me gusto a mi y a mis verdugas personales:
un vestido largo, n***o, sin tirantes, con una apertura elegante en la pierna derecha. Los tacones eran negros e intimidantes, pero según ellas me quedaban perfectos.
Delayra eligió un vestido lleno de flores multicolores, algo muy "hada caótica versión gala", hermoso pero imposible para mi autoestima. Lili escogió uno verde de escote corazón que le marcaba sus curvas de entrenamiento de forma espectacular.
-Veo que han venido a robar vestidos para el baile... ¿o me equivoco? -bromeo Ari desde la puerta de los probadores.
Nos miro de arriba abajo como general revisando tropas.
-Se ven bien, pero siento que a Katy le falta color.
Y antes de que pudiera protestar, Ari me tomo del brazo, me arrastro dentro de la casa-taller y me sentó frente a su enorme tocador.
Me prepare mentalmente para la inminente tortura estética.