Capitulo 3- Entre finales y Comienzos

703 Words
Katy Bell Después de un semestre agotador, de esos que exprimen hasta el ultimo rincón de tu espíritu, finalmente habíamos terminado. Cinco años de esfuerzos que, con suerte, me permitirán ayudar a muchas familias a tener la casa que sueñan. Fuimos a mi casa para descansar como reinas. Compramos comida, antojos dulces y todo lo necesario para celebrar. Ya tiradas en mi cuarto, peleábamos por escoger peliculas mientras devorábamos la comida. -Hermosa.. iras al baile- dijo Delayra apuntándome con su tenedor lleno de salsa agridulce -No pienso ir. -Pero recibiste invitación, ¿o estoy loca?- intervino Lili, señalándome con el palillo de sus rollos de sushi- No cualquiera recibe algo así, y tu que has estado presente en la vida de sus altezas... -Solo los conocí en el funeral de mis padres- respondí, hundiéndome un poco en las sabanas- Y cuando recibí la compensación por su sacrificio. Tenia siete años, apenas si pude hablar con ellos. Dudo que me recuerden, la verdad. Lili bajo la mirada -Entiendo lo que sientes... Mi papa sigue en la guardia real. Cada día que sale, no se si volverá. A veces pienso que nuestra vida depende de decisiones que ni siquiera son nuestras. Le tome la mano. solo ella sabia lo que era crecer con ese tipo de miedo. -Ya basta de tristezas- gruño Delayra, abrazándonos con fuerza- Terminamos la carrera, sobrevivimos, y no pienso dejar que hoy se arruine. Además, tienen a mi familia. Y ya saben que somos unas plaga numerosa. Reímos, vimos pelicula tras pelicula, aunque mi mente ya no estaba en la pantalla. Recordar a mis padres siempre me deja un nudo en el pecho. A veces pensé que era culpa de los Emperadores su muerte... pero nunca fue así. Ellos confiaron en mis padres. Y mis padres amaban protegerlos. Quizá... quizá debería ir al baile. Solo por ver el palacio al que ellos iban todos los días. Tal vez una parte de mi aun lo necesita. -------------------------------------------------------- Dereck King Desperté con la alarma taladrándome la cabeza. Ayer me excedí con Dom en el bar, aprovechando su magia para que nadie me reconociera. Excelente idea en teoría. En la practica... mi cráneo protestaba. Me bañe. me vestí con lo primero presentable que encontré y justo cuando estaba abrochándome el ultimo botón, entro Erick, mi beta. -Príncipe, lo esperan en el comedor- dijo, demasiado formal para ser el. Fruncí el ceño, y me hizo un gesto hacia la puerta. Ah. Ya entendí. -Si, claro. Beta Erick... enseguida. Débora entro con su típica sonrisa ensayada. -Hola, mi querido Príncipe- saludo con una reverencia elegante. Use todo mi autocontrol para devolverle una sonrisa decente. -Que gusto verte, Débora. ¿Supongo que tu familia fue invitada al baile? -Por supuesto. Y con suerte, será el ultimo baile antes de que encuentres a tu compañera.-su sonrisa brillo como si ya llevara mi corona puesta. Trague mi fastidio y bajamos al comedor. Débora se sentó a mi lado sin dejarme espacio ni para respirar. Literalmente. Casi podría sentir como intentaba impregnarme su aroma. Fútil intento. Después me bañaría en el lago si era necesario. El Emperador, mi padre, comenzó el discurso que temía. -Hijo, si en este baile no encuentras a tu compañera destinada, debemos considerar lo mejor para el imperio. Débora podría ser tu compañera Elegida. Ella se ilumino. Yo me quería evaporar. Busque a mis amigos, buscando ayuda para escapar de esta condena, pero tanto Dominick como Erick estaban disfrutando de mi tormento con risas disimuladas. Dominick escondía la boca detrás de su taza, fingiendo que el café le había sabido mal, aunque sus ojos gritaban "esto esta buenísimo". Erick fingía revisar el móvil, pero estaba temblando de tanto aguantar la risa. El Emperador continuo, ajeno a que mis aliados de guerra me habían vendido por entretenimiento: -Sera esta noche o nunca, Dereck. Débora sonrió como una depredadora frente a su presa. Dominick murmuro apenas para mi: -Si quieres, puedo crear una neblina mágica para que escapes. Muy dramático, muy tu. Erick añadió: -O finjo una emergencia. Algo creíble, como una invasión de ardillas rabiosas. Los odiaba. Pero eran mis mejores amigos. Respire hondo. Si la Luna no me salvaba esta noche... tendría que salvarme yo mismo.
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