Una habitación sumergida en penumbra dorada, con solo la luz titilante de una vela cercana a consumirse. Las sombras bailan sobre las paredes, dibujando siluetas entrelazadas. Alex, con los ojos cerrados y la respiración entrecortada, siente el aire frío rozando su piel recién descubierta, mientras las yemas de los dedos de Erick y Jill trazan mapas de fuego y vértigo en su piel caliente. Cuando Erick besa con pasión una de sus pronunciadas cicatrices, Alex intenta cubrirse, sin embargo, Erick no lo deja. —Siempre quise curar tus heridas con mis labios, borrar la huella de esos bastardos y sembrar la mía. —Alex se estremece de pies a cabeza. "Esto no es rendición", pensó, arqueando la espalda al sentir el primer botón de su camisa ceder. Su mente, por años una cárcel de "no deberías" y

