Elara no durmió bien. No fue por el cansancio físico, ni siquiera por el entrenamiento improvisado del día anterior. Fue por esa sensación constante que no terminaba de irse. Algo dentro de ella seguía… despierto, más presente que antes.
Cada vez que cerraba los ojos, volvía a sentirlo. Esa energía que ya no parecía completamente suya. Ese momento en el que perdió el control… y cómo la profesora lo detuvo como si nada.
Como si supiera exactamente qué hacer, se quedó unos segundos mirando el techo, en silencio, con el corazón latiendo más rápido de lo normal, ella no quería ir pero tampoco podía quedarse.
El campo de entrenamiento estaba casi vacío cuando llegó, era amplio, rodeado por estructuras de piedra y marcas en el suelo que parecían demasiado precisas como para ser solo decoración. Había algo en ese lugar que imponía respeto… como si todo lo que pasaba ahí importara más que en cualquier otra parte de la academia.
Aethra ya estaba ahí de pie en el centro, esperando. Elara dudó un segundo antes de acercarse.
—Llegaste temprano —dijo la profesora sin girarse.
—No dormí...—respondió ella, sin adornos. Aethra asintió apenas, como si eso confirmara algo que ya sabía.
—Mejor. Vas a necesitar estar despierta.—Elara cruzó los brazos.
—¿Para qué exactamente?—Ahora sí, la profesora se giró y la miró de frente.
—Para dejar de tenerle miedo a lo que sos.— Elara sintió cómo algo se tensaba dentro suyo.
—No le tengo miedo.—
—Entonces demostralo...—Elara sostuvo su mirada unos segundos. Había algo en ella… algo que no podía explicar, no era solo autoridad y tampoco era solo poder, era algo familiar.
—¿Qué tengo que hacer? —preguntó finalmente.
Aethra no respondió con palabras. Levantó apenas la mano y el aire cambió. Elara lo sintió de inmediato, la presión la misma que el día anterior la había desbordado. Pero esta vez no venía de ella.
—Sentilo —indicó la profesora. Elara tensó los dedos.
—Eso ya lo hice.—
—No así...—El aire se comprimió a su alrededor, más denso, más pesado. No era violento, pero sí lo suficientemente fuerte como para incomodarla.—Esto es lo que pasa cuando no lo controlas... —continuó Aethra—. Ahora hacelo al revés.— Elara frunció el ceño.
—¿Al revés?—
—Tomalo.—Eso no tenía sentido pero aun así…cerró los ojos, respiró y en lugar de alejarse de esa presión…Se acercó a ella.
La energía respondió de inmediato y se movió. Más rápido e intensa que antes. Elara abrió los ojos de golpe.
—Esto no está bien…—El suelo vibró levemente.
—Seguí —ordenó Aethra.Elara apretó los dientes. La energía se acumuló en su pecho, subiendo por su garganta, como si buscara salir de alguna forma.
—No puedo—
—Sí podés.—Esa seguridad otra vez. Como si no hubiera duda como si…La conociera Elara dejó de resistirse y por un momento
todo se alineó, el aire dejo de oponerse, la presion se estabilizó y no desaparecio, pero ya no dolía y Elara respiró profundo
—Eso… —murmuró—. lo hice yo.—
—Eso sos vos.. —corrigió Aethra.Y en su voz…Hubo algo más algo que no era solo enseñanza.
Desde el borde del campo, alguien observaba. Kael, no había llegado por casualidad había ido a buscar respuestas y lo que estaba viendo…no le gustaba nada. La forma en que la profesora la guiaba y en la forma que Elara respondia eso no era normal ni siquiera para ese lugar. Sus ojos se fijaron en Aethra. Había algo en ella que no encajaba y cuanto más lo pensaba...menos le gustaba
—Eso es suficiente por hoy —dijo Aethra finalmente. Elara bajó la mirada, todavía procesando.
—No lo siento igual que ayer.—
—Porque ya no estás reaccionando... —respondió la profesora—. Estás empezando a decidir.—Elara asintió levemente. Pero no estaba completamente convencida.
—¿Por qué yo? —preguntó de repente. Aethra se quedó quieta.—¿Por qué tengo esto?— se origino un silencio durante unos segundos
—Porque naciste con ello.—Respuesta simple, Elara frunció el ceño.
—Eso no explica nada.—
—Explica lo suficiente.—No, No lo hacía. Pero antes de que pudiera insistir…
—Claro que no lo explica.— Ambas se giraron. Kael estaba caminando hacia ellas sin apuro pero sin intención de detenerse. Elara se tensó apenas.
—¿Qué hacés acá?... —preguntó.
—Lo mismo que vos —respondió él—. Buscando respuestas...—Su mirada se desvió hacia Aethra.
—Y parece que alguien no quiere darlas...—El ambiente cambió de inmediato pero la profesora no se movió aunque su expresión se endureció.
—Esto no te incumbe.—
—Todo lo que tenga que ver con ella sí...—Elara sintió el golpe de esas palabras. No fue solo lo que dijo, fue cómo lo dijo. Aethra lo notó.
—No sos quien para decidir eso.—
—Y vos no sos quien para ocultarlo.—de nuevo el silencio tenso y pesado. Elara los miro a ambos.
—¿Van a decirme qué está pasando o van a seguir hablando como si yo no estuviera?—Ninguno respondió. Y eso fue suficiente.
—Perfecto...—dijo ella, girándose—. Me encanta cuando todos saben cosas menos yo.—
—Elara...—
—No —lo cortó, sin mirar a Kael—. Basta.—Pero no se fue lejos algo la había inquietado y no era la discusión.
Era otra cosa algo que había visto antes, algo que ahora volvía. Sin entender por qué.
Horas después, en uno de los pasillos internos, Elara caminaba más despacio de lo habitual no tenía un destino claro, Solo… necesitaba pensar terminó entrando en una sala que no reconoció de inmediato. Estaba vacía, con estanterías, papeles antiguos, archivos.
Era una oficina probablemente de profesores, debería haberse ido pero no lo hizo sus pasos fueron lentos, casi instintivos hasta que algo llamó su atención. Una foto antigua enmarcada, Elara se acerco y se quedo completamente quieta, era Aethra pero más joven, sin duda que era ella, el mismo cabello blanco, la misma mirada. Pero no era eso solo lo que la paralizó, era la chica que estaba a su lado...O no. no era otra chica, era ella
Elara sintió cómo el aire desaparecía de sus pulmones. No podía ser...pero lo era, los mismo ojos, el mismo rostro. como si fuera un reflejo como si...
—No deberías estar acá.—la voz la atravesó. Elara no se giró de inmediato. Seguía mirando la foto.
—Decime que no es lo que parece.. —murmuró.Silencio.—Porque si lo es…—Ahí sí giró. Aethra estaba en la puerta. Observándola.
Y por primera vez…No parecía tener una respuesta preparada.
—¿Quién soy? —preguntó Elara. Pero esa vez…La pregunta no era suave era directa y ya no iba a aceptar medias verdades.
Desde el pasillo, Kael se detuvo no podía ver todo pero podía sentirlo. Ese cambio y esa tensión y algo dentro suyo se tensó también.
porque ya no era solo una sospecha. Era una certeza algo en esa historia…No estaba bien y estaba cada vez más cerca de romperse.