Odio madrugar con toda mi alma. De verdad. No hay nada que me dé más rabia. Mi hombro está completamente sano así que he vuelto a la jornada completa. Eso significa trabajar mañana y tarde y recuperar todas las horas pendientes.
Muy a mi pesar, me levanto de la cama y me doy una rápida ducha de agua fría para despejarme. Hoy estoy más somnoliento de costumbre y, por consiguiente, de mal humor.
Cuando llego a la cafetería, mi compañera ya ha llegado y ya se encuentra poniendo la comida en su sitio. Gil está haciendo medias jornadas ahora, por lo que apenas coincidimos. Pero hoy, trabajamos juntos por la tarde, lo que me alegra por un lado porque me hará el turno más ameno. Pero también me estresa solo pensar lo que me molestara en cuando se dé cuenta que estoy de mal humor.
La mañana me pasa volando. Parece ser que ha habido alguna conferencia en la universidad por lo que la cafetería se llena de gente, sobretodos adultos en traje. Ha sido una mañana muy ajetreada, yendo de aquí para allá sin parar.
Como solo en la cafetería. Lara, la jefa ha pasado durante la mañana para pagarme. Por primera vez en mucho tiempo este pago lo añado a mis ahorros y no es para saldar una deuda. Por fin dejo de vivir al día. No me sobra el dinero ni mucho menos, pero llegaré a fin de mes y no ahogado. No tengo pensado volver a boxear en mucho tiempo, al menos en combates.
El boxeo me encanta. Es mi única forma de desfogarme, desahogarme y desestresarme. Pero los combates me dan extremada pereza. Tal vez en un futuro lo eche de menos, pero por el momento no creo que lo reprenda. A no ser que me vuelva a quedar sin ahorros.
Pongo la mano en mi chaqueta para coger el móvil para llamar a Gil, quien ya llega 10 minutos tarde. Mis dedos perciben algo más aparte del móvil. Curioso, saco del bolsillo un papel. El número de Seth.
Suspiro apoyándome en el respaldo de la silla. Mi vida es muy sencilla ahora mismo. Actualmente, vivo por mí y para mí, sin tener que dar explicaciones, ni tener que responder ante nadie. ¿Por qué querría complicarme la vida con mi supuesto padre y su familia? ¿Hasta qué punto podría beneficiarme? He estado toda mi vida sin padres y tampoco me ha ido mal, no veo el sentido de tenerlo ahora. Si no lo tuve ni me hizo falta durante el momento más importante de la vida de una persona, la infancia, no creo que a estas alturas vaya a aportarme nada más que problemas y dolores de cabeza.
-Agente Sullivan-Me coge la tarjeta de las manos. - ¿Un policía? ¿Tu padre? -Me pregunta. Asiento en su dirección. –¿Has hablado con él? -Pregunto con un ápice de esperanza en su voz tomando asiento enfrente mío.
-Apareció en mi casa hace una semana. Me explicó un poco porque no ha aparecido hasta ahora y me pidió que no tomara represarías en contra de su mujer doctora-Suspiro. Gil asiente ante mi información.
- ¿Y qué tal? -me pregunta. Le explico por encima lo que Seth me contó y los motivos con los que argumentó su falta de presencia.
-Si es cierto todo lo que dice, no tiene culpa. -Gil se atreve a decir. Noto la inseguridad en su voz, con miedo a mi reacción, pero tiene razón y no lo voy a negar.
-Lo sé. Pero a estas alturas no le veo el sentido a esto. -Le digo. Miro la hora en mi móvil. Faltan 10 minutos para que la cafetería abra y debemos todavía de arreglar la parte trasera.
-Bueno, tampoco creo que pierdas nada por intentarlo, ¿no? Digo, no sabes nada de él. Tal vez si le conoces te llevas una grata sorpresa. Creo que las personas, para bien o para mal siempre te aportan algo. Experiencias, conocimientos…-Deja la frase en el aire.
-Ya Gil. ¿Pero y si estas experiencias son negativas? ¿Y si me llevo una hostia? ¿Una decepción? Otra. -Me corrijo. -No tengo ganas de pasar por esto. - Tiene una familia. -Añado. - Una mujer y dos hijas. Que hago, ¿interrumpo en sus vidas?
-A veces las irrupciones son necesarias Levi. Los cambios no siempre son negativos. Y que haya la posibilidad de que salga mal, no quiere decir que deba salir mal. No te prives de ello solo por el miedo a perder. Tal vez te estés perdiendo algo bueno, tanto tú, como él por ello. Y te conozco. Sé que, si no le das al menos una oportunidad, te carcomerá toda la vida. -Odio que me conozca tanto. Lo odio.
Abrimos la cafetería con un poco de retraso y agradezco que ese día Lara no se haya quedado porque si no nos hubiera matado. A diferencia de la mañana, la tarde es mucho más calmada. Un poco más de movimiento que de costumbre, pero mucho menos estresante.
-Vaya, estaba muy asustado de su repentina desaparición ese día. Empezaba a sospechar que la hubieras descuartizado o ve tú a saber qué…-Gil dice de repente. Lo miro extrañado sin tener idea alguna de a qué se refiere. Con una sonrisa este señala detrás de mí, en dónde Gia y Shay se sientan en su mesa, tras casi dos semanas sin venir.
-Eres un imbécil. -Ruedo los ojos. Me alegro que me toque detrás de barra y no a servir, porque no quiero volver a pasar por un momento tan incómodo con Gia ni creo que ella quiera.
-Un té de frutas del bosque y un café con leche. -Me dice Gil. Sin más me pongo con ello.
-Aquí tienes. -Se lo pongo en el mostrador.
- ¿Quieres llevárselo tú? -Me pregunta.
-No.-Niego rotundamente. No veo la necesidad ni el sentido a hacerlo.
-Oye-Lo llamo- ¿Cómo terminó vuestra cita? -Le pregunto.
- ¿Con quién, con Shay? -Asiento.
-Pues bien, en mi casa. En el mostrador, en el sofá, en la cama, en la ducha…-Empieza a enumerar.
-No te lo crees ni tú. No follas tantas veces ni en una semana, semental. -Ruedo los ojos, lo que le hace romper en carcajadas llamando la atención de varias personas.
-Pero sí terminamos en mi casa. -Dice entre risas. Esa es la única verdad que ha dicho en toda la frase.
La tarde pasa bastante amena. El otoño ya empieza a manifestarse. Empieza a hacer viento frío y a anochecer más temprano. La cafetería empieza ya ha vaciarse y me alegro. Estoy cansado, y solo de pensar que toda la semana tengo que trabajar la jornada completa…
-Hola-La tímida y dulce voz de Gia me saca de mis pensamientos.
-Hola-Le contesto de vuelta.
-Me cobras, ¿por favor?-Pide bajando la mirada de mis ojos sonrojándose.
-Tu amiga lo ha pagado todo.-Le digo. Su amiga hace ya un rato que se ha ido y ha pagado lo de ambas.
-Oh.-Dice simplemente. Nos quedamos en silencio por unos segundos que sinceramente no sé como romper. Ella parece tener un debate mental, hasta que finalmente dice.
-¿Me das un café para llevar?-Me pide.
-Claro-Me giro para prepararlo. –Aquí tienes-Se lo doy cuando está preparado.
-Gracias. Quédate con el cambio-Me dice dándome el dinero junto a un papel. Lo miro estrañado pero antes que pueda decir algo, Gia huye. Suspirando, guardo el dinero en la caja y abro el papel.
Lamento mucho mi comportamiento ese día. Me comporté como una niña pequeña, exageré mi comportamiento y seguramente no debes entender por qué me comporté así y porqué me estoy disculpando mediante una nota y no cara a cara. Tal y como habrás podido observar, me pongo muy nerviosa ante la presencia de los desconocidos, y mucho más antes la tuya. Tienes una forma de ser muy directa e intimidante y eso me hace actuar de esta forma. Por eso hui ese día, no creo poder estar contigo sin parecer una estúpida, y no creo poder comportarme de otra forma.
Siento mucho si te hice sentir mal y haberte hecho perder el tiempo.
De corazón,
Gia
-Vaya Levi. Es peor de lo que pensaba-Gil dice en mi oreja sobresaltándome. –Esa chica acaba de confesar que no puede estar a tu alrededor. -Me explica como si no me hubiera quedado claro.
-Gracias Gil por aclarármelo. -Ironizo. Doy por finalizada la conversación. Me ha dado rabia esta situación. Por primera vez me desagrada mi forma de ser. Siempre he estado muy contento de mi forma de ser, gracias a ella me gano el respeto de la gente a primera vista por qué sé que impongo. Pero no quería imponer a Gia, no de esta manera. Pero tampoco puedo hacer nada. Apenas la conozco así que lo mejor será olvidarla y olvidar que esto ha pasado.