Capítulo Ocho: ¿Síntomas o manifestación? — Parte dos.

1095 Words
Capítulo Ocho: ¿Síntomas o manifestación? — Parte dos. Diciembre de 1846. Solange Roussel. Mientras veo a Margot marcharse, mis padres no tardan en aparecer cerca de mí. —Qué haré yo con dos señoritas más en sociedad el próximo año? —me giro hacia la derecha al escuchar a mi madre. —Padre. —saludo inclinando un poco la cabeza—. ¿Qué le parece? —indago señalando nuestro alrededor. —Julie, Mélodie y tú han hecho un trabajo excepcional, hija mía. —Gracias, papá. Iré a ver si necesitan algo en las otras habitaciones, permiso. —Propio querida... —responde mamá. Abandono el salón de baile y la recepción y me encamino hacia los pequeños salones para descansar, preocupándome por revisar uno por uno. —Está todo en orden, señorita Roussel, todo ha sido esplendido. Sonrío cada vez que me hacen algún cumplido o me dicen que todo está en orden como debe de ser. Ingreso al salón para parejas y lo primero que llama mi atención es Rose y su esposo, ella era una mis amigas, se casó hace casi un año, hace poco me enteré de su embarazo, debe de tener menos de tres meses si decidió asistir. —¡Solange! —llama ella mi atención, me dirijo al sillón que comparte con su marido—. ¿Tú ayudaste? Tiene tú toque. ¡Es hermoso! —su emoción, tan característica de ella, no ha cambiado para nada. —Mi esposa tiene razón, señorita Roussel. Es todo muy bello. —me alegra saber que una de mis grandes amigas desposó a un hombre parecido a ella y que se ve, la quiere y ella a él. —Gracias a ambos, espero sigan disfrutando de la noche y felicidades por su embarazo. —ellos asienten y entonces me retiro. Sigo caminando en ese salón y cuando estoy por salir cuando escuchó voces en una de las terrazas del salón. Me asomo y no sé exactamente porque pero me molesta la imagen que tengo frente a mí. El príncipe Théo está en frente de una mujer, muy parecida a mi nueva criada, si veo bien, pero lo que me parece incomodo, es que ella toca exactamente el mismo lugar en donde yo coloqué mi mano sobre su pecho, pero ella lo toca sin ninguna clase de vergüenza. —¿Su alteza...? —al oírme ambos se voltean hacia mi y ella me sonríe con altivez—. Buenas noches. ¿Necesitan algo? Es raro encontrar a dos personas que no son pareja en está zona. —al decirlo dejo de mirarla a ella y me dirijo únicamente al príncipe. —Supongo que es Solange Roussel, ¿la primogénita de los duques de Alsacia? —mi vista abandona el rostro confundido y algo avergonzado de su alteza, para dirigirse al de ella nuevamente—- ¿Es usted la co-anfitriona está noche, verdad? —Sí, un gusto, señorita... —no puedo continuar, ella sonríe de lado. —Anne-Marie Morel, es mi nombre, señorita Roussel. —nuevamente percibo una evidente burla en su voz—. No necesitamos nada, ¿cierto, Théo? —frunzo el ceño cuando no lo llama por su título, sino por su nombre. —Alteza, ¿le gustaría...? —la señorita Morel me interrumpe. —Théo ya está bastante a gusto aquí, señorita Roussel, debería seguir revisando si el resto de invitados están bien o si necesitan algo. —sigo mirando al hombre que se supone es mi prometido, pero nunca recibo una respuesta por su parte. —De acuerdo, que sigan disfrutando su noche... —me obligo a sonreír. Hago una reverencia hacia su alteza y aunque trato de que no me afecte lo que vi y sentí entre ellos dos, lo hace pues doy mal algunos pasos mientras me dirijo a la segunda planta de la casa, necesito un momento sola. Me sostengo de la pared cuando la vista comienza a fallarme y no soy capaz de continuar en pie. —¿Qué sucede? —no veo claro, es como la neblina que vi en sueño con Elisa. —¡Solange! —trato de seguir caminado cuando la voz del príncipe llega a mis oídos, pero mi cuerpo se siente pesado—. Ay, Dios mío. Vamos, ponte de pie... —pasa sus manos por alrededor del pecho y me levanta del suelo. —¿Qué hace aquí? —hasta mi forma de hablar suena débil. —Supuse que no ibas a estar bien. Te he visto con tantas emociones distintas hoy que imaginé que algo así sucedería. —me sostiene por la cintura. —Claro, y por eso en lugar de acompañarme se quedó con aquella señorita... —puedo escucharlo suspirar—. Suélteme, si a alguien se le ocurre subir aquí y nos ve así, tendremos problemas. —¿Problemas? ¿Te refieres a que casarnos sería un problema? —no respondo—. Solange... —Ella lo estaba tocando donde... —cierro la boca un momento para recuperar el aliento—... donde usted tiene el dibujo. No es justo que me haga creer que soy la mujer más hermosa e increíble que ha visto, pero se deje tocar por otra joven, sobre todo estando a un paso de que nuestro compromiso se revele. —Entiendo, lo siento, pero debemos ir a un lugar donde nadie pueda verte. —¿Por qué? No podemos estar solos, nosotros... —-Eso no importa, parece que no prestaste atención a lo que escribió Arthur, lo que sientes es porque tu poder se está manifestando, nadie puede verte así. —cierro los ojos con fuerza—. Dime, qué sello tiene la puerta de tu habitación. —no respondo, no es correcto—. Solange, es peor que alguien te vea en este estado. Por favor. —me lo esta rogando. —Un sol. —él suelta una pequeña risa. —No me estoy burlando de ti, princesa mía, solo... —con las pocas fuerzas que tengo lo interrumpo. —No soy nada suyo aún, y la puerta tiene ese sello por mi nombre, no es más. —él no responde más, solo se limita a tomarme en brazos y seguir el camino hasta mí habitación. No obstante, que la puerta de mis aposentos tenga esa imagen sellada no tiene nada que ver con el linaje que corre por mis venas, solo es la representación de lo que significa mi nombre, así como las habitaciones de mis hermanas están selladas con la traducción de sus nombres en algún objeto.
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