Hace ademán de alejarse, pero tomo su brazo, deteniéndola. ─Lo siento ¿Está bien? ─Murmuro, con sinceridad. Su semblante me observa, sus comisura se tuercen, apretando su labio inferior. ─No deseo… hablarte en este momento ─dice, mi mano suelta su brazo. Y ella comienza a caminar hacia el stand de galletas, donde se ha creado una gran fila. ─¡¿Cuándo será el momento?! ─Exclamo a su espalda, sin respuesta alguna. ─Mierda ─farfullo, sosteniéndome el cabello ¿Por qué soy tan imbécil? Tengo que dejar de pensar con el pene. Pienso de repente. Muerdo mi dedo pulgar ante la ansiedad provocada, mientras las preguntas comienzan a aglomerarse en mi cabeza ¿Qué dije de malo? ¿Soy realmente un pene andante? Resoplo, ante la última pregunta. La verdad es que a veces me dejo llevar por el de

