Sus ojos se abren, pero termina sonriendo, asiente, imitando mi pose. Me giro al mismo tiempo que ella, dándonos la espalda. ─A la cuenta de… uno… dos… ─hago una pausa, sonriendo ─… ¡Tres! ─Exclamo, girándome y apuntándole. Al girarme, me encuentro con ella, dormida en el suelo. ¿Qué demonios? Me apresuro, inclinándome para revisarla. ─¿Noelle? ─Pregunto, dándome cuenta que aún respira. Suelto un suspiro de alivio. La cargo, sintiendo que pesa menos de lo que pensaba, es muy pequeña… visualizo su rostro plácido, durmiendo, y se ve… hermosa. Mi corazón se acelera. ─Maldición ─gruño, colocándola en uno de los asientos dobles, acostándola. ¿Ahora qué demonios hago? Se me enciende el foco, camino hacia la cabina de teléfono para llamar a Gian. Le doy una vista a la cocina, observando

