Una nueva semana llegó para confirmar que los números de la editorial no eran los debidos. Marina había tenido tres entrevistas con los autores de algunos manuscritos que valían la pena pero ninguno parecía ser lo que necesitaban para despegar.
Se sentía desesperanzada, agotada y algo culpable. Aun podía sentir el reproche en los ojos de su amiga, que si bien había aceptado su decisión de rechazar a Francisco, no dejaba de ser incisiva. Era su culpa, ¿por qué lo había tratado así? Ella no era de ese modo, ella siempre había sido profesional, había aprendido a guardar sus emociones a fingir, a parecer lo que fuera necesario que hubiera que parecer. Se reprochaba su accionar, aunque no por eso su decisión.
Aquella entrevista la había llevado a buscar algo que creía olvidado, aquel nombre, esa historia. Todo lo que alguna vez había soñado regresó a su mente para hacerla trabajar sin pausa. Era una buena historia, lo sabía porque ella misma había querido narrarla miles de veces, pero sentía que estaba incompleta. No le gustaba el final de la misma. Ni siqueira lo creía, pero no habìa encontrado la manera de desaznar sus dudas.
-Voy a comprar comida ¿Te traigo algo?- le preguntó Anastasia acercándose a su escritorio.
Marina negó con su cabeza sin mirarla y pronto pudo sentir su mano sobre su hombro.
-Es solo un libro, Maru, no cargues con ninguna culpa, ya va llegar el indicado. -le dijo y ella por fin sonrió agradecida de su gesto.
-Eso espero.- respondió
-¿En serio no te traigo nada? Voy a Starbucks…- agregó con tono divertido y Marina volvió a sonreír con más ganas.
-Ok, ok, lo de siempre entonces.- respondió y regresó a su pantalla, con muchas más ganas de las que tenía segundos antes.
Aún sonreía cuando lo oyó.
-Esta actitud te queda mucho mejor… Maru.- dijo Francisco sorpendiendola, mientras tomaba asiento en la misma sillas de días atrás sin esperar a ser invitado siquiera.
-¿Qué se supone que estás haciendo? ¿Quién te dejó entrar?- le preguntó incorporándose en su silla como si estuviera planeando su huida.
-Tu amiga, Ana se llamaba, ¿no?- le dijo con su actitud calcada a su anterior encuentro.
-Si, Anastasia. - le respondió sosteniendo su mirada como si estuviera esperando explicaciones.
-¿También es de la realeza?- le preguntó fingiendo poco interés, pero muy pendiente de su reacción.
Marina intentó disimular su sorpresa, pero sus ojos eran delatores y él confirmó lo que había averiguado.
-¿Vas a decirme a qué viniste? Pensé que había sido clara en nuestro encuentro. - le respondió sin querer responder su anterior pregunta.
-No, si, eso es cierto, fuiste muy clara, princesa.- le dijo sonriendo con malicia al final.
Marina volvió a ignorar su comentario, en su lugar abrió grandes sus ojos y enseñó sus palmas en una clara señal que necesitaba más de su parte.
-Fuiste clara, pero no sincera. Y debo confesar que me dejaste pensando demasiado en vos.- le arrojó provocando un ligero rubor en las mejillas que si bien le fascinó, supo que debía ignorar.
-En tu nombre digo, Marina Taylor, no podía ser casualidad que llevarás uno de sus nombres, mucho menos su apellido y por eso tuve que trabajar más duro. Me sentía un poco tonto por no haberlo sospechado antes, debo cofensar..- agregó y al ver que ella sonreía supo que se guardaba su comentario al respecto.
-Pude dar con todo tu linaje, pero hay algo que no puedo terminar de entender.- dijo sacando la misma carpeta de la vez anterior para ponerse de pie y abrirla sobre el escritorio. Marina sintió que se ubicaba detrás de ella pero eligió no voltear, podía sentir su perfume y eso solo podía significar que estaba demasiado cerca.
-¿Cómo es que sabías que no era un hogar de niños huérfanos, no figura en ningún lado. Encontré la granja de la familia, se de los trenes y del servicio de voluntarias que buscaban familias transitorias, pero nada más.- le preguntó señalando cada una de sus anotaciones con su dedo índice.
Marina hizo silencio, sabía que de su respuesta dependía el futuro no solo de la editorial, sino, principalmente de ellos dos, y eso comenzaba a preocuparle.
-Vamos princesa, a los dos nos vendría muy bien esto y lo sabes.- dijo bajando el tono un poco más cerca de su oído.
Marina suspiró con fastidio e inclinó su brazo para alejarlo un poco.
-Bien, sentate por favor.- le pidió sin mirarlo y aunque a Francisco le hubiera encantado permanecer cerca, supo que debía obedecer.
-Hace algunos años, falleció mi abuela y fuimos a vaciar su casa, allí encontramos varias cosas de la familia y entre ellas había un grupo de diarios que pertenecieron a mi tatara tía abuela, Helen. -dijo y al notar el entusiasmo en sus enormes ojos negros alzó sus manos para detenerlo.
-No te emociones, sólo llegan hasta 1940, y por más que quise seguir buscando en mi familia solo se rumora que ella murió sola en aquella granja. - le dijo apretando sus labios como si se hubiera sacado un gran peso de encima.
-Que no me emocione, esto es fantástico. Necesito leerlos. - respondió él con una mirada real por primera vez desde que lo conocía.
-Ya te dije que no hay… - pero aunque quiso no pudo continuar, él se había vuelto a poner de pie y había regresado a su lado, solo que esta vez se había agachado delante de ella haciendo girar su propia silla para que lo enfrentara.
-No quiero seguir peleando, los dos sabemos que esto esta bueno, podemos poner algunas cláusulas o condiciones si preferís, pero no quiero dejar de hacerlo. Siento que esta historia es mucho más grande de lo que pensamos y no puede ser casualidad que nos hayamos encontrado. - le dijo con toda la sinceridad que pudo, intentando ignorar el hecho de que tenerla tan cerca comenzaba a gustarle demasiado.
-Ya te dije que no hay mucho más.- comenzó a responder pero al ver la decepción en sus hermosos ojos negros, no quiso seguir negándose.
-Podríamos darles un nuevo vistazo por las dudas, pero..- agregó y tampoco pudo terminar porque él se abalanzó para abrazarla de manera sorpresiva, para luego emitir un grito de victoria y alejarse haciendo girar su silla en un gesto que encontró divertido.
-¿Se puede saber qué festejamos?- preguntó Anastasia que acababa de entrar con la bandeja en la mano.
-Que la princesa por fin se rindió ante los encantos del caballero.- dijo divertido pero Marina no sonrió.
-No soy una princesa.- le dijo negando con su cabeza.
-Eso está por verse. Te paso a buscar en una hora. - respondió tomando el enorme café de la bandeja que aún sostenía Anastasia.
-Y voy a empezar a cuidarte, no más café por hoy.- le dijo llevandose la bebida consigo frente a la mirada perpleja de las dos mujeres.
-Creo que me acabo de arrepentir de mi decisión.- dijo Marina dejando caer su cabeza sobre la palma de sus manos con exagerado desdén.
-No puedo estar más en desacuerdo, amiga. Para esto abrimos este lugar, para hacer nuestros sueños y el de muchos realidad. Es hora de dejar el miedo atrás y disfrutarlo. Aparte.. No todos los días se tiene una cita con un bombón asi.- respondió Ana divertida.
-¡No es una cita!- gritó Marina con elocuencia.
-Eso está por verse…- respondió Ana riendo mientras su amiga la imitaba y le lanzaba un bollo de papel con gracia para intentar olvidar lo que haberlo tenido cerca le había hecho sentir.