Marina fue la primera en salir, Francisco necesitaba un poco de aire frío para calmarse. Estaba seguro de que no se hubiera detenido si no hubiera sido por aquel llamado y sin embargo no estaba seguro de que ella hubiera estado en la misma situación. Un jovencito que no llegaba a los veinte años conversaba con Marina cuando por fin alcanzó la luz del sol y ella sonreía como si hubiera recibido un regalo esperado en navidad. Francisco la miró desconcertado, aún luchaba con las réplicas del terremoto que su cuerpo había sufrido minutos antes y no lograba comprender la situación. -Te presento a Michael.- le dijo Marina sin subsanar su dudas aún, pero estrechando su mano de todos modos. -Vino a hacernos una invitación muy especial. - le dijo con esa sonrisa que iluminaba su rostro volvié

