-Van a tardar un rato en pasar por nosotros.- le anunció Marina leyendo el mensaje del amable chofer que los había llevado hasta Ardingly, pero Francisco no le respondió, parecía perdido en sus propios pensamientos, lidiando con la emoción que había sentido dentro de aquella antigua casa, al poder conversar con uno de protagonistas de la mismísima historia que estaban escribiendo. -Podríamos pedir un taxi ¿a lo mejor hay alguno cerca del pueblo que pueda venir a buscarnos?- insistió Marina, sin terminar de entenderlo. Entonces él por fin la miró, llevaba una sonrisa en los labios, una mucho más grande de la que recordaba y parecía entusiasmado con lo que estaba a punto de proponer. -¿Se puede saber que te pasa? - le preguntó ella algo fastidiada pero sin poder evitar sonreír también.

