DEMYAN La música retumba como un eco infernal en las paredes del club, un ritmo pulsante que vibra en el aire cargado de humo y deseo. Las luces estroboscópicas destellan intermitentemente, revelando destellos de lujuria y pecado en cada rincón. Paso una mano por mi largo cabello n***o y trueno los músculos de mi cuello, dejando que la tensión crujiente de mi columna me recuerde que sigo en control. La morena en mi regazo se contonea, restregando su trasero contra mi erección como si fuera una maldita perra en celo. Su perfume es demasiado dulce, empalagoso, como si intentara cubrir el hedor de todos los hombres que la han tenido antes. Mi polla está dura como una vara de metal. Podría doblar a la delgada mujer en la mesa que tengo delante y follarla aquí mismo, pero por mas que esté dur

