MASHA Mis tacones repiquetean contra el suelo de mármol mientras avanzo por el club. "Infierno". Eros lo inauguró hace poco y lo puso a nombre de nuestros hijos. Un regalo. Un refugio. Un territorio donde pueden hacer y deshacer a su antojo, sin que nadie se atreva a cuestionarlos. Aquí es donde mis pequeños organizan las fiestas que suelen ofrecer en el campus. El estruendo de la música retumba en las paredes. Las luces de neón iluminan el pasillo con un resplandor febril y pecaminoso. Esta noche, la atmósfera está más cargada que nunca: el Consejo se reúne aquí, al igual que decenas de estudiantes de la universidad en la que somos los mayores benefactores. Una jugada estratégica para afianzar nuestro poder... y una excusa perfecta para que los gemelos organicen una fiesta. Eros me c

