Su vida sin duda no había mejorado ni empeorado, más bien se había vuelto más miserable. Desde que estuvo casada con un sujeto peligroso y sin la capacidad de sentir el más mínimo cariño por nada ni nadie, necesitó permanecer más callada de lo común para tener un poco de paz. Los años pasaban frente a ella, que había perdido la sensibilidad y los sentidos, se sentía en general como permanecer bajo el agua, sin mucha movilidad y con una gran falta de aire, ahora tenía bajo su cuidado 6 niños de diferentes edades, la más pequeña de apenas 3 años, y con el pequeño Miguel con autismo. Pasaba la mayor parte del tiempo pensando cómo hacer los trabajos necesarios para darles a sus niños lo necesario, los mayores, Luz y Luis, se esforzaban por ayudar en lo que podían, sin embargo, no era suf

