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Leyenda del Sol Nuevo.

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Blurb

Con la repentina muerte de sus padres, los gemelos ahora deberán enfrentar el mismo reto que ellos y deberán encontrar la forma de terminar con los seres de sombra de una vez por todas, por lo que desencadenarán un hecho sin precedentes en la historia: verán nacer de nuevo al Sol.

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Capitulo 1.
Cuenta una vieja leyenda que los dioses se reunieron para deliberar, ya que los conquistadores con su dios estaban por llegar, ellos sabían que la historia cambiaría de ese momento en adelante, por lo que resistirse solo empeoraría las cosas, por lo tanto decidieron retirarse. En un silencioso rincón Tata Juriata escuchaba, trazando su propio plan, reuniendo poder y valor para lanzar una profecía y, de ese modo, dar su propia lucha y salvar lo más que pudiera. Él sabía, sin embargo, que no podía hacerlo solo, necesitaría de alguien para lograrlo. Los dioses principales aún no terminaban de dar su decreto a los demás y él ya tenía casi formado su plan. En la entrada de la enorme y confortable casa, se encontraba la mujer humana que llevaron para ser testigo de la reunión, minutos más tarde fue despedida con la misión de dar a conocer las noticias. Él no tenía más nada qué hacer ahí, salió de la casa y se dirigió a las cuevas que los mortales asociaban con el Inframundo. Oscuras, frías y aterradoras, él sabía que los demás dioses se irían a un mundo lejano, donde se dedicarían a descansar y a gozar de su eterna existencia, quizás les extrañe que no les acompañe, pero él es el sol viejo y el nuevo, destinado a morir y renacer cada tiempo, atado firmemente al mismo destino que los hombres, que morían y renacían constantemente. De sus manos salió una llamarada que iluminaba y calentaba las cavernas, cada segundo más candente, hasta que todo fue iluminado y la temperatura comenzó a derretir la roca volcánica, borrando todo rastro del aspecto rugoso y cortante que provocaba escalofríos. Detrás de la poderosa llama, quedaron paredes lisas y brillantes, iguales a un espejo, que aún emitían calor. Para él aquello no era problema de ninguna manera, ya que su cuerpo entero estaba diseñado para tolerar aquellos estragos, casi cualquier cosa en el mundo era soportable, excepto la ausencia del calor. Permaneció en aquella cueva antes, durante y después de la llegada de los europeos, se mantuvo atado dentro de la tierra, llorando y lamentando el insufrible destino de hombres, mujeres, niños y ancianos. No hubo día en que no estuviera a escasos pasos de la entrada de la cueva, listo para lanzarse y erradicar él mismo cada injusticia, dispuesto a pagar con su propia sangre el sufrimiento que aquel acontecimiento trajo a través del océano. Estuvo tan tentado, que decidió cerrar para siempre aquella entrada, por lo que reunió todo su coraje y ordenó a la tierra cerrarse. Aquel sitio no sería encontrado nunca. Su último recuerdo sobre el suceso fue haber permanecido sobre la gran entrada y mirarla cerrarse, cuando una gran masa negra, gruñente y silbante, lo estrujó con fuerza y lo inmovilizó, extrayendo su calor corporal e impidiendo que la luz de su astro homónimo le llegase, perdiendo su fuerza y poder a una velocidad alarmante. Luego, todo fue oscuridad y vacío. Aquellos seres lo tomaron por sopresa, dejandolo incapaz de comunicarse con ninguna deidad que aún permaneciera cerca. Al despertar, se encontraba esclavizado con grilletes en ambos pies, rodeado de la masa negra que aulló y gruñó en su dirección, detrás de él había una criatura agazapada, parecía un enorme lobo con el pelo erizado, tan n***o que parecía absorber la luz. Se miraron un momento, la criatura parecía saber quién era él, meneo imperceptiblemente la frondosa cola, tan suave que solo él de cerca lo pudo notar. Miró a su alrededor, estos seres despreciables le daban náuseas, pero estaban fijos sólo en él, no parecía importarles el enorme can. El sitio era una curiosa cámara circular cuyas paredes se alzaban muy por encima, como un gigantesco cilindro, observó el suelo y se familiarizó con él, intentó usar su magia para analizar la composición, pero una violenta reacción de los grilletes lo despojó rápidamente de su calor, casi congelando sus tobillos, obligándolo a caer sobre una rodilla, que sangró debido al impacto. El can se irguió alertado sobre la reacción, olisqueó en su dirección y se acercó trotando hasta él, colocándose a su lado emitió un suave gorjeo, animándole a apoyarse sobre su enorme lomo. Su pelaje se sentía como seda en lugar de pelo animal, era suave y liso, no emitía calor ni estaba frío, el can olfateó la rodilla lastimada y usó su aterciopelada lengua para limpiarla, aquel gesto unido a su actitud le hicieron confiar en él. Mientras las criaturas chillaban y gritaban lo que parecían ser burlas, el dios le susurraba al can una débil petición, el cual pareció comprender. Se dió cuenta que su fuerza comenzaba a volver, al parecer mientras aquellos seres no pudieran ver lo que él hacía los grilletes no reaccionarían a su magia. Hizo un par de pruebas, primero ordenó a los grilletes quemarse de prisa y los sustituyó por unos iguales que ahora solo obedecían a él; una vez seguro de que funcionaban, hizo aparecer en el centro del recinto una bola furiosa de luz y calor, imitando al Sol, enviando a las criaturas a escapar y empujarse hasta una salida que estaba oculta tras una onda de magia. Estaba libre para escapar, pero no pudo cruzar esa puerta, cada intento lo hizo golpearse contra un muro invisible que lo mantenía dentro, sin embargo notó con gran sorpresa que el can sí podía atravesarlo. Tenía un gran problema delante, debía pensar en una solución. Miró de nuevo a su alrededor notando las paredes desiguales y con grietas, parecían una extraña madera pero eran más porosas, emitió un silbido que recordaba al susurro del viento entre maleza, el recinto completo reaccionó con una sacudida y con un incomparable brillo, se encontraba dentro de una milpa de maíz. Ahora sabía cómo salir. Debido a su naturaleza mítica y divina, el maíz era incapaz de actuar por sí mismo, necesitaba un estímulo humano, así como los temperamentales dioses mexicas, solo un tributo de sangre humana lo ayudaría a salir.

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