No estaba seguro de haberse librado de los seres de sombra, así que decidió no usar demasiado su magia, necesitaba enviar a los sacerdotes un mensaje con las instrucciones para despertar sus poderes y dar inicio a la gran profecía.
Se acerca a uno de los muros y, usando sus propias manos, arranca una delgada capa, lo suficientemente larga para escribirlo todo en un solo rollo, imbuyó tanto conocimiento como pudo para dar a sus mortales sacerdotes las habilidades que podían manejar, usó una fina astilla del mismo muro y su preciada sangre para escribir en el idioma de los purépechas, solicitando después enterrar el manuscrito en algún lugar que considerasen importante y a la vez secreto al mundo entero.
Cuando hubo terminado, le dio el rollo al can y le dijo dónde encontrar al sacerdote que debía recibirlo, luego le deseó suerte y que viviera libre, lejos de aquella prisión.
El can chilló bajo y lastimero, estaba reacio a irse y dejar al dios solo ahí, le prometió buscarlo después de salir de aquel lugar. El can salió un poco más animado, reconociendo la importancia de su mandado, primero asomó el hocico oliendo más allá de la entrada y asegurándose que no había nadie del otro lado, gruñó de satisfacción y, con una última mirada a su actual compañero, se lanzó veloz y enérgico en una carrera que sin duda marcaría la diferencia y el inicio de una profecía de suma importancia.
Ella se acercó a ese extraño lugar que la atrajo en sueños, estaba rodeado de telas colgadas improvisadamente con símbolos y conjuros complejos. Él la esperaba dentro y le sonreía mostrando sus dientes de forma amenazadora. Era bastante más alto que ella, su cuerpo estaba tensamente lleno de músculos y su piel parecía estar cubierta por una delicada capa de terciopelo gris.
Pero era el cristal astillado lo que llamó más su atención, estaba dolorosamente incrustado en el centro de su pecho y emitía una suave luz azul. Él notó su mirada y dejó de sonreír, su enorme mano fue a tocar ligeramente el cristal, sin atreverse a tocarlo demasiado, sus ojos atormentados viajaron del objeto en su cuerpo hacia el rostro que lo miraba, parecía preguntarse cómo sacarlo de ahí.
Él miraba la escena a través de unas rendijas en sus ojos, estaba atrapado en una cámara demasiado fría en la mente de la criatura que ahora controlaba su cuerpo.
Se lanzó contra ella, aprovechando su distracción y creyendo que sería fácil dominarla, pero la pequeña mujer saltó hábilmente, evitando su arremetida con bastante facilidad. Él continuaba yendo hacia ella, intentando conectar sus golpes, había una rabia en aquel ser que lo hacía querer lastimarla, pero ella era muy astuta pues sabía cuándo esquivar, así como sabía que un solo golpe de esos brazos la dejaría fuera de combate. Continuó escapando hasta que, por puro azar, terminó fuera del perímetro marcado por los conjuros, lo que hizo que él quedara atrapado entre su fuerza e ira y un muro invisible que le impedía salir de ahí, sus ojos estaban teñidos de rojo por la furia, su estado era doloroso.
Con un suave y rápido movimiento, ella extrae el cristal y él queda paralizado en medio de un gesto de dolor sin poder emitir sonido alguno, su cuerpo comienza a temblar y sacudirse, sus pupilas se contraen con violencia hasta quedar una mirada azul tranquila y pacífica, la pátina tersa sobre su piel se desprende y cae en forma de un fino polvo al piso, dando paso a una piel suave y bronceada, el cabello fijado hacia atrás en su nuca se libera y cae liso sobre su rostro, ocultando su vista.
Una sustancia viscosa y densa sale por la herida que dejó el cristal, negra y sin olor siendo expulsada del cuerpo.
Justo antes de caer al piso, en sus manos aparece un bastón hecho de una nudosa raíz, que le ayuda a sostenerse, impidiendo caer de lleno sobre ella, él baja lentamente su peso ayudado por el bastón, hasta quedar posado sobre una rodilla y se permite respirar con profundidad. Su piel antes fría, ahora se calentaba provocando la sanación acelerada de la herida, dejando una suave marca rosada.
Ella mira el cristal en sus manos, aún goteaba sangre de sus bordes, era transparente y tenía un espacio hueco dentro, donde había un bicho n***o retorciéndose, similar a las criaturas de sombra que su madre solía ver desde niña, el cristal se sacude y emite una vibración antes de romperse en fino polvo que luego es barrido por un viento cálido y con olor a rosas.
Ambos se miran nuevamente, hacía algunos años que él había desaparecido, su corazón latió con fuerza, dolorosamente. Cuando las lágrimas comenzaron a caer, él hizo un fluido movimiento incorporándose y la estrujó entre sus brazos, ella se estremecía con el contacto de su piel, sollozaba sin creer que ese sueño la había llevado hasta él.
Se aferró a su estrecha cintura sin darse cuenta de que sus uñas atravesaron su piel, él ajustó su tamaño, para quedar más cómodo para ella, mientras pasaba sus manos por su trenza.
- ¡Creí que no volvería a verte!- ella logró decir entre sollozos.
La alejó un poco para mirarla, sus ojos conectaron mientras ella se sacudía, su rostro estaba enrojecido y resaltaba sus infantiles pecas, una curiosa treta del destino, que le hacía olvidar su furioso carácter que se desataba cuando la situación lo ameritaba.
- Lamento profundamente haberme ido de esa forma, no tuve tiempo de nada, debía hacerlo o todo estaría de nuevo al borde del caos. Pude recibir todos tus pensamientos a través del enlace, pero no tenía energía ni poder a disposición para responderte, solo podía escucharlos y saber que estabas molesta conmigo. – terminó él con una sonrisa, luego suspira sabiendo que le esperaba un castigo.
Ella simplemente lo mira, mientras usa su visión para escanear su cuerpo y su ser divino, buscando heridas de cualquier tipo, increíblemente estaba intacto.
- Aunque no lo creas, esos pensamientos tuyos evitaron que me rindiera y cayera en la locura, porque significaba que no me habías olvidado y que en tu corazón aún había un sitio para mí.
Alejandra lo golpea juguetona en el brazo, luego lo sujeta del rostro con ambas manos y roza con angustiosa suavidad sus labios con los suyos. Él podía sentir su divinidad inflarse con energía renovada y poder, influidos por ese tímido gesto, sin darse cuenta de que aquello hizo que su cuerpo regresara a su tamaño normal y su piel se calentaba poco a poco, ella quedó de un momento a otro colgando de su cuello, sujetándose con sus brazos.
Sonrieron ante los casi 40 centímetros que había debajo de sus pies, él la bajó al piso con un cuidado que la conmovía. A pesar de poseer una fuerza extrema, con ella era casi tan dócil como un gatito, Alejandra lo sabía bien, aún tenía recuerdos de su estado de bebé, en los que él le daba miradas llenas de afecto. Era bochornoso pensar que él la conoció en pañales y babeante.
- Parece que me fui por algunos años, te ves muy parecida a tu madre, ¿Cuánto tiempo me fui?
Alejandra puso cara seria de pronto, recordando aquel día en el que sus padres partieron definitivamente, evitando a duras penas una catástrofe, en la ciudad aún había marcas de aquel terrible evento, el 17 de septiembre de 2017 quedó grabado en la historia del país.
-
En una semana se cumplen 2 años de la muerte de mi madre, justo el día en que te fuiste.
- Tu madre usó todo su poder y energía para regresar a su estado de letargo al dios de la tierra, Tepeyóllotl, él podía haber sepultado cada ciudad del mundo, esas criaturas aprovecharon para intentar llegar a las puertas del Mictlán, para irritar a los dioses del inframundo. Debía irme para detenerlos, estuve plantado en las puertas ganando tiempo de que las deidades las cerrarán, ellos están ahí dentro esperando que esos bichos desaparezcan para volver, se quedaron sosteniendo a los dioses primordiales. Me vi abrumado por esos bichos y todos formaron una masa que logró atraparme. Me llevaron a un sitio, nunca supe donde era, sólo recuerdo que era una montaña muy alta y fría, no podía usar mi poder, ahí apareció el responsable que los creó, era una mujer grotesca y deformada, toda ella emanaba resentimiento e ira, con un dedo y su uña afilada me perforó el pecho, quedando su dedo incrustado. El dolor era espantoso, sentía mi piel arder. Ella cortó su dedo que se cristalizó y creció hasta eso que viste. Era una especie de maleficio, ya que de pronto estuve atrapado en una cámara dentro de la mente de la criatura que controlaba mi cuerpo, era como ver el mundo a través de una ventana. Aún no sé cómo tus pensamientos llegaban hasta mí.
Alejandra escuchó con atención, a pesar de las dificultades, ella y su hermano fueron entregados por Fausto y Sofía, logrando un dominio y poder equiparables a los de sus padres. Con un breve pensamiento una onda destructiva, igual a la que usaba David, sale de ella y destruye todo el improvisado recinto, incluso los conjuros no pudieron hacerle frente, todo estuvo desintegrado segundos después. Juri estaba muy débil, aunque se esforzaba por ocultarlo.
Ella lo sujeta de una mano que caía pesada a su costado, luego con un parpadeo los llevó a ambos al Pent-House de la ciudad. Él nota que algo estaba diferente.