Tamara llega antes y ya tiene lista cena.
Después de comer, ellos se instalan en mi sofá a mirar tele y Tamy me acompaña para que descanse. Por la mañana iremos a la policía para hacer la declaración. Los analgésicos que me dieron son como para dormir a un caballo porque apenas puse la cabeza sobre la almohada fue como perder el conocimiento.
No sé cuántas horas duermo, pero al despertarme veo que está oscuro. Me levanto sigilosamente. Escucho voces en el comedor. Abro un poco para escuchar. Son Tamy y Andrew. Ella suena con coquetería y él ríe de sus comentarios como tonto. Siento que alguien se aproxima. Imagino quién es. Para hacerlo sentir avergonzado me quito el camisón y me paro delante de mi cómoda distraídamente. Al abrirse la puerta veo por el reflejo del vidrio de la ventana que es Bruno,me mira embelesado.
-Disculpa. Escuche ruidos y pensé que podías necesitar algo –Entra y entorna la puerta tras él
-Estoy buscando algo que ponerme para ir a la comisaría.
-Para mí así estás perfecta pero no creo que tu hermano lo apruebe
Puedo notar como lentamente se acerca hacia mí. Rodea mi cintura con sus manos y me dice al oído.
-Esta remera me gusta –toma una prenda al azar
-¿Sólo la remera?
-No, vos me encantas
Su aliento en mi cuello me estremece. Él lo sabe. Me voltea con suavidad hasta que nuestras bocas quedan a pocos centímetros. Puedo olor su aliento fresco y sentir cómo su respiración se acelera. Sólo bastaría ponerme en punta de pie para atrapar sus carnosos labios. Pero me resisto. Atrapada entre el cajón abierto y su cuerpo no tengo dónde ir. Lentamente se acerca a mi oído
-Te comería a besos. No sabes lo tentadora que estás y no te imaginas cuánto te deseo.
Trago la saliva que se acumula en mi garganta. ¡Dios! ¿Dónde dejaste la vergüenza de este hombre?
Me da un suave beso en los labios, luego acaricia con su pulgar donde lo tengo lastimado y vuelve al ataque, pero esta vez con más ganas. Lo dejo. Su sabor me gusta y disfruto de su contacto. Su mano pasea distraída por mi espalda ocasionando sensaciones en mi bajo vientre. Mi cuerpo tiembla por su tacto. El beso se intensifica y sus manos recorren con más ansias mi cuerpo, que responde a cada uno de sus movimientos. Poco a poco nos vamos acoplando. Sus manos aferran mi cola y la aprietan contra su cuerpo hasta que siento un bulto entre sus piernas que se apoya en mi vientre.
Eso me asusta.
Sé lo que eso significa.
Lo separo y tomo distancia de él. Estamos jadeando. Trato de recobrar la cordura.
Por mi mente se cruzan millones de cosas a la vez. Mi hermano está en el comedor con mi mejor amiga. Estoy con un extraño con el que me pasan cosas que no me pasaron jamás con ningún otro hombre y que no logro controlar. Tengo que conservar mi pureza pero este hombre hace que pierda totalmente la cabeza. Estoy en ropa interior frente a este extraño. Sé que yo lo provoque. Pero pensé que se apenaría de verme en ropa interior no que me abordaría.
¿Pero qué me pasa? Hago tonterías cuando estoy cerca de él.
-Perdóname. No puedo controlarme cuando te tengo cerca. Menos si estás con tan poca ropa. Me nublas la razón.
-Disculpa. No debí dejarte entrar sabiendo que no estaba presentable.
-Soraya no puedo continuar con esto. Te deseo con todo mi cuerpo y mi mente. No puedo pensar en otra cosa que no sea llevarte a mi cama. ¡Dios! ¡Mujer! Estoy totalmente perdido.
-Necesitamos tomar distancia. Apenas nos conocemos y…
-Y sentís igual que yo. –Asegura
-Necesito vestirme para salir. ¿Podrías, por favor? –trato de desviar el tema
Sin decir nada sale de la habitación y entra al baño. Tamara entra corriendo a mi cuarto
-¿Estás bien?
-Sí, muy bien –trato de disimular mi excitación.
-Ok. Te espero en la sala.
Me visto con un jogging gris suelto y un buzo. Mi atuendo no es para nada sugestivo y menos atractivo para un hombre. Mejor es lo que busco, calmar tentaciones.
Después de la declaración mi amiga sugiere que lo mejor sería que me quede, por esta noche, con ella en su casa. Pero la verdad no tengo ganas de estar con nadie. Necesito soledad, una peli dramática y un buen pote de helado como único compañero. Así que por más que insisten todos yo me pongo firme y logro lo que quiero. Bueno casi, ya que a cada hora me llaman para saber si necesito algo o si estoy bien. Hasta que harta de tanto control descuelgo el teléfono, apago el celular y me acuesto a descansar. Ya son las dos.
Temprano suena el despertador. Me levanto casi con los ojos cerrados y me voy directo a la ducha. Al salir me siento renovada. Pero para mi sorpresa al llegar a la cocina lista para salir, me encuentro a mi adorado y controlador hermano preparando el desayuno.
-Buen día princesa ¿Cómo te sentís?
-Muy bien, gracias. No hacía falta que te tomaras la molestia.
-No es molestia. Estoy para cuidar a mi hermanita menor. Y como responsable tuyo ya saqué pasajes para que volvamos a casa hoy por la tarde.
-¡¿Estás loco?! ¡Ni lo sueñes! No sos el dueño de mi vida y tengo hasta fin de año para…
Me corta poniendo dos dedos en mis labios
-Tranquila. No te estoy raptando. Sólo iremos unos días. El doctor recomendó unos días de reposo. Bruno llevó tu certificado a tu trabajo, en donde desde luego no han podido oponerse. Menos después del trauma que tienes por lo pasado.
-¿Pero si no tengo ningún trauma?
-Eso lo decís ahora, pero es mejor estar seguros. Vamos princesa, unos días con la familia te vendrán de maravilla. Desayuna y luego llama a tu trabajo, verás que no miento.
-Lo voy a hacer ahora mismo. Bueno a las nueve, ahora mismo no hay nadie.
Desayuno con mi controlador hermano mayor. Pero creo que su intención del desayuno fraternal tiene un trasfondo. Hasta que lanza su pregunta y sé de qué se trata todo.
-¿Qué relación tenes con ese tal Bruno? ¿Te gusta?
-¿Qué preguntas son esas? No voy a decirte nada.
-Vamos princesa, sólo trato de ayudar.
-Pues no te metas que así ayudas mejor. Yo tendría que preguntarte lo mismo sobre Tamara.
-¿Qué con ella?
-Te gusta lo sé, te vi la cara de tonto cuando hablas con ella.
-Sí, me gusta. Pero no quiere decir que entre nosotros haya algo.
-Pues acepto viajar unos días si ella viene con nosotros.
-Es un viaje familiar, no vacaciones con amigos.
-Ella es como de la familia para mí. Si no va, no voy
-Ok. Ella va pero Bruno también.
-¿Y él qué tiene que ver? No es de la familia ni amigo íntimo ni nada.
-Me cae bien, con eso me alcanza.
-Pues no voy
-Sí, vamos todos. Ya le mande un mensaje a Bruno –me muestra el celular en su mano- Encárgate vos de Tamara.
-Sería lindo que la invitaras vos.
-No. Es tu idea, tu invitada. Tengo que irme. Nos vemos por la tarde. Estate lista. Paso a las cuatro –me da un beso en la frente y se va.
Para asegurar lo que dijo llamo a mi trabajo. Hablo con Carla y ella me corrobora mis días de licencia. Tengo hasta el lunes. Y por suerte tomaron a dos chicas para mejorar el trabajo. Eso me deja más tranquila.
Más relajada preparo lo que necesito para viajar. Llamo a Tamara y le ruego que viaje conmigo. No tengo que pedirlo muchas veces, a la tercera ya tiene la valija en la mano.
Le pido a Andrew que pase primero por Tamara y luego por mí. Pero él tiene otros planes. A las cuatro en punto suena el timbre.
-Ya voy.
Bajo con mi valija y me encuentro con Bruno.
-Tu hermano me pidió que pase por vos, ya que me queda de paso al aeropuerto.
Le entrego el equipaje y subo al auto sin siquiera saludarlo. Él sonríe.
Durante el corto trayecto de una hora, casi no decimos palabras. Yo estoy sumida en mis pensamientos. Pero veo que varias veces me mira de reojo.
-¿Por qué venís a este viaje?
-Porque tu hermano me invito
-¿Sólo por eso?
-Tengo que reconocer que estar cerca tuyo me gusta. Conocerte un poco más, saber tus gustos. Conocer a tu familia.
-¿Estás interesado en mí?
-Te lo dije el otro día. Me gustas.
-Pero estas comprometido y parece que yo también.
-Ya sé. Pero tal vez podamos librarnos de esos compromisos uniéndonos. ¿Qué te parece?
-Que estás totalmente loco.
-¿Por qué? De esa manera los dos ganaríamos
-¿Los dos ganaríamos? Yo al no casarme con un extraño pero ¿vos?
-Algo que te dije el otro día en tu cuarto. ¿Te acordás?
Me quedo pensando hasta que por fin lo recuerdo. Tenerme en su cama.
-¿Serías capaz de casare conmigo sólo para poder meterme en tu cama?
-Eso solo no, también para que fueras la madre de mis hijos, mí adorada esposa, la mujer de mis sueños.
Después de esas palabras no abrí más la boca y él tampoco.