Mi suerte
Tengo que apurarme si no quiero llegar tarde a mi trabajo. Ana me pidió que le cambiara el turno para que ella pudiera salir de viaje más temprano. Hoy se va unos días a Córdoba con su novio. No pude decirle que no. Ella siempre hace el turno nocturno porque a mí no me gusta. En fin, espero hacer mejores propinas que las que hago al mediodía.
Me pongo la campera de jean, agarro la mochila y salgo a toda velocidad. Son las seis, si tomo el colectivo ahora llegaré a tiempo.
Como es mi costumbre llego con el corazón en la boca y los minutos contados. Andrés, mi jefe, me detiene en la puerta. ¡Qué suerte la mía!
-Otra vez llegando tarde señorita Mac Leond
-Disculpe señor, es que el colectivo no paró y…
-Mejor comience con sus tareas antes que me arrepienta, la mande a su casa y le descuente el día. Hoy tenemos una cena de empresarios muy importantes y quiero la mejor atención para ellos –dice muy altanero
Muy calladita y como un rayo me voy a poner el uniforme, para comenzar mi jornada. El restaurant es temático de tango, por lo que todas vestimos al tono. Tengo que admitir que me queda pintado. La pollera tubo negra casi hasta la rodilla con un tajito a un costado, marca mis curvas a la perfección, y la camisa blanca entallada abierta y con la gargantilla negra ceñida al cuello, resalta mis ojos negros y otras virtudes. Por eso, siempre me ato el pelo en una cola de caballo tirante. Nuestra vestimenta va cambiando cada semana, otras veces usamos vestidos muy sexis con un sombrero tanguero y un liguero que atrae muchas miradas. Trato de no maquillarme, ya que así llamo bastante la atención de los clientes.
-Señorita Soraya, usted atenderá las mesas del centro. –Me indica mi jefe- En especial la de los empresarios. Por favor ponga su mejor voluntad.
-Sí señor –como si fuera mala en lo que hago, pienso mientras veo cómo se va el amargado.
Terminamos de acomodar el salón y a las ocho de la noche abrimos las puertas. El restaurant está catalogado como uno de los mejores de la ciudad, siempre tiene buenas críticas en las revistas y en las webs. El chef, Anthony, un francés muy simpático y mujeriego, tiene una mano realmente buena y de categoría en la cocina, y por lo que me cuentan algunas compañeras, en otros asuntos también. Otro atractivo del lugar son los diversos shows de baile y canto de muchos artistas que pasan por nuestro local, ayuda a que cada día sea más exclusivo; y aumenten mis propinas.
Los primeros comensales entran y Susana, nuestra recepcionista; una bella joven de cabellos largos, figura esbelta y hermosas piernas; los lleva hasta sus lugares de reserva. Porque si no tienen reserva te aseguro que no comen. Algunas están hechas desde hace meses.
La noche transcurre con bastante trajín y se pone peor cuando llegan los de la mesa empresarial, un grupo numerosos. Por suerte ya está dispuesto un menú para ellos, lo que me facilita el hecho de tener que acordarme cada pedido de los doce hombres presentes.
Me acerco a la mesa para tomar el pedido de bebidas
-Buenas noches, mi nombre es Soraya y los atenderé esta noche, por favor cualquier cosa que necesiten no duden en llamarme. –Sonrío y veo a varios responder de la misma forma.
Después de presentarme y de anotar todo, vuelvo a la cocina y comienzo a llevar el pedido. Luego de las bebidas sirvo la entrada. Los veo muy concentrados en sus charlas, pero yo estoy atenta a que cuando terminan de comer retirarles rápidamente los platos o llenar sus copas si lo necesitan.
-Soraya ¿viste que lindos hombres te toca atender esta noche? ¿No quieres una manito? –Dice Marita, otra camarera- El de camisa negra está para comérselo.
-¡Marita! ¡Mujer que estás casada!
-Pero no ciega –me guiña un ojo mientras se va de la cocina.
No había prestado atención a sus rostros o figuras porque de verdad estoy hasta la cabeza de trabajo, pero ahora que lo menciona, es verdad hay algunos nada despreciables y muy tentadores.
Al pasar cerca de la mesa uno de los hombres me llama
-Soraya, disculpa, ¿serías tan amable de traerme otra botella de Luigui?
-Enseguida señor
-Por favor, no soy señor –sonríe con coquetería.
Su respuesta me descoloca, pero voy a buscar lo que pidió.
Dejo la botella de vino sobre la mesa pero el hombre hace ademán para que le sirva la copa. Con delicadeza lo hago y éste hace un comentario bastante obsceno para referirse a mi trasero. Hago de cuenta que no escuche, dejo la botella y me marcho súper furiosa. Pensé dejarlo pasar, pero distintos comentarios ofensivos continuaron durante toda la noche. Marita al verme tan enojada me pregunta el motivo. Le cuento lo que sucede y ella maldice, sabe que soy perro de pocas pulgas y que voy a estallar en cualquier momento.
Son cerca de las doce de la noche y al parecer estos benditos hombres no pretenden retirarse y yo que ya quiero irme a dormir.
-¡Estúpido! ¡Estúpido! ¡Estúpido! ¡No lo soporto más! Si vuelve a decir alguna otra cosa más sobre alguna parte de mi cuerpo ¡Lo mató!
-Vamos Sory, cálmate. En poco rato se van y ya no tendrás que volver a soportarlo.
-Por más guapo que sea su vocabulario hacia una mujer es bastante callejero. Éste tiene de delicado y finoli lo que yo de modelo.
Nos reímos para relajar. Pero los comentarios continúan.
Estoy al límite de mi tolerancia, y este maldito estúpido que no deja de molestarme. Mi rabieta es tal que al darme vuelta para alejarme, con mi suerte, choco sin querer a otra mesera y ésta derrama sobre el infeliz unos postres, bañándolo por completo. Casi me muero de la risa pero con mi mejor cara intento ayudar a mi compañera a levantar el desastre.
-Deberías limpiarme a mí bonita, yo soy el más afectado por todo este desastre. Esta tonta no sabe llevar una bandeja y la derrama sobre mí. –Dice el hombre con desprecio- ¡Qué falta de respeto por el cliente!
Ya sin una gota de paciencia, me pongo en pose combativa y le excepto al muy cretino en su cara
-El respeto se gana y usted no se merece ni lo más mínimo. ¿De qué respeto habla cuando toda la noche se la pasó molestándome y diciendo cosas obscenas de mí? –grito fuera de mí
-¡¿Disculpa!? –Dice incrédulo- ¿Con quién crees que estás hablando? Yo soy el cliente y siempre tengo la razón.
-¡Pues qué mal! ¡Porque gente como usted ni con esa frasecita merece la razón!
Todos los presentes comienzan a cuchichear. Sin querer seguir escuchando las burradas de semejante energúmeno me doy la vuelta y lo dejo con la palabra en la boca. Lógico que eso no le gusto, así que no tuvo mejor idea que seguirme hasta la cocina para seguir diciéndomelas. Cansada de la situación estoy a punto de contestar como una yegua desbocada pero mi jefe me detiene
-¡Soraya! Tu comportamiento es inapropiado, discúlpate con el señor.
¡Qué me parta un rayo! ¡Ni borracha me disculpo! Pero faltaba más. Mi cara se descompone al ir pensando todas las posibles respuestas.
Éste al verse defendido pone su mejor cara de “Te gané” esperando mi disculpa.
-¡¿Qué yo qué?! Éste… -lo señalo- “señor”- remarco la palabra con desprecio- se pasó toda la noche diciendo cosas nada respetables de mí. Y no dije nada porque es un cliente, pero no puedo permitir que trate mal a otra compañera por un simple accidente. ¡Ni loca me disculpo!
-Pues entonces estás despedida. –Dice con rotundidad Andrés
Lo miro con una furia que podría atravesarlo. Cierro la boca y me voy del lugar maldiciendo para mis adentros.
Marita al ser testigo de todo lo pasado me sigue hasta la parte de atrás del restaurant para conversar, pero yo estoy tan fuera de mí que lo único que puedo decir son maldiciones.
-Tranquila Soraya, seguro que si hablas con Andrés y le explicas bien la situación te comprende y no pierdes tu trabajo.
-Ese imbécil lo único que quiere desde que entré es echarme. Es un estirado, engreído y nunca va a ponerse del lado de una simple mesera. Él como ese otro estúpido son de la misma calaña.
-Soraya respira, pensa antes de hablar. No digas esas cosas. Andrés es buena persona.
-¿Buena persona? Jamás tiene palabras amables con el personal, siempre se la pasa dando órdenes sin siquiera molestarse en comprobar el esfuerzo que cada uno de nosotros pone para que todo salga bien. Es un chiste de persona. Tan estirado, queriendo mostrarse superior a todos –no puedo dejar de gritar y de hacer gestos con las manos.
-Pero tal vez no lo conoces, no digas esas cosas. –Trata de calmarme pero yo no puedo calmarme
-No me interesa conocerlo. El sólo hecho que se haya puesto del lado de ese idiota me alcanza para conocer qué tipo de persona es.
-Soraya –dice ella mirando sobre mi hombro
-¡Soraya nada! Estoy tan enojada que me gustaría decirle en la cara unas cuantas cosas
-Pues la escucho señorita Soraya –dice una voz que reconozco al instante, detrás de mí.
Me pongo tensa de golpe. ¡Mierda! ¡Mierda! ¡Mierda! De esta sí que no salgo. Cierro los ojos y trato de respirar pero parece que me quedé sin aire.
-Dígame señorita Mac Leond, soy todo oídos.
Me doy vuelta con mi mejor cara de carnero degollado.
-Yo… no quise… la verdad estoy tan arrepentida… no fue mi intención decir esas cosas.
-Parece que ahora se quedó sin opiniones sobre mí. ¿O le queda alguna otra que quiera compartir?
¡Dios! Siempre meto la pata. Maldiciendo por dentro pienso: le digo lo que realmente pienso, total ya estoy despedida pero eso hará malas recomendaciones, o mejor pido disculpas y me voy en paz.
Mejor irme en paz.
-Disculpe señor, la verdad me extralimité con el cliente y con las cosas que acabo de decir de usted. No tengo justificativo para mi comportamiento. Mañana pasaré por la paga y a devolver el uniforme, si le parece bien. –Hablo sin respirar y como una ametralladora
-Bien. Mañana la espero. Y usted señorita Marita no es horario de descanso.
Sim más se da la vuelta y entra al local.
Ella me mira incrédula.
-Es lo mejor. Así tal vez logre una carta de buenas referencias.
-Lo siento mucho –me abraza.
-Igual pensaba buscar otro trabajo. –Digo poco convencida- Entra antes que te quedes sin empleo también y no quiero que seamos dos las desempleadas.
Nos abrazamos y entramos juntas, ella a trabajar, yo a juntar mis cosas.
Al salir voy pensando qué voy a hacer, necesito encontrar otro empleo urgente. Nadie va a pagar mis cuentas, ni los gastos de la casa, menos la comida. Además tengo los gastos de facultad… Va, sí tengo quién pague pero no voy a dar mi brazo a torcer y demostrarle a mi familia que dependo de ellos.
De pronto escucho una terrible frenada. ¡Hoy no es mi día!
-Pero ¿Qué haces? ¿No ves por dónde vas?
-Yo voy bien, sos vos quien no presta atención a la calle. ¡Casi me matas! –grito
Comienzo a decir toda clase de cosas pero cuando veo al hombre bajar del auto me quedo helada, sin palabras. Él es alto, moreno, lindos ojos, labios tentadores y una pequeña arruga en su frente que lo hace verse más impresionante. Se para justo delante de mí. Me pongo pálida, tiesa, muda.
-¡He! Tranquila, no voy a lastimarte. ¿Estás bien? –su tomo es más relajado
Asiento con la cabeza, no logro emitir sonido. ¡Qué bien huele!
-¿Querés que te lleve al hospital para asegurarnos?
Niego con otro movimiento de cabeza.
-¿Sos la mesera que discutió en el restaurant? –Me reconoce- Mira te pido disculpas por el comportamiento de mi colega, pero tal vez si tu…
Al escuchar esas palabras recobro el sentido y mi cerebro vuelve a poner en marcha la máquina que da lugar a mi mal genio.
-¡Gracias por no chocarme! Espero no tener que volver a cruzarme con ninguno de tus colegas ni vos nunca más. Sólo me generan problemas.
Dicho esto me alejo a paso firme dejándolo totalmente descolocado.
Rumiando mi mal día espero mejorarlo, así que llamo a mi novio. Tal vez él me logre cambiar el humor.
Media hora después me pasa a buscar en su precioso Chevy naranja para ir a dar una vuelta. Eso me pone de mejor humor.
Nos paramos en la costanera. La noche está hermosa, algo fresca, pero ideal. Yo quiero salir a caminar pero él parece tener otras intenciones.
Después de una buena sesión de besos y arrumacos, noto que Marco comienza a levantarme la remera. Lo freno.
-Marco no, ya lo hablamos. No voy a tener relaciones con vos, menos aquí.
-Pero podes hacerme un favorcito
-¿Qué favorcito? –pregunto entre caricias
-Vamos mujer, sabes qué clase de favor me ayudará a descargar mi tensión –toma mi mano y la pone sobre entrepierna, que a decir verdad está bastante abultada.
-¡Ni lo sueñes! –Lo separo de un empujón- Yo quiero que cuando nos casemos podamos experimentar sobre el sexo como una pareja que se ama.
-Sólo dame un adelanto. Para que pueda relajarme.
Sin estar dispuesta a claudicar a sus descarados deseos, pasamos del amor al odio en segundos. Hasta que, totalmente enojado conmigo, me deja en la puerta de casa y se va echando humo por las orejas…y otro lado.
No sé si reírme o llorar. Éste fue el peor día de mi vida. No sólo me volví una desocupada más sino que ahora, también una posible soltera.
Entro a mi departamento, me saco la ropa y me acuesto. Tal vez pueda dejar todo atrás y mañana sea un mejor día.
»»»» ∞ «««
-Esa fue la peor cena de mi vida. Te comportaste como un idiota con esa chica. Perdió su trabajo por tu culpa. Espero que mañana seas más caballero, te acerques al lugar y te disculpes con ella.
-Lo haré Bruno, lo haré. Nos vemos mañana. No te olvides de llevar los documentos para la firmarlos en la junta.
- No los olvidaré. Menos mal que los inversionistas no se echaron para atrás. Adiós.
Deja el teléfono sobre la mesa y se queda parado frente al ventanal, pensando con la mirada fija en el paisaje de edificios que se presenta frente a él.
¿Qué le pasa con esa joven? Algo en ella le llamó la atención, se sintió hechizado por sus ojos.
Sin poder sacársela de la cabeza piensa en cómo podría hacer para volverla a ver. Sabe que por lo sucedido ya no trabaja allí.
Enojado consigo mismo por no haber controlado a su amigo y por haber permitido una injusticia se sirve un whisky y se sienta en su escritorio para darle una última ojeada a los documentos.
Cansado de todo se acuesta en su preciosa y enorme cama.
Al día siguiente sale como todos los días hacia su empresa en su Audi R 8
Desde hace varios años que está en un proceso de re-estructuración, lo que le genera muchas horas de viajes, reuniones y esfuerzo por sacar adelante la empresa familiar.
Al llegar, varios jefes lo esperan para una importante reunión.
Después de varias horas deciden tomar nuevos proveedores, realizar nuevas publicidades, tomar más personal y re organizar algunos departamentos.
Por fin pudo juntarse para almorzar con Ulises, su socio y amigo de toda la vida.
Piden el almuerzo, hablan de temas de trabajo. Todo va bien hasta que tocan el tema de la camarera
-¿Ya te disculpaste con la chica de anoche?
-No, voy a ir por la tarde. No podía faltar a la reunión.
-Si fue despedida tené la amabilidad de ofrecerle un empleo. Creo que es lo correcto.
-¿Por qué te importa tanto esa mesera?
-No es ella, es hacer lo correcto.
-No te preocupes. Haré lo que tenga que hacer. Por cierto, ¿ya conociste a tu prometida?
-No, aún no. Espero no sea una vieja, gorda y con una verruga en la nariz –se ríen- ¿Te imaginas yo casado con una mujer así?
-No te veo ni en sueños. Más bien creo que debes desistir de esa locura y volver con Violeta. Ella tiene estilo, carisma y mucho dinero.
-Pero es tan fiel como el dinero que tiene.
-Pues podes hacer un acuerdo de infidelidad.
-¡Estás loco! Si querés te la dejo a vos.
-Creo que mejor me busco una yo mismo. Y ¿qué tal tu secretaria? Se nota que a ella le gustas y mucho.
-No mezclo trabajo con placer.
-Yo si podría hacerle el favor.
Después de bromear sobre sus relaciones amorosas por un buen rato, dan por terminado el almuerzo. Ambos vuelven a la empresa y a sus lugares de trabajo. Pero no puede dejar de pensar en esa mujer que se cruzó en su camino.