Empezar de nuevo

4681 Words
Para mi desgracia no pude dormir tan bien como tenía pensado. Mis lindos vecinitos solteros del piso de arriba decidieron hacer una fiesta, por lo que nadie en el bendito edificio pudo descansar. Claro, ahora que es temprano reina la paz. Por lo menos me hubieran invitado, quizás un poco entonada lograba dormir. Con unas ojeras que me llegan hasta el piso y un humor de mil demonios me levanto. Tengo que ir a devolver el uniforme y cobrar la liquidación. Pongo la tele para escuchar las noticias. Mientras me doy una buena ducha para despejar la cabeza, pienso en buscar otro trabajo, pero no de mesera, quiero algo más acorde a mis estudios. Si todo sale bien en dos años terminaré mi carrera en economía. Luego haré una licenciatura. Así que tal vez pueda dejar currículum en diversas empresas que se ajusten a lo que pretendo. Quien dice puedan tomarme como secretaria, administrativa o en un banco. Con mejor cara y humor, salgo del baño. Decidida a cambiar el mal día de ayer me pongo un jean, una remera sin mangas, ajustada y unos zapatos bajos. Me miro en el espejo y me ato el pelo en una colita alta. Lista, salgo de casa camino a mi antiguo lugar de trabajo. Como no tengo que salir corriendo como todos los días, voy caminando tranquilamente. Entro al local, está vacío. Ni las chicas han llegado. Miro el reloj son las ocho y cuarto. Ahora entiendo por qué no hay nadie, todos entran a las diez. Voy hasta el fondo, a la oficina de mi ex jefe. Golpeo la puerta y entro. -Buen día señor, vengo a devolver el uniforme y a cobrar lo que me corresponde. -Soraya, increíble que haya llegado tan temprano –dice con sarcasmo.- Siéntese por favor. Me acomodo en la silla que me indica. -Tengo que admitir que el cliente ayer no mantuvo un comportamiento adecuado con usted, pero la verdad que insultarlo tampoco fue una solución. Soraya usted es una buena empleada pero entienda que no puedo permitir esta clase de conducta. Somos un renombrado y distinguido restauran. -Lo entiendo señor. Sé que me pasé pero a mi favor ese hombre hasta trato de tocarme cuando le serví el vino, y traté de mantener la compostura. Pero el que le gritara a una compañera por un accidente no me pareció justo. -La entiendo. Pero entienda mi postura. -Lo sé. Lo entiendo –digo con amargura -Pero tengo para proponerle un trabajo. Uno de los empresarios presentes ayer me pidió que le diera esta tarjeta y que cuando usted lo crea conveniente se acerque para una entrevista. Él la defendió en todo este asunto y cree que es una buena persona. Tal vez tenga la oportunidad de comenzar un nuevo camino –me pasa la tarjeta -Gracias –la agarro y la guardo en el bolsillo trasero de mi pantalón. -Lamento mucho perder una gran empleada, pero no me queda otra salida. No puedo creer sus palabras. El cielo se va a caer. Creo que en el fondo si me aprecia. Después de liquidarme el mes, me retiro con mucha tristeza. Fueron tres años de mi vida en este lugar. Voy a extrañar a mis compañeros. Sin pensar más en lo que añoraré este sitio salgo dispuesta a darle un nuevo giro a mi existencia. Lo primero: conseguir un nuevo trabajo. Compro el diario y me siento en un bar a leer los clasificados mientras desayuno. Marco unos cuantos potenciales. Ahora a rearmar mi currículum. Antes paso por la librería y compro unos sobres y carpetas. Ya en casa preparo todo, me cambio los jean y remera por un lindo vestido azul oscuro más acorde para llevar los sobres a las empresas que marqué. El primer lugar no está muy lejos de casa, eso es bueno porque no gastaría tanto en pasaje y tengo más tiempo disponible para estudiar. Así que carpetas en mano y mi mejor cara salgo hacia allá. Al llegar al edificio los nervios me traicionan y me tropiezo, haciendo que las carpetas se me caigan de las manos. Un joven muy atento y atractivo, me ayuda a levantar todo. Con una sonrisa le agradezco. Entro a la recepción y una chica muy amable me dice que espere, que en unos minutos me recibirá el gerente. Eso me pone más nerviosa. No esperaba tener una entrevista ahora mismo. Tomo asiento en un cómodo sofá y trato de relajarme. Respiro profundo. Luego de quince minutos sale de una oficina una chica muy sonriente saludando a un hombre que le tiende la mano. Éste se acerca a la recepcionista y ella me llama para que pase con el señor que acaba de acercarse a su oficina. Me levanto, con una sonrisa le paso la mano y me presento. Entramos a su oficina, muy acogedora, bien decorada y moderna. Yo estoy de lo más nerviosa. Se acomoda en su sillón y comienza a leer los papeles que le entregué. Al terminar los deja a un lado y me realiza algunas preguntas. Luego me informa de los diversos puestos vacantes y me sugiere que le gustaría que cubra el cargo de secretaria en el sector comercial. Mi función sería atender diversas tareas, controlar documentos, archivarlos, ver los proveedores, etc. Hay posibilidades de ascenso y un buen salario. Eso hace que me olvide de todos mis nervios y, sin dudarlo, acepto. Lo que no sabía es que sería inmediato. El hombre, que se llama Jorge Perez, me acompaña hasta el tercer piso y me presenta a otra chica que está sentada en un escritorio, tapada de papeles y sacando humo de los dedos de tan rápido que los mueve sobre el teclado. -Carla, buen día. –Nos mira- Te presento a Soraya, ella será tu nueva compañera. -¡Gracias a Dios! -exclama- ¡Ya era hora! -Soraya ella te enseñará todo lo que se necesita y de a poco podrás ponerte al día. -¿Pero… empiezo hoy? –digo incrédula -Sí, sí. Cuanto antes mejor –responde el hombre.- Más tarde ella te llevará al departamento de personal para que te ingresen hoy mismo. -Muchas gracias señor Pérez –de verdad le estoy muy agradecida. No puedo creer que mi suerte haya cambiado. -Jorge, llámame Jorge. -Gracias Jorge. Una vez solas, Carla comienza a explicarme las cosas básicas. Pasamos el resto de la mañana y parte de la tarde con unos documentos de carácter urgente. A eso de las tres vamos a la oficina de personal. Allí nos atiende un joven muy simpático, llamado Athos. Su nombre me hace acordar a los tres mosqueteros y sonrío. -Sí, lo sé, soy uno de los tres mosqueteros ¿verdad? -Lo siento, no fue mi intensión. -Tranquila, estoy acostumbrado, es la típica reacción de todos al escuchar mi nombre y cuando sepas que mi hermano se llama Aramis ni lo digas. Todos reímos -Fan de los tres mosqueteros tu mamá -Sí, ni lo dudes. Charlamos por un ratito mientras me hace el ingreso, me muestra dónde se debe fichar y me dice el horario de trabajo. Firmo un contrato por tres meses, en los que estaré a prueba y luego me pondrán efectiva. Lógico si antes no me mando ninguna de las mías. Por ser mi primer día salgo después de firmar todo. Saludo a mis nuevos compañeros y me voy con una sonrisa en mis labios. Por fin cambio mi suerte. Al llegar a casa llamo a Marita para contarle mi buena nueva. Hablamos un ratito nada más porque ella tiene que entrar al restauran. Pero quedamos en encontrarnos al término de su turno para ir a tomar unas copas. También llamo a Marcos, sé que sigue enojado y tal vez fui muy dura con él. Pero no responde. Seguro tiene mucho trabajo en el taller y no puede contestar ahora. Lo llamaré más tarde. Feliz por tener un buen día, me preparo para salir con mi amiga. Son las doce y Marita sale del lugar contenta de verme. Me abraza y junto a ella sale Ana. Las tres vamos a un bar cercano. Mañana me levanto temprano y no quiero llegar tarde a mi primer día. Después de tomar unas cervezas Marita me comenta que el tipo con el que discutí, y me costó el trabajo, volvió para disculparse por su comportamiento, y al saber que ya no trabajaba se puso nervioso. -Andrés aceptó las disculpas pero al informarle que ya no formas parte del plantel el hombre insistió para que le den tus datos. -¿Mis datos? ¿Para qué? -Según él quiere disculparse y ofrecerte un puesto en su empresa para remediar tu pérdida laboral. -Al menos sintió culpa por lo sucedido –intervino Ana.- Quizá sea verdad que está arrepentido. -No importa –la corto- ya tengo un nuevo empleo ¡Vamos, brindemos por mí! Levantando nuestras jarras, chocamos los vidrios y bebemos. Cerca de las dos Ana me deja en mi departamento un tanto entonada. Por la mañana tengo un terrible dolor de cabeza y mala cara por descansar poco, pero valió la pena. Me doy una ducha rápida y me pongo una linda pollera marrón y una camisa cremita completando el atuendo con unos zapatos del mismo tono que la camisa. Lista salgo rauda para llegar bien. Por suerte llego diez minutos antes, ficho, paso por la cafetería y me llevo un café con unas galletitas hasta mi escritorio. Allí comienzo con las tareas que Carla me indicó que dejaría sobre mi lugar para que empiece a trabajar. Al llegar mi compañera me dice que tenemos que ir hasta otro departamento para una reunión con uno de los gerentes comerciales. Mi primera reunión de trabajo. Subimos hasta el quinto piso. Mientras charlamos de cosas cotidianas llegamos a la oficina. Nos sentamos a la espera del resto del personal. Una vez la sala se llena de gente, un hombre comienza a dar directivas sobre diversos temas. Algunos cambios con determinados clientes y otras indicaciones técnicas. Una vez terminada la reunión, Carla me pide que la acompañe en el almuerzo. La empresa cuenta con comedor propio y una gran variedad de platos. Una vez elegido el almuerzo nos sentamos a disfrutar de una rica comida. Carla me cuenta que el que dirigió la reunión es el gerente general comercial de la empresa. Es un hombre sumamente exigente, serio y no le gustan los errores por descuido. Me sugiere que me mantenga al margen y que haga mi trabajo. Acepto su concejo. Mientras charlamos se acerca Athos y se sienta con nosotras. Es simpático y por lo que noto le gusta mi compañera, aunque ella parece no darse cuenta. Eso me hace gracia. Así que les propongo que al terminar la jornada vallamos por unas copas. Ambos aceptan. Creo que ellos serán muy buenos amigos. Al salir no quieren ir muy lejos, así que a un par de cuadras hay un lugar tranquilo y agradable. Nos sentamos en una mesita ubicada en la vereda. Carla fuma y adentro no se lo permiten, por eso optamos por quedarnos fuera. Además la tarde está agradable. Pedimos algo de tomar y conversamos un buen rato. Cerca de las siete, me doy cuenta que estoy demás, así que con una excusa tonta los dejo solos. ¡Se ven tan bien juntos! Eso me hace pensar en Marcos. Lo que me da una idea. Lo sorprenderé en su casa. Tomo el colectivo y bajo justo enfrente de la casa de mi bello hombre. Veo desde la vereda, que la luz de su cuarto esta prendida. No cabe duda que está. Sin tocar el timbre, entro con la llave que está debajo de la maceta para emergencias. Subo silenciosamente la escalera y me dirijo a su cuarto. Al pasar por un espejo me arreglo la ropa un poco. La puerta está entreabierta y escucho que dice algo en voz baja pero no llego a entender. Seguido escucho que una mujer habla, también cosas intangibles. ¿Pero qué hace una mujer en su cuarto? Sin que me vean abro del todo la puerta y me pongo en la entrada. Lo que veo no lo creo -¿Por eso no contestas mis llamadas? ¡Sos un mentiroso! ¡Te odio! –Comienzo a tirarle todo tipo de cosas que encuentro en mi camino -¡Y vos una ramera! –Le grito a la zorra que está con él en la cama. -Amor calmate, no es lo que pensas –dice totalmente desnudo frente a mis ojos -¡¿Cómo podes ser tan cínico?! ¡¿Tan tonta me crees?! Salgo como una tromba a la calle y corro hasta la esquina, cruzo sin mirar la calle, con tan mala suerte que un auto frena a escasos centímetros de mí. Me paralizo por el susto. El hombre se baja y al ver quién es otra vez me quedo atónita. ¿Cómo puede ser que sea él? -¿Estás bien? ¿Estás lastimada? –Recorre mi cuerpo con sus lindos ojos. No sé por qué eso me estremece. No puedo contestar, el tenerlo tan cerca me quita el aliento -¡Soraya! Por favor hablemos. Esa voz me activa y soltándome del moreno que me sostiene salgo corriendo. Cuando estoy unas cuadras alejada me paro a recobrar el aire. Me apoyo en una pared tratando de ordenar las imágenes que acabo de ver. ¡Maldito! No puede mantener sus pelotas dentro de los pantalones, menos ser fiel. ¡Idiota! ¿Cómo puede ser tan ciega? Mi celular comienza a sonar. Sé que es él. No voy a atender. Mientras sigo apoyada tratando de pensar qué hacer un auto se detiene justo frente a mí. -No quiero ser metido ¿Pero estás bien? –dice asomándose. ¡Dios! Otra vez el moreno. -¿Necesitas que te acerque hasta algún lugar? Pasando mis manos por mi cabello para bajar mi frustración, pongo una sonrisa en mi rostro y con toda la amabilidad que puedo respondo -No, muchas gracias, no se preocupe. -Por favor, ten cuidado, creo que la próxima vez tal vez te atropelle sin quererlo. -Lo tendré. Gracias. Al entender mi negativa, me sonríe y se marcha. Me repongo del susto y de mi carrera. Pero en mi mente todavía se proyectan una y otra vez las imágenes de Marco con esa zorra. Me torturan continuamente. No puedo creer que ese infeliz me haya engañado de esa manera. No puedo ser tan tonta. ¿Cómo es que no me di cuenta antes? ¡Qué ilusa! Para completar mi noche se larga a llover torrencialmente. ¡Genial! ¿Qué más me puede pasar? -No te muevas y dame tu cartera. –Escucho que me dice una voz detrás de mí. -¡Maldición!! ¡¿Sabes qué?! ¡Toma mi cartera! ¡Llevátela antes que empiece a desquitarme con vos toda la bronca que tengo por todo lo que me pasó hoy! ¡Porque ya nada más me puede pasar! El hombre no entiende nada. Está paralizado delante mío. Yo sigo sosteniendo la cartera. No puede creer lo que le pasa. -¡Dame la cartera! –Dice nervioso -¡Espera! ¡Espera!Déjame las llaves y los documentos- Le saco la cartera de las manos y saco lo que mencioné- Toma es toda tuya. Espero estés contento, porque yo no. –Sigo gritando El hombre agarra la cartera y sale como alma que lleva el diablo. Más enojada que antes sigo caminando bajo la lluvia muy furiosa, hasta llegar a mi departamento. Al llegar me encuentro con un hombre tirado en el suelo, golpeado, con sangre por todos lados, casi inconsciente. Miro para todos lados y me acerco para ayudarlo. Lo sacudo un poco y abre los ojos, o al menos uno, el que no está hinchado como una naranja podrida. -¿Qué te pasó? ¿Puedo ayudarte? No contesta. Lo ayudo a levantarse y lo abrazo por la cintura para que pueda apoyarse sobre mí. Como puedo abro la puerta de entrada y lo llevo hasta el ascensor cargando todo su peso sobre mí. Lo entro y lo apoyo contra la pared lateral mientras subimos los dos pisos. Lo observo y veo quién es. ¡Dios otra vez él! Una vez en mi casa lo acuesto sobre el sofá. Lo escucho quejarse. Voy a buscar agua caliente y toallas para limpiar las heridas de la cara. Poco a poco va mejorando su aspecto. Con paciencia le desabrocho la camisa para comprobar si hay daños mayores. Sólo veo moretones debajo de las costillas. Tal vez tenga que llevarlo al hospital. Puede tener alguna fractura. Me levanto para llamar una ambulancia, pero su mano me sujeta el brazo y dice algo muy despacio. No logro escucharlo. Acerco mi oído a sus labios para descifrar lo que dice. -No me dejes solo. -Llamaré una ambulancia, tus costillas no lucen nada bien. -No, no. Estoy bien. Sólo déjame descansar un poco. –Trata de levantarse pero no lo consigue -No te levantes –lo vuelvo a acomodar mejor.- Descansa, te traigo un poco de hielo para tu ojo y agua -Gracias, sos muy amable. Al ir a la cocina me doy cuenta que tengo a un extraño en mi sofá. ¿Pero qué hago? ¿Cómo pude ser tan incauta de meter a un hombre que no conozco en mi casa? ¿Qué tanto me puede hacer en las condiciones en las que está? Estoy a punto de decir la frase que hoy me condenó todo el día, pero temo que si la pienso, seguro algo peor me va a pasar. Al sentarme al lado del hombre con el agua, lo observo detenidamente. Ese morenazo que casi me atropella dos veces esta medio muerto en mi sofá. ¿Pero qué le pasó? Como no me gusta quedarme con la duda se lo pregunto. -¿Qué te pasó? -Pare en un semáforo y de la nada dos sujetos me abordaron, uno me apuntó con un arma, me obligó a bajar, no conformes comenzaron a pegarme entre los dos hasta que pude alejarme. No recuerdo cómo llegué aquí. -Te encontré semi inconsciente en la puerta de mi departamento, como llovía a cántaros decidí traerte a mi casa para atenderte. Pero creo que tenes que ver a un médico. -No hace falta un médico. Sólo necesito un poco de reposo. Gracias. De verdad, muchas gracias -No es nada. Mira tengo que dejarte, es tarde y necesito descansar, mi día fue realmente malo. Si necesita algo sólo llámame, me llamo… -Soraya –dice sorprendiéndome. -¿Cómo sabes mi nombre? -Lo recuerdo del restauran. Mi nombre es Bruno. -Mucho gusto Bruno. Ahora dormí un poco, pero antes tenes que sacarte la ropa mojada. No me malinterpretes, pero estás mojando el sillón y también te vas a enfermar con esa ropa–bromeo- Te ayudo. Voy a mi cuarto y le traigo algo de ropa. Lo ayudo a sacarse la camisa y los pantalones. Pienso: ¡No mires! ¡No babees! Compórtate. Pero la verdad tiene un cuerpazo de adonis y no puedo evitarlo. Creo que se da cuenta de mi reacción ante su desnudez y me pide que me acerque para ayudarlo con sus pantalones. ¡Dios! Nunca tuve un hombre en paños menores delante de mí. Me pongo colorada, pero lo ayudo, no es momento de ponerse tímida. Cuando logramos cambiar las prendas, lo ayudo para que esté lo más cómodo posible. -Gracias por tu ayuda. -De nada. Hasta mañana –me voy con apuro Entro a mi cuarto pero dejo la puerta abierta para escuchar si me llama. Me cambio y caigo fulminada en mi cama. Por suerte es sábado y no trabajo, pero igual me levanto temprano para ver a mi huésped. Duerme plácidamente. Así que voy a preparar un buen desayuno. Me pongo los auriculares, para no despertarlo, y mientras canto preparo un rico café con leche y unas tostadas. Pongo todo en la bandeja. Al darme vuelta para llevar todo a la mesa lo veo observándome desde el sillón. Me quedo helada. No esperaba público. -Buen día ¿Cómo te sentís? -Mejor gracias. Qué bien cantas. -Gracias –me pongo roja- no quise despertarte. Disculpa. -No lo hiciste. Desperté hace momentos. -Preparé el desayuno, espero te guste –dejo frente a él lo que preparé. -Gracias. Sos muy amable Desayunamos en silencio. Me siento incómoda. La verdad no conozco a este hombre. Pero más nerviosa me pone su cercanía, su fragancia, su respiración. Parezco una adolescente frente a su ídolo roquero. Al terminar él toma la palabra. -Entiendo que tengas cosas que hacer, así que si me llamas un taxi por favor, me marcho. –Trata de levantarse pero es evidente que sus lesiones aún le duelen, aunque su ojo pinta mejor. -No te preocupes. Si querés podes quedarte un poco más, hoy no trabajo. Pero si querés irte entiendo que estarás más cómodo en tu casa –O en el hospital -La verdad que me gustaría quedarme un poco más para descansar. Esto es doloroso. Así también podremos conocernos. -Sí, sí, tranquilo –me acerco para ayudarlo a que se recueste. -¿Tu novio no se enojará porque yo esté acá? -¿Por qué dice que tengo novio? Muestra la ropa que lleva puesta con un gesto de su mano. Sonrío. Qué mal pensados son los hombres. Siempre dan por sentado lo que no es. -Son de uno de mis hermanos. Algunas veces viene a visitarme y se queda en casa. Para evitar tener que cargar con el equipaje, deja varias mudas en mi placar. -Eso lo explica. Pero tampoco decís que no lo tenes. -Es un tema complicado. No tengo ganas de hablar de eso. -Está bien, no busco incomodarte. Pero podes hacer algo para que yo esté más cómodo. -Lo que sea, decime -El que me trates con tanto respeto me hace sentir un hombre mayor –sonríe Aún con un ojo morado su sonrisa me encanta. ¡Qué sexi es! Hago un mohín con la boca. Me llevo todo lo del desayuno. Lo dejo solo un rato para poder hacer algunas compras. Le acerco el control remoto y prendo la tele. Durante el día conversamos, nos conocemos, lo ayudo a ir al baño en fin, soy como su enfermera personal. Por la noche pongo una peli y disfrutamos de un buen rato. Al final se queda dormido, en el sofá. Es evidente que se siente mucho mejor. Durante la noche no logro dormir mucho. Me pone nerviosa pensar en Marco. Sé que en cualquier momento va a aparecer y el tener a semejante espécimen en mi sillón no creo que le haga gracia. ¿Pero qué digo? ¡Qué se muera de la bronca! Como si a él le importó meterse en su cama con esa zorra. Tras llorar un rato me quedo profundamente dormida. Es domingo y de lo que menos tengo ganas es de salir de la cama. Quiero remolonear hasta el mediodía. Pero escucho ruidos en el comedor. Seguro el morenazo se levantó. Mejor será que me vista y prepare el desayuno. Estoy a punto de poner un pie en el suelo y escucho un estruendo de vidrios, eso me hace salir corriendo de mi cuarto. Al llegar al comedor lo veo levantado tratando de recoger un vaso que se le cayó al piso. -Espera, yo lo levanto –insisto al ver su cara de dolor al querer agacharse.- No te preocupes -Disculpa, sólo quería tener un detalle con vos para agradecerte tu amabilidad y sólo logré romper un vaso. Al pararme veo la mesa lista con el desayuno. -¡Qué bien huele! ¿Lo hiciste vos? -Sí, espero te guste. Dejo los pedazos en el cesto, me lavo las manos y me siento a disfrutar de lo que preparó. -Me olvide de decirte que ayer te llamó alguien cuando no estabas. No dejo mensaje ni nombre, solo dijo que volvería a llamar. El timbre de la puerta suena. Atiendo. -¿Quién es? -Marcos, abrí para que podamos hablar. -No tengo nada que hablar con vos. ¡Andate! Yo no te conozco. -Soraya por favor, hablemos como dos personas adultas. -No voy a abrir y no insistas más –corto Enojada por la intromisión de ese energúmeno no puedo ni comer. -Tranquila. Pronto se arreglarán las cosas- dice con amabilidad -Pues no creo. Es un cretino –sin poder dejar de hablar sigo diciendo.- Ése imbécil era mi novio desde hace meses y ayer que por fin decidí entregarle todo mi amor, el muy hijo de puta me engañaba. Yo queriendo una vida juntos, casarnos y ser felices; y lo encuentro en su cuarto con una zorra metida en su cama. –Las lágrimas se me escapan aunque no quiera. -¿Ese es el hombre que salió atrás tuyo anoche? -Sí. Ése es el “gran amor de mi vida” –digo irónica- Ya decía yo que el amor no existe. Creo que me quedaré para vestir santos toda mi vida. -No digas eso. Sos una mujer muy linda y amable. Pude ver en el restauran que tenes un gran corazón y también mucho carácter. Vamos, no llores. Seguro tenes suerte. -¿Suerte yo? ¡Eso sí que no! Para que veas mi gran suerte, esta semana perdí mi trabajo de años por un cretino que no podía contener su lengua y sus malos modales, casi me atropellan dos veces en la misma semana –lo apunto con el dedo- Ayer encuentro a mi novio con otra en la cama y para completar volviendo con mi corazón hecho harapos un hombre decide que soy buena presa para ser robada bajo el amparo de la lluvia y la noche. Y lo mejor… -lo vuelvo a señalar- te encuentro casi muerto en la puerta de mi edificio. ¿A todo eso le llamas suerte? -Tengo que reconocer que no puedes estar peor. -¡No! ¡Por favor! ¡No digas eso! Cada vez que lo digo algo más me pasa Se hecha a reír con mis palabras. Su risa es penetrante y me hace sonreír. -Vamos Soraya. Trataré de que tu semana termine con mejor pronóstico. Llama un taxi. Te llevo a pasear. -Gracias por la oferta, pero prefiero quedarme en casa. -¿Qué más tenes que hacer? Dame la oportunidad de que por lo menos tengas una mejor tarde, ya que me alegraste la mañana –me señala. Al verme entiendo su comentario. Estoy con un mini camisón que casi deja poco a la imaginación, delante de él. Me pongo como un tomate y vuelvo como rayo a mi cuarto para cambiarme. No sé por qué me dejo convencer. Antes que me arrepienta, él ya pidió un auto que nos espera en la vereda. Se nota que está mucho mejor. Como sigue un poco adolorido, lo abrazo por la cintura mientras él pasa su brazo por mi hombro para apoyarse y caminar mejor. Al salir del edificio, veo el auto que nos espera, el chofer abre la puerta y con delicadeza lo acompaño hasta que entra y se acomoda. Cierro la puerta -¿Quién es él? ¿Él atendió ayer? ¿Por qué lo abrazas? ¿Con quién me engañas? –Unas manos aferran mis brazos y no dejan de zarandearme- ¿Con éste sí te revolcás en la cama? ¡Sos una ramera! -¡Soltame! ¡Déjame! ¡No tengo por qué darte explicaciones! No somos nada. -Vos sos mi novia. ¡Mía! Nadie puede tocarte. ¡Nadie! –grita Como puedo logro soltarme de su agarre, le doy una buena patada en sus partes y le digo: -Vos no sos nadie para mí. No quiero volver a verte nunca. Sin más lo dejo en la vereda doblado de dolor y me subo al auto indicándole al chofer que arranque. -¿Y vos decías que nada más me podía pasar? –Sonríe
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD