Durante un buen rato el chofer nos conduce por la autopista, no tengo idea de a dónde vamos pero creo que es mejor que estar encerrada en casa. Igual mi cabeza tiene muy presente a Marco y su rabieta. ¿Desde cuándo se la da de novio fatal? ¿Qué soy suya? ¡Ja! Ni en sus mejores sueños.
-¿Un beso por tus pensamientos?
-¿Qué? –lo miro
-Un beso por tus pensamientos. ¿En qué pensás?
-Nada. Estoy un poco confundida
-Bueno, es lógico. Pero prometeme que hoy ya no vas a pensar más en eso y me dejarás darte una tarde que podamos disfrutar.
-Te lo prometo.
-¡Bien! Primero te doy tu beso –se acerca y me besa la mejilla haciéndome poner colorada- Llegamos –dice muy tranquilo.
El auto para en el puerto. Hay una enorme feria de foodtruck. ¡Me encantan! Mis ojos se iluminan y mi sonrisa aflora. Esto sí que me hace cambiar positivamente mi humor.
-¡Me encanta! ¡Vamos! –tironeo de él para que camine
-¡Hey! Despacio que todavía me duele
-¡Perdón, perdón! –lo suelto y levanto las manos. Me sonríe.
Recorremos todos los puestos hasta que encuentro uno de burritos y tacos. ¡Los adoro!
Compro para los dos mientras me espera en una mesita. Disfrutamos de la comida, yo devoro la comida como un cerdito, termino toda sucia y enchastrada. Él sin una manchita. ¿Cómo lo hace?
-Ven –me limpia la boca- tenías un poco de salsa
-¿Dónde no tengo salsa? – me río
Lo veo observarme encantado.
Después de pasear otro rato y de comernos unos ricos helados, propongo volver. Mañana trabajo y no quiero empezar la semana totalmente cansada.
Volvemos hasta donde el auto sigue esperando.
-¿Le dijiste que espere?
-Sí. No te preocupes. Vamos subí que te llevo hasta tu casa y luego me voy a descansar.
Tal como dijo me deja en la puerta de mi casa y se despide. Lo saludo con la mano y entro a mi departamento.
Ahora que lo pienso, no tengo nada de él. No sé su nombre completo, no tengo su número de celular ni de su casa, no sé dónde vive. ¡Mierda! No tengo nada del morenazo.
Estoy tan triste que me voy directo a la cama. Miro un par de pelis y me duermo con su imagen en mi mente.
»»»» ∞ «««
-Señor no se lo ve bien. ¿Quiere que llame a su médico?
-Por favor Gerardo. Desde el viernes que llevo este dolor
Al llegar a su casa se recuesta en su cama a la espera de la visita de su doctor que no tarda en llegar.
Luego de una minuciosa revisación, se alivia al saber que sólo son golpes. Nada serio.
-A ver Bruno, ¿ahora me vas a decir cómo es que tenes el cuerpo y la cara de esta manera?
-¿Te acordás de la linda morena del restauran del otro día? –Su amigo asiente- Bueno, ella me pasó
-¿Me vas a decir que ella te dio tal paliza? ¡Hombre!
-No ella, por ella.
-¿Pero en qué te metiste?
-No sé por qué el destino se empeña en ponerla en mi camino. Casi la atropello dos veces en menos de tres días. El viernes después de mi segundo encuentro en medio de la calle, salió corriendo perseguida por lo que creo era su novio. Pero no la alcanzó. Admito que corre muy rápido con esos tacos que llevaba. Hice unas cuantas cuadras hasta encontrarla y cómo no quiso que la lleve me quedé cerca para ver que llegue bien a su casa. Al estar esperando en una esquina un grupo de hombres me abordó para robarme el auto. Me defendí. Sabes que no soy de los que reculan. Pero eran varios y uno con la culata del arma me pegó por detrás y caí casi desmayado. Mira lo que es el destino, era la puerta de su casa.
-¡No puedo creer lo que me contas!
-Ella al verme así no lo dudó y me llevó a su departamento. Me curó, me cuido y bueno, después no quise perderme la oportunidad de pasar tiempo con ella.
-Mira, lo mejor es que te olvides de esa mujer. Tenes una bonita pretendiente, de buena familia y dispuesta a darte lo que le pidas. Esa morena no es mujer para vos.
-No sabemos si es bonita.
-Cierto. No la conoces. Pero no te vayas a enamorar de la morena.
-Amigo, por el momento no pienso abandonar mi libertad.
-Entonces aprovéchala pero lejos de esa morena. Sé que es muy bella pero creo que no vale la pena.
-Lo sé –aunque por dentro se le acelera el pulso de solo pensar en esa mujer.
-Bueno, tengo que dejarte. Toma estos analgésicos si estás muy adolorido y hace reposo por unos días. No creo que la empresa se desmorone por un par de días que el dueño no se presente. Además tenes que dejar que ese ojo vuelva a su estado. Sino las chicas se decepcionarán- ambos se ríen.
Se despiden y Bruno hace lo que el médico le indicó. Reposo. Pero no puede sacar de su cabeza la bella sonrisa de Soraya ni la imagen de su sensual cuerpo con ese mini camisón.
»»»» ∞ «««
Lista para comenzar una nueva semana, más animada, me pongo un lindo pantalón de vestir azul, una blusa blanca y unos zapatos con poco taco. Me arreglo el pelo con mi clásica colita y salgo dispuesta a tener un día genial.
Llego diez minutos antes de mi horario, paso por la cafetería por mi desayuno y me voy a mi escritorio. Comienzo con los papeles. Al llegar mi compañera me avisa que hoy es día de proveedores así que tendremos una larga mañana. Ni bien termina de decirlo, llegan los primeros.
La empresa para la que trabajo es una reconocida cadena de hipermercados distribuidos por todo el país. Cuenta con más de quinientas sucursales y la mayoría de los productos frescos, son propios. Por lo que sólo se compran los demás a marcas reconocidas. Nuestra oficina se encarga de aprobar y pagar todos los gastos de los hiper que se encuentran en capital. También somos el centro de atención para todos los del país. Es decir que si alguno de nuestros locales a lo largo del país no logra adquirir un producto, somos nosotros los encargados de proveerlos. Son muchas cosas y tareas para dos personas. No sé cómo lo hacía Carla sola.
Los problemas comienzan cuando uno de los proveedores le exige a Carla que lo atienda primero por ser el mejor cliente de la empresa, eso según él.
Al parecer éste sujeto se creer superior a otros. Pero como los atendemos por orden de llegada, tendrá que esperar. Pero el tipo no acepta mi delicada explicación.
-A ver ricura, tendrás un bello culo y linda cara pero parece que cerebro te falta y mucho.
Esa falta de respeto me pone los pelos de punta y que se refiera a mí como una descerebrada me pone de muy mal humor. Sin poder contener mi mal genio respondo con mi mejor cara
-Disculpe señor, pero parece que usted no entiende bien que para nosotros todos nuestros clientes son importantes, ninguno es mejor que otro. Por lo que todos se merecen ser tratados con el mismo respeto y seriedad. Pero si usted considera que la empresa no requiere de sus productos por no considerarlo el mejor, lamento decirle que tendremos que prescindir de ellos. Ahora si no le molesta, esta descerebrada tiene mucho trabajo que hacer. Por favor siéntase libre de esperar o retirarse.
Todos los presentes se quedan con la boca abierta y nadie dice nada.
Mi compañera me observa atónita. El tipo se va sin pensarlo. Y yo sigo atendiendo con una hermosa sonrisa de satisfacción en mis labios.
Al terminar el horario de atención a proveedores nos vamos a almorzar. Son las dos de la tarde y estoy muerta de hambre.
-¿Sabes que vas a perder tu trabajo por lo que hiciste hoy?
-¿Por qué? No hice nada malo. Sólo puse en su lugar a ese idiota
-Ese idiota en nuestro mayor proveedor de lácteos.
-Volverá. Ya verás. Además no creo que esta empresa funda por no contar con los servicios de esos lácteos. Gente como esa no se merece el más mínimo respeto si no respeta a los demás.
-Estás loca –se ríe
-Vamos, tengo hambre.
Después del almuerzo volvemos a nuestra oficina. Terminamos con unos documentos, mails, pedidos, etc.
Estoy totalmente cansada. Lista para irme aparece delante de nosotros un hombre que reconozco al instante.
-¿Usted? ¿Qué hace aquí?
-Buenas tardes señor. Yo trabajo aquí desde la semana pasada.
-Pues parece que no sabe cuidar su trabajo, otra vez. ¿Quién de las dos no quiso atender al proveedor de Vaca Blanca?
Haciendo mi mayor esfuerzo, trago saliva y me hago cargo para no arrastrar a Carla.
-Yo señor.
-¿Por qué no quiso atenderlo? Ése es nuestro mayor proveedor y una de las primeras marcas con las que tenemos contrato. ¿Se puede saber la razón? –grita, como era de esperarse.
-Señor, la verdad el proveedor no quiso esperar su turno. Otros proveedores habían llegado antes y con paciencia esperaban ser atendidos. Saben que sólo dos personas no pueden con todo en una sola mañana, por lo que fueron muy pacientes con nosotras. Al llegar este hombre, sin ningún respeto por los demás, pretendió que lo atendiéramos con exclusividad. Si me lo permite, creo que todos nuestros proveedores son importantes, ya que gracias a ellos esta empresa sigue creciendo y que no dependemos sólo de una marca. Estoy segura que si usted me da la oportunidad de resolver este problema…
-Tiene una semana para solucionarlo –me corta- de lo contrario vaya preparando tus cosas.
-Gracias señor, verá que no se arrepentirá.
El hombre se marcha furioso, pero dándose cuenta de la verdad que le acabo de rebelar.
-¡Vos sí que tenes ovarios! ¿Cómo vas a arreglar lo de ese proveedor?
-Fácil. Él solito va a volver. Ya verás –y espero que así sea o de nuevo me quedo sin trabajo.
-No creo.
Al llegar a casa lo único que quiero es meterme en la bañera y relajarme de todos los nervios que pase hoy. Así que me desnudo dispuesta a disfrutar de mi merecido momento. Pero el timbre suena.
-Diga
-¿Señorita Soraya Mac Leond?
-Sí
-Tengo una entrega para usted.
-Ya bajo.
Me visto y bajo a recibir el paquete.
Al llegar a casa sin poder esperar más lo abro. Es la ropa que le presté a Bruno. Hay una nota
“Ya está limpia. Gracias por el hermoso fin de semana. Espero se repita pronto”
Bruno
Pd: Te envío unas entradas para la función del viernes 15, de Babasónicos, pude ver que te gustan con todos los CDS. que tenés de ellos. Si querés puedo acompañarte.
Abro el sobre y veo las entradas. ¡Qué bien! Pero… ¿Cómo le digo que quiero que venga conmigo?
Dejo todo sobre la mesa y me vuelvo a sacar la ropa. Esta vez más alegre. Miro de nuevo las entradas dicen viernes 23 Seguro se equivocó al escribir el mensaje.
Más relajada, llamo a Tamy. Hace rato que no sé nada de ella. Conversamos por un largo rato. Le cuento todo lo que me pasó en estos días y ella me cuenta sus cosas. Promete pasar a verme el finde.
Me acuesto y el teléfono suena. Atiendo sin mirar quién es ¡Qué mala suerte! Es Marcos
Después de discutir un buen rato, le corto y me acuesto. No tengo más ganas de que este día continúe.
Un nuevo día llega y con el mucho sueño. Me visto y salgo para mi trabajo. Tengo que ver la manera de lograr que ese estúpido proveedor vuelva a la empresa. Pienso. Si para el jueves no aparece llamaré yo el viernes.
Como ya se hizo costumbre paso por la cafetería. El muchacho que atiende ya me reconoce y me tiene listo mi café y me sugiere una tentadora porción de pastafrola.
-Okey. Sólo porque hoy necesito azúcar.
-Linda, no necesitas nada –me sonríe.
Contenta por su coqueteo conmigo me voy a mi escritorio y comienzo con mis tareas.
Hoy Carla no vino porque está descompuesta, por lo que no tengo tiempo ni para almorzar. Athos al saber que Carla no estaba me trajo una porción de tarta de jamón y queso con una agua saborizada. Se lo agradezco de mil amores.
Para las cinco de la tarde apenas logro tener terminado lo que debería tener para la mañana. Así que opto por quedarme un ratito más y terminar algunas cosas. Si Carla sigue enferma mañana tendré tanto trabajo que no podré ni ir al baño.
Termino con las cosas más urgentes del siguiente día y me voy como a las ocho. Hoy sí estoy agotada.
Al llegar a casa me encuentro con el portero que me entrega un paquete. Se lo agradezco. Pregunto por su familia y por su salud. Muy amable me responde. Después de una breve charla me despido.
Al entrar a mi hogar no espero más para abrir el paquete. No tiene remitente. Al sacar el primer envoltorio me encuentro con otro más elegante y después de este otro. Parece un chiste. Pero al sacar el tercer envoltorio dorado me encuentro con una linda remera y una nota.
“Espero vértela puesta el viernes, claro si me invitas, nos vemos y 55”
Bruno
Pd: sigo queriendo agradecer tu amabilidad
¡Qué tierno! Pero sigo sin saber cómo invitarlo. No tengo nada de él. ¿Y 55? ¿De qué hora?
Sonrío. El morenazo parece querer algo más. Eso me alegra de nuevo la noche. Después de una cena ligera y de una ducha rápida caigo desplomada en la cama.
Hoy voy con el tiempo justo, así que no paso por la cafetería y voy directa a mi lugar de trabajo. Carla llama para avisar que en toda la semana no vendrá. Tiene una terrible angina. Conversamos unos instantes. Le pido que se cuide y comienzo con mi ajetreada mañana.
-Buen día linda. Como no pasaste por la cafetería te traje yo el desayuno. Cortesía de la casa –deja delante de mí un café y unas galletitas dulces.
-Gracias, esos un sol de persona –le doy un buen sorbo al café- No sabes cuánto te lo agradezco.
-Yo sé cómo. Decime cómo te llamas y todo resuelto –sonríe
-Soy Soraya. Mucho gusto –le paso la mano
-Soy Mateo. Igualmente –pone su mejor sonrisa- Uno de los empleados pregunto por vos. Si querés le digo en qué sector estás.
-No sé ¿Lo conoces?
-Sí, es un chico del sector de personal.
-Mejor no, tal vez si alguna vez coincidimos me lo presentas.
Después de la charla, saluda con cordialidad y se va. Yo vuelvo a los papeles y llamadas.
Al mediodía paso por personal a buscar a Athos. Juntos nos sentamos en una mesa del comedor y charlamos de pavadas. Pero noto que quiere preguntar por Carla pero no se anima, así que le digo sin rodeos.
-Carla está con angina, así que no vendrá en toda la semana. Yo no soy tan linda como ella, pero tal vez puedas comer conmigo estos días hasta que ella vuelva –sonríe
-Claro que sos hermosa y por supuesto que voy a almorzar con vos toda la semana. Serás tonta
-No niegues que te gusta.
-¿Tanto se me nota?
-Yo lo noté. El resto no sé. Pero si querés llegar a algo te sugiero que la invites a salir uno de estos días.
-Lo voy a hacer, pero tengo miedo que me rechace
-No creo, sino la mato.
Reímos. Al terminar me acompaña hasta mi oficina y me deja continuar con mis tareas.
Cerca de las cuatro aparece uno de mis jefes. Ése que detesto. Y con sus malos modos de costumbre pregunta si ya resolví lo del proveedor de Vaca Blanca. Con una sonrisa respondo que estoy en eso. Sin decir nada se va como vino.
Ese encuentro me hace recordar mandar un correo a todas las sucursales sobre la falta de productos de esa marca, sin especificar los motivos. Al instante recibo muchos mail de gerentes preguntando el motivo. A todos aclaro que hay una diferencia de intereses que pronto se resolverá. Eso espero o soy mujer muerta. Por suerte este problema de abastecimiento es solo en la capital. Sino sí que no conservo la cabeza.
Para mejor recibo un llamado de Jorge, el gerente que me tomo, pidiendo explicaciones de lo sucedido con la empresa lechera. Se lo resumo lo mejor que puedo y le digo que estoy trabajando para solucionarlo. Me da su voto de confianza. Eso me hace sentir más segura.
Contenta por mi seguridad y por ganar un aliado, guardo todo y me dispongo a marcharme. Son las siete de la tarde y en la empresa sólo quedan los de limpieza y seguridad.
A una cuadra de mi casa compro algunas cosas para la cena. Al llegar a mi casa me encuentro en la puerta con Marcos que me está esperando. ¡Dios, hoy no tengo ganas! Respiro profundo y me dirijo a él.
-Marcos ¡Qué sorpresa! –digo irónica
-Soraya tenemos que hablar. Por favor déjame explicarte lo que pasó.
-Está bien, pero no en mi casa ni en la tuya. Vamos a un bar
-Sí, sí. Vamos.
Caminamos unas cuadras y llegamos hasta un bar. Yo pido una gaseosa, él una cerveza.
Después de dejarlo hablar por un buen rato, de escuchar sus absurdas excusas y de dejarlo creer que se las creo, es mi turno de replicar.
Le dejo bien claro que no pienso volver con él, que sé lo que sucede cuando dos personas están desnudas en una cama. Que si quiere seguir conectado conmigo solo podemos ser amigos.
No se lo toma nada bien. Enfurecido se levanta y sin decir ni una palabra, se va. El muy caradura no deja ni la plata de su bebida. ¡Encima que me engaña tengo que pagar su cerveza! ¡Lo que me faltaba!
Dejo en la mesita el importe de lo que consumimos, agarro mis compras y me voy a mi departamento a preparar mi cena. Ya no tengo apetito pero igual la preparo.
A las ocho el portero toca mi puerta. Trae otro paquete en las manos. Sonrío, sé de quién es.
Abro el regalo. Es una diminuta pollera de jean. Me la pruebo. Me queda divina. ¿Cómo sabe mi talle?
Leo su nota:
“Me encantaría ver cuando te la pruebas, pero me conformo con imaginar cómo te queda y 39 veces te diría que estás hermosa”
Bruno
Pd: ¿Vas a invitarme el viernes?
Sonrío al leer la nota. La guardo con las otras. Esos detalles me ponen de buen humor.
Después de una cena liviana me acuesto directamente. Hoy no tengo ganas de bañarme.
Me levanto un ratito antes para darme un buen baño y comenzar el día bien despierta. Me visto con un trajecito gris oscuro y salgo.
Hoy paso por la cafetería y converso un ratito con Mateo. Me gusta su tonteo.
Al llegar a mi escritorio veo que los papeles se acumulan cada vez más. Dispuesta a no dejar que el trabajo me sobrepase pongo manos a la obra. Hay cosas que todavía no sé así que tengo que llamar a Carla un par de veces. Gracias a sus explicaciones y su ayuda logro terminar varios asuntos.
Después de un almuerzo rápido con Athos, vuelvo a mis tareas.
Para mi asombro al llegar a mi oficina me encuentro con el proveedor de Vaca Blanca. Verlo me alivia. Quiere decir que yo tenía razón.
-Buen día señor. ¿En qué puedo ayudarlo?
-Buen día -responde con poca simpatía- Vengo para tomar el pedido de lácteos.
-Por favor, siéntese y ya lo atiendo.
Luego de ver qué productos se necesitan y la cantidad; que a decir verdad son todos en gran cantidad; le paso el pedido.
-Señor nos gustaría ofrecerle otro día para que usted pueda pasar a tomar el pedido. De ese modo no tendrá que esperar y tendrá toda nuestra atención. Sepa comprender que los días lunes son los días donde más proveedores se atienden y eso dificulta mucho la atención personalizada. Si a usted le parece podríamos poner el día martes.
El hombre que no se esperaba tanta amabilidad, cambia el gesto. Le gusta eso de “atención personalizada”, idiota.
-Gracias por su interés. De verdad me parece bien venir los martes. Aprovecho y paso por la contaduría para realizar los cobros. Eso me ahorra tiempo.
-Qué bueno que podamos entendernos. –Sonrío con mi mejor cara
-Sabes, acabas de cambiar mi opinión de vos. Espero que de ahora en más nuestro trato sea como el de hoy.
-Por supuesto. Me encanta que la gente se sienta cómoda.
Después de despedirse amablemente se va de la oficina con buena cara.
Cuando el proveedor sale, entra el idiota del jefe mayor.
-Veo que has conseguido que Vaca Blanca vuelva a proveernos y además se fue con una sonrisa ¿Cómo lo has logrado?
-Fácil, le ofrecí un trato personalizado los días martes. Eso hace que sólo venga él y sea el primero y el último del día –sonrío- ¿Necesita algo señor?
-Sólo venía a ver si ya habías resulto el problema pero veo que sí. Me gusta tu forma de pensar. Darle un día al mayor proveedor hace que sienta nuestro interés por sus productos.
-Así es y he conseguido un diez por ciento de descuento en esta compra. Que dicho sea de paso será para mañana a primera hora.
-Mujer ¿Cómo lo haces? Creo que te llevaré a mi departamento como mi secretaria personal.
-Agradezco la oferta pero creo que por el momento tengo mucho que aprender aquí. Además si me voy no queda personal. Mi compañera está enferma y…
-No te hagas problema, tomaré más personal. Es evidente que podrás trabajar mejor con más gente que te ayude.
-Gracias, eso sería de mucha ayuda.
Sin más se va, también con una sonrisa en los labios.
No puedo contener tanta alegría, así que llamo a mi compañera para contarle lo ocurrido. Por un rato nos reímos y se pone feliz de que habrá más personal para nuestro lugar de trabajo.
Por la tarde termino de pasar las listas de pedidos de los distintos locales y comunico sobre el reparto de los lácteos.
Como todos estos días salgo tarde. Esto de estar sola lleva más trabajo del que creí. Creo que el fin de semana lo único que voy a hacer es dormir.
Estoy preparando la cena y suena mi portero. Imagino qué es. Atiendo.
-Señorita Soraya tengo otro paquete para usted. Se lo subo.
-Gracias Juan.
En pocos minutos mi portero toca el timbre. Lo saludo, pregunto por su familia y agradezco el detalle de traerme el paquete.
-Señorita un hombre los trae todos los días a la misma hora. Y me dice que se los entregue en mano.
-Gracias por su atención.
-No es nada.
-Juan, ¿su hija sigue buscando trabajo?
-Sí, señorita
-Pues dígale que me baje un currículum así mañana lo llevo a la empresa, porque están tomando personal. Tal vez pueda darle una manito
-Gracias señorita. Ya le digo que se lo traiga.
El hombre se va contento. Al darme cuenta veo que son dos paquetes. Abro primero el más grande. Son unos lindos zapatos con algo de taco. La notita dice:
“No quiero que estés más alta que yo, ni que los demás miren demasiado tus lindas piernas de 49 centímetros”
Bruno
Pd: sigo esperando que me invites.
Sonrío. ¿Cómo quiere que lo invite?
Abro el otro paquete más pequeño. Es un celular.
“Me contaste que te robaron tus cosas, recordé que no tienes celular para llamarme. Ahora tienes teléfono y mi número”
Bruno
Pd: espero tu llamada en 28 minutos u horas.
¿Qué ya tengo su número? ¿Cómo? ¡Dios! Quiero ver a este morenazo hermoso pero de verdad que no tengo su número. Me voy a volver loca.
Como no puedo más, ceno y me voy a dormir. Ya veré cómo descubro su número.
Por la mañana, después de una ducha rápida, me pongo un lindo vestido amarillo pálido, entallado con zapatos claros. Decidida a descubrir el teléfono de Bruno, me guardo todas las notas en la cartera y salgo.
Llego como de costumbre diez minutos antes. Esta vez Mateo me espera en la puerta con un café y un alfajor blanco. ¡Qué dulzura de hombre! Le doy un beso en la mejilla, agarro lo que me preparó y me voy pero a la oficina de personal. Al ver a Athos, éste se sorprende.
-Hola lindo, necesito la psicología masculina para solucionar un problemita.
-Dime hermosa. Soy todo oído.
-Mira hace una semana recibo regalos de un amigo, digamos, lo único que sé es que se llama Bruno. En sus notas continuamente me pide que lo invite a salir hoy, pero no tengo su número. ¿Podes decirme si ves dónde está el bendito número para que lo llame?
-¡Estás hasta las muelas por este tipo!
-¡No! Sólo quiero invitarlo a una salida que él mismo armo.
-¿Cómo es eso?
-El lunes me mandó un par de entradas para ver a los Babasónicos hoy por la noche, el martes una remera, el miércoles un mini y ayer zapatos y este celular. Cada regalo con una nota. Mira
Le muestro las notas en el orden en que me las mandó
-Pero está muy claro mujer. El número está acá.
-Pero no lo veo
-Dentro de cada nota te pone un número, anda uniendo y ya está.
-¡No mientas! ¡Qué rebuscado el hombre!
-No, realmente quiere saber si estás interesado en él. Veo que sí.
-Tonto. Me voy. Gracias –le tiro un beso volador
-Suerte
Mientras entro a la oficina pienso en mandar un mensaje desde mi nuevo celular, pero creo que lo voy a hacer pensar que todavía no tengo su número. Aunque podría jugarle una bromita.
Vuelvo hasta la oficina a buscar a Athos
-¿Me dejas mandar un mensaje?
-Sí toma –me pasa su celular.
Escribo el mensaje y lo mando. Después le devuelvo el celular
-Si contestan no le hagas caso. Es una bromita. Ya sabes a quien.
-No tenes remedio.
Paso todo el día trabajando como loca, no paro ni para el almuerzo. Por eso Athos me trae algo y aprovecha para decirme que me han contestado con un ok.
Sonrío. No puedo esperar a verlo.
Salgo a las cinco en punto. Quiero llegar a casa y prepararme para la noche.
A las ocho en punto tengo puesto todo lo que me ha regalado. Peinada con mi colita alta y me puse un poco de Amarige de Carolina Herrera, va muy bien con mi piel.
Bajo con las entradas en mi bolsillo y mando un mensaje al número que me dio.
Soraya: Estoy esperándote en la puerta de tu casa
De pronto lo veo frente a mí
-Estás muy linda con ese atuendo. Veo que descubriste mi número.
-Gracias. Alguien muy amable me lo ha regalado durante la semana. ¿Te gusta? –Doy una vueltita para que me vea bien.- Fue fácil encontrar tu número.- Miento
Por su cara de lobo feroz creo que sí le gusta mi atuendo.
-Qué buen gusto tiene el que te regalo esa ropa. Te queda muy bien.
-¿Nos vamos?
-Sí –me pasa un casco
Mi cara de sorpresa es tal que no puede dejar de reír
-Si no te pones el casco no podemos irnos –dice como si nada
-Hay un pequeño detalle que no me permite subirme a tu moto –señalo la minifalda que llevo.
-¡Hoo! Pues entonces será mejor que dejemos los cascos en tu casa y vayamos en auto.
-Lástima, me encantan las motos –le saco el casco y entro para dejarlos en mi departamento.
Él sube conmigo.
-¿No preferís ponerte un pantalón largo? Así podríamos ir con mi máquina.
-Creo que si lo hago decepcionaré a quien con mucho cariño me regaló esta hermosa pollerita.
-Pienso que por esta vez no se ofenderá.
Sonrío mientras me voy a mi cuarto a cambiar. Dejo la puerta entreabierta para poder seguir hablándole mientras busco un jean cómodo.
Salgo de mi habitación y lo veo mirar algunas fotos.
-Así estoy mejor ¿Nos vamos?
-Sí. –deja en la repisa una foto mía con Marcos.
-Tengo que hacer limpieza. Hay cosas que tengo que sacar –me sonríe, sabe a lo que me refiero.
Se sube a su bella Ducatti 749s y yo me acomodo bien agarrada a su duro abdomen por detrás. ¡Mmm! ¡Qué rápido puedo acostumbrarme a esto!
Me apoyo en su espalda y veo por el espejo su sonrisa traviesa.
Llegamos hasta el teatro donde se hace la presentación. Está a reventar de gente. Busco para ponerme en la cola pero él me agarra de la mano y me lleva por un costado. Saluda a unas personas, me guiña un ojo y pasamos por un lateral del escenario. Nos acomodamos casi al lado de los músicos. Cuando Adrián, el cantante, sale para comenzar el show y yo quedo dura como estatua. No puedo creer que esté tan cerca de mi grupo favorito.