Confundida

3920 Words
Es temprano y ya está sonando el teléfono de casa. -Hola -Hola hija. ¿Cómo estás? Te extrañamos tanto. ¿Cuándo venís a vernos? -Hola mamá. Yo también los extraño. Todavía no sé cuándo puedo ir. -¿Querés que mande a alguien para que te traiga? -No mamá, gracias. No puedo ir por un tiempito. Es que cambié recién de trabajo y no creo poder viajar tan lejos. No quiero perder esta oportunidad. Estoy en una empresa en la parte comercial. Lo que me viene bien por mi carrera. Voy tomando experiencia. -¡Hay hija! No sé por qué te empeñas en estudiar y trabajar tan lejos de casa. Ni falta que te hace. Acá tenés todo lo que necesitas y más. Nos tenés a nosotros. -Mamá, los amo. Pero necesito independencia y cerca de ustedes no la voy a tener. Si estando a tantos kilómetros de distancia no dejan de controlarme, no quiero imaginar estando cerca. -Tus hermanos están preocupados por vos, es lógico. Sos la única mujer y la más pequeña. Estás tan lejos. -Yo también los extraño. Prometo llamarlos más seguido e ir para las fiestas. -¿Prometido? -Prometido. Dale mil besos a papá y a todos. Te quiero. -Hasta pronto mi vida. -Adiós mamá. Conversar con ella me trae nostalgia de mi tierra. Los extraño, pero si quiero ser independiente tengo que estar lejos de ellos. En especial de Andrew, que al ser el mayor se cree que puede dominar la vida de todos. Como ya estoy despierta es mejor que me levante y aproveche el día. Lo primero ordenar y limpiar mi casa. Con tanto trabajo en la empresa no tuve ni tiempo ni ganas de hacerlo en la semana. Pongo música y empiezo por mi cuarto, luego el baño, por último el comedor y la cocina. A las dos de la tarde tengo todo listo. Muero de hambre. El estómago ya parece un monstruo de los ruidos que hace. Pero como no quiero ensuciar, me doy un baño rápido y salgo para ir a comer a algún restauran. Entro a uno que me gusta mucho. Me siento y pido unos buenos ravioles de ricota y queso con estofado. Me llega un mensaje, pero tengo un lema: Mientras como no hay celular. Así que no lo atiendo. Pero al segundo cae otro, y otro, y otro. Por esta vez lo miro Bruno: Buen día. ¿Puedo almorzar con vos? Bruno: Si me respondes ahora mejor. Bruno: Puedo estar a tu lado en segundos. Sonrío. Miro con disimulo a ver si está cerca pero no lo veo. Cae otro mensaje Bruno: Estas muy linda con ese vestidito rosa Es evidente que está cerca así que no respondo pero asiento con la cabeza. -Buen día Soraya. Estás radiante hoy. -Me sorprende. -Hola Bruno. Gracias. Vos no estás nada mal. Veo que tu ojo está mejorando bastante rápido. -Tuve una buena enfermera. -Estoy por almorzar. ¿Querés acompañarme? -Me encantaría. ¿Qué pediste? -Ravioles con estofado. Hace seña a la camarera para que le traiga lo mismo. -¿Por qué no miras los mensajes cuando te llegan? -Porque mientras se come no se juega con el celular. Si es algo urgente seguro llaman no mandan mensajes. -Bien pensado. Aunque hoy no pudiste contenerte. -Mandaste demasiados mensajes, eso me dio curiosidad. -Por lo menos ya sé cómo llamar tu atención –dice risueño Tenemos un almuerzo muy ameno. Conversamos de tonterías. Hacemos chistes y reímos. Puedo sentir cómo me observa. Su mirada me hace temblar. No son nervios, creo que es una especie de ansiedad. Yo también aprovecho y lo miro con detenimiento cuando no me ve. Es taaaan lindo. Tengo que mirar para otro lado porque en breve se me cae la baba sobre la comida. Después de pagar cada uno su parte, no voy a dejar que cargue con todo, vamos por un helado. -Yo invito, yo pago –dice Sonrío. Adoro el helado, aunque me enchastro bastante cuando como cucuruchos. Por la tarde vamos a caminar por la costanera. Me gusta el aire puro. Me hace acordar a mi hogar. Me siento en el pasto y me levanto un poco la falda para que el sol me dé en las piernas. Puedo ver cómo sus ojos recorren cada centímetro de mi cuerpo. -¿Te arreglaste con tu novio? Su pregunta me sorprende -No. La verdad no hay arreglo cuando hay un engaño de por medio. -Cuánto lo siento. -No mientas. Estoy segura que no sentís que haya terminado con ese tonto. -Me descubriste. Es verdad. Me gusta que podamos salir y compartir momentos juntos como buenos amigos. -Afirma con entusiasmo. ¡Maldición! ¿Dijo buenos amigos? Pero si yo quiero que sea algo mucho más que un amigo. -Sí, es lindo tener con quien charlar de todo un poco. Sin compromiso –miento. -Tengo que confesar que a mi prometida no le hará mucha gracia, pero veo en vos una buena persona y eso me gusta. ¿Dijo prometida? ¡Huou! ¡Huou! Momento. Rebobinemos. Algo se me pasó por alto. Si mal no vi no lleva anillo y nunca dijo nada de ninguna novia, menos prometida. ¿De verdad me pasan estas cosas? Y sí. Un hombre agradable, simpático, con lindos ojos, labios tentadores, un cuerpo que uf… ¿A quién se le ocurre que esté suelto? ¡A mí! -¿Qué no le gustará a tu prometida? -Que pase tiempo con amigos. -Tal vez no le guste que pases tiempo con una amiga ¿No crees? -Jamás le dije que salí con vos, ni le voy a decir. -¿Por qué salís conmigo si tenés una novia con quien pasar tiempo? -Porque mi compromiso con ella es… ¿cómo decirlo? Por arreglo, contrato, negocios. Suena frío y a que es de la época de los reyes o del Medioevo, pero no me queda otra. -¿Te casas sin amor? –Esto me sorprende -Es por el bien de ella y de mi familia. -Te entiendo y lo siento mucho. ¿No querés conocerla mejor? ¿Tratar de enamorarte de ella? -No. De verdad ella no me interesa como mujer. Además creo que me estoy enamorando de otra. –Clava sus bellos ojos en mí -Mejor ni me lo digas, no quiero ser cómplice de mentiras y engaños. Menos ser la tercera en discordia. -¿Vos qué buscas? –Lo miro confundida- Digo, ahora que no tenés novio. -No busco. Creo en el amor y espero que me llegue a tiempo. -¿Te gustaría hacer una locura conmigo? -¿Ahora? -Sí. Claro -Mientras no involucre nada romántico, sí. -Bien. Vamos. –Me toma de la mano y me lleva hasta su nuevo Audi A5 GTR Me pongo el cinturón y mientras aprecio el increíble interior, arranca. -¿A dónde vamos? -Sorpresa. Ya vas a ver. Maneja por un largo rato por la ruta hacia el norte. Llegamos hasta el puerto de Tigre. -¡Vamos! ¡Rápido! O se van sin nosotros. A la carrera, llegamos justo antes que el barco zarpe. Al subir él saluda a varias personas que parece conocer. Me las presenta. Luego va por unos tragos mientras yo observo, apoyada en la baranda, el hermoso atardecer que se presenta ante mis ojos. -Toma –me pasa un vaso- Es hermoso –me mira -Sí, el atardecer se ve increíble desde acá. -Vamos a bailar. Estoy seguro que tenés buen ritmo. Bailamos unas piezas. Luego otros hombres me sacan también, danzo con ellos por largo rato bajo la atenta mirada de mi acompañante. Hasta que rendida me siento al descubierto para que me de aire. Él se sienta a mi lado y me sonríe. Tiene una sonrisa tan linda y unos ojos tan cautivadores. Estoy algo turbada por la bebida y por él. Me tienta tomar esos labios que me gritan que los bese. Pero por suerte mi cordura sigue presente y me recuerda que está prometido. Jamás interferiré en la relación de dos personas. Se lo que se siente ser engañado. -¿Estás bien? –Me acaricia el rostro -Sí, súper bien. Vamos a bailar un ratito más. –Me levanto y corto su contacto. Como a las tres de la mañana ya estoy cansada y muy bebida. Así que dejo el alcohol y empiezo a tomar agua para bajar el mareo. -¿A qué hora vamos a atracar? -A las siete. ¿Estás cansada? -Sí. -Vení. Hay camarotes para que descanses. Me dejo llevar. De verdad estoy rendida. Me lleva abrazada por la cintura. El calor de su mano me hace estremecer. Entramos a un camarote donde hay una cama enorme. De verdad estoy tan cansada que necesito unos minutos para recuperarme. Voy directo a echarme sobre ese mullido colchón. Pero me detengo en seco -¿No pretenderás que vos y yo…? -No. Tranquila. No soy ese tipo de hombre. Prefiero todo con consentimiento y en especial que la persona esté consiente. -Ok. –No sé por qué, pero le creo. Aunque si se acuesta conmigo… Me derrumbo sobre la cama y me quedo dormida en segundos. Unos golpes en la puerta me despiertan. Se me durmió el brazo porque estoy de costado. Siento el brazo de Bruno sobre mi vientre y su respiración detrás mío. Con cuidado trato de separarme para levantarme sin que se despierte, pero los golpes en la puerta son más fuertes e insistentes. Bruno se despierta y se despereza. Me hago la dormida. Se acerca he inhala mi fragancia. Me besa el pelo y sale de la cama. Da la vuelta a la cama y se pone frente a mí. -Buen día dormilona. Es hora de bajar. -Buen día –me desperezo- ya me levanto. -Vamos a desayunar en el comedor del barco. -Genial. Estoy famélica. Paso al baño, me higienizo un poco, acomodo la melena rebelde y salgo lista para ir con él. Sentados frente a frente, se lo ve tan relajado, tranquilo, deseable. No sé por qué su presencia me turba el pensamiento y los sentimientos. -Cuando bajemos vamos a pasear por el puerto y por la tarde te llevo de regreso a tu casa. -No tenés que pasar tiempo conmigo por haberte ayudado, no te sientas obligado. -No es obligación. Me gusta pasar tiempo a tu lado. Ya te dije que disfruto de la compañía de una buena amiga. -Gracias entonces –otra vez “AMIGA”. Empiezo a odiar esa palabra. Pasamos el día paseando por el puerto de frutos y compré algunas cosas para mi casa. Aquí hay cosas muy lindas y también muy raras. Es gracioso verlo cargar las bolsas con frutas. Por la tarde me deja en casa tal como prometió. Como todo un caballero carga con las bolsas hasta subir todo lo que compré. Lo invito con algo para tomar, para premiar su gesto. No por otra cosa, claro. Se acomoda en el sillón y prende la tele. Al notar que no tiene intenciones de irse, comienzo a cocinar la cena. Hago una rica carne al horno con un poco de puré de calabazas. Mientras se cocina me siento a su lado a mirar la pantalla. Se siente agradable esta sensación de cercanía. La alarma me avisa que ya está todo a punto. Acomodo la mesa y sirvo mi obra maestra. Encantado por mi atención, cena con gusto; y mucha hambre. Alaga mi comida y disfruta del vino que compramos por la tarde. Luego me ayuda a juntar todo. Yo lavo, él prepara el café. Nos sentamos frente a la tele un ratito más. En mi cabeza nos veo como una pareja que hace tiempo están juntos. A las diez, no puedo dejar de bostezar. Al verme tan cansada, opta por retirarse. Me da un suave beso en la mejilla y se va, sin más. No es que esperara algo más. “Somos amigos” Me tumbo en la cama y pienso en todo lo que pasó estos dos últimos días. ¿De verdad quiere que seamos amigos? Me confunde. La forma en que me mira, me trata y me besa, me hacen pensar otra cosa, pero después sus palabras me hacen creer lo contrario. Creo que tendré que poner en juego algunos aspectos pera descubrir las verdaderas intenciones de Bruno. Comienza el plan: “Investigando mis propias intenciones”. Por la mañana me levanto descansada y lista para comenzar una nueva semana. Me ducho, me visto y salgo. Como todas las mañanas paso por la cafetería y Mateo ya me tiene listo mi café. Lo saludo con un beso volador y sigo a mi oficina. Me pongo en acción. Pronto comienzan a llegar los proveedores y la mañana enloquece. Cerca de las diez llega Carla que había ido a justificar sus faltas. Me saluda y se pone a trabajar a la par. Para la una de la tarde tenemos todo más o menos terminado. Vamos al comedor donde nos espera Athos en la mesa de siempre. Al verla a Carla se le ilumina la mirada. Yo sonrío por su ternura. Carla se sienta mientras yo llevo la comida para las dos. Durante el almuerzo ellos no dejan de mirarse y hacerse caritas. Siento que estoy demás. Justo veo pasar a Mateo y lo invito a unirse a nosotros. Con gusto se sienta. Por lo menos con él puedo charlar y no sentirme el jamón del medio. Me comenta que el muchacho del personal volvió a preguntar por mí. Sonrío. ¡Tengo un admirador! ¡Uf! Vuela mi ego. De vuelta al papeleo. Le sugiero a Carla que armemos un cronograma para proveedores, así no tendríamos que estar tan enloquecidas siempre. Entre las dos armamos un cuadro con días y horarios. Una vez que está terminado se lo presentamos a Jorge, nuestro jefe directo. Éste al ver nuestra iniciativa la toma, la estudia y la aprueba. Contentas por un logro tan positivo salimos de su oficina. Con sonrisas anchas. En el ascensor nos cruzamos con Bruno. -Hola. ¿Cómo estás? –Lo beso en la mejilla- ¿Trabajas acá? -Hola Soraya. Me encuentro bien. Y sí, trabajo acá o algo así. ¿Y vos? -También, hace poco empecé. -¿Te gusta tu trabajo? -Sí, además tengo una muy buena compañera. -Qué gusto Veo que los dos hombres que están a su lado me miran con reproche. Ni modo. Para ellos no hay beso. El ascensor para en nuestro piso. Antes de bajar lo beso en la mejilla de nuevo y salgo. Carla no dice nada pero la noto algo tímida y retraída. Todos se comportan raro. Pero yo estoy tan contenta que no me importa. Cerca de las cinco me llega un mensaje Bruno: ¿Cenamos juntos? Soraya: Disculpa pero tengo planes. Tal vez otro día. Como no responde guardo el teléfono en mi bolso. A la salida Mateo me espera para ir a tomar algo. Carla y Athos también se nos unen. Hoy en el almuerzo le pedí a Mateo que me ayude a que estos dos empiecen a salir. Es evidente que se gustan pero que no se animan a dar el primer paso. Después de tomar unas gaseosas en un bar cercano y de darles un empujoncito, Athos se anima a pedirle a Carla que salgan como novios. Ella roja como un tomate, nos mira y no sabe qué decir. Hasta que la animo y le contesta que sí. ¡Qué lindos! Son el uno para el otro. Mateo se va un momento al baño. Carla aprovecha para preguntarme si me gusta pero yo le dejo bien claro que no quiero nada más que una buena amistad con todos. Tuve suficiente con el último. Ella se carcajea. Athos me dice que le hable claro porque ve que Mateo se está haciendo ilusiones. Al salir del bar hablo con él. Le dejo claro que no quiero un novio sólo un amigo. Que recién termino con una relación que me dejó bastante lastimada y que no estoy lista para una nueva. Él tan caballeroso acepta mi postura. Mejor las cosas claras. Durante la semana no tengo mensajes de Bruno. Eso me llama la atención. Tal vez se enojó por mi rechazo. En fin sabía que no era un hombre que quisiera algo profundo conmigo. Tiene su prometida y de seguro decidió darle la atención que se merece. Parece que acá se acaba “mi investigación” Por fin último día laborable. Dispuesta a disfrutar al máximo el comienzo de fin de semana, llamo a Susana y Tamara para ir a bailar. Lógico que aquellas dos locas se apuntan enseguida. A las once pasan por casa a buscarme. Yo más atrevida que nunca me presento con un vestido rojo muy entallado y tan corto que apenas cubre la parte baja de mi trasero. Por supuesto que con unos tacazos rojos y mi pelo en una colita alta. -Cariño ¡Qué estás de infarto! A que adivino, ¿Te peleaste con ese idiota? –Pregunta Susy -Sí, lo dejé, y estoy dispuesta a pasarla bien -Ya lo creo que la vamos a pasar bien. Con ese atuendo hoy dejas de ser santa –Se burla Tamara Nos vamos a un boliche súper exclusivo en Palermo. Sin duda mi atuendo me da privilegios ante los ojos de los hombres que están en la puerta. No más llegar a ella, el de la entrada se nos acerca y nos invita a pasar. Nos lleva hasta un vip donde no tardan en llegar los preciosos ejemplares de masculinidad a nuestro alrededor. Estoy empezando a sentir calor. Bailamos, tomamos y nos divertimos como hace tanto no lo hacíamos. En el medio de la pista bailo con un rubio divino. Es muy sensual. Varias veces trata de besarme pero no lo dejo. Me acerco a su oído y le digo -No vengo en busca de hombres –le guiño un ojo. Me mira con recelo y me deja en el medio de la pista sola. Entendió el mensaje. Me sonrío. ¡Qué fáciles son de engañar! Sigo bailando sola y no tardo en conseguir otro acompañante. Pero éste es más persistente que el rubio, así que tengo que defenderme dándole un buen rodillazo en sus partes. Mientras se queda doblado por el dolor, me agacho y le digo -¡No es no! –Le tiro un beso con dos dedos y me voy a la barra por una cerveza fresca. El barman me hace caritas y me regala la bebida. Le tiro un beso volador y me voy contenta con mi vaso en la mano. Lo que hacen los hombres frente a un cuerpito lindo. Mientras camino hacia mis amigas unas manos me toman de la cintura por detrás. Con una sonrisa en los labios me voy a dar vuelta para rechazar a mi captor pero me tiene bien agarrada y no puedo. Se acerca más a mi cuerpo y yo me tenso. -¿No estás demasiado provocativa para andar sola por estos lugares? Su voz resuena en mi pecho, las piernas me tiemblan y se me erizan los bellos del cuerpo -Creo que necesitas alguien que te cuide –vuelve a decir y su aliento rosa mi oreja. Como puedo me doy vuelta y nuestros rostros quedan a escasos centímetros. -Sé cómo defenderme –sonrío y lo dejo parado sin respuesta. Llego hasta la mesa y las chicas me avisan que un hombre muy guapo viene tras de mí. Sonrío sé que es Bruno. Pero al girar para esperarlo una mujer lo para y lo besa en los labios. ¡¿Pero qué mierda?! Me quedo con la sonrisa falsa en la cara y trato de disimular el fastidio. Al mirarlo de reojo veo que me está mirando, así que sin amilanarme lo saludo con la mano. Luego me paro y voy otra vez a la pista. Durante toda la noche nuestras miradas se encuentran, pero ninguno de los dos se acerca al otro. Seguro esa rubia teñida es su prometida. Mejor. Así por fin se dedica a ella. Ya es casi de día. Las chicas conocieron a unos muchachos y están tan enredadas que no distingo donde empieza un cuerpo y dónde termina el otro. Así que me tomo un taxi a casa. Cuando estoy entrando al edificio siento que alguien entra tras de mí. -Tenés que tener más cuidado, podrían lastimarte. -¿Qué haces acá Bruno? Ya te dije que no necesito que me cuiden. -¿Y si hubiese sido un asesino en mi lugar? -Tendrías uno de mis tacos clavado en la cabeza. -¿No me invitas a pasar? -No. Estoy cansada. Seguro vos también. -Pero podemos disfrutar de un café. -Está bien, pero lo haces vos porque yo ni ganas –No sé por qué accedí Subimos por el ascensor y por el reflejo veo cómo me observa. Él está apoyado con la espalda contra el costado del elevador y yo mirando al frente. Puedo sentir su mirada por cada parte de mi cuerpo. Mientras mi curiosidad inquieta está a punto de preguntar por la rubia pero me muerdo la lengua. Entramos a mi departamento, me saco los zapatos y me voy directo a mi cuarto a sacarme el diminuto vestido para ponerme algo más cómodo y menos provocador. Al darme vuelta para salir de mi pieza lo veo apoyado en el marco con una sonrisa de lobuna. -¡Qué linda sos! -¿Estás loco? ¿Cómo vas a entrar sin permiso a mi cuarto? -La puerta estaba abierta y yo sólo me quede mirando. Paso por su lado camino a la cocina para preparar el café. Él se me acerca por detrás, me abraza por la cintura y me besa el cuello. -Bruno, no -¿Por qué? ¿No te gusto? -No es eso. Es que no quiero. Tenés pareja. Y yo no me meto con hombres comprometidos. -Pero me gustas mucho. Quiero que sea mía. -Pues no va a poder ser. Ya te dije que no Sin el más mínimo esfuerzo me voltea y pone sus labios sobre los míos. Son suaves, delicados y están calientes. Lo empujo para separarlo pero es más fuerte y no me lo permite. Al contrario lo profundiza. Hasta que se despega de mí y puedo tomar aire. -Bruno quiero que te vayas. -¿Por qué? Te deseo tanto como vos a mí. -Creo que estás tomado y no sabes bien lo que haces. Mejor sentate un rato en el sillón mientras te llevo el café y lo hablamos. Hace lo que le pido como un cachorro obediente.. Eso me da tiempo para pensar qué hacer con él. No pienso dejar que me toque. Busco entre las cosas de la alacena el café y encuentro un frasquito de sedante que le daba a mi perro para navidad, para que no se asustara por los ruidos. Le pongo un buen chorro. Tal vez logre que se duerma antes que intente un nuevo asalto o tal vez lo envenene. No importa, para el caso se va a dormir o a enfermar, pero se le van a ir las ganas de todo. Cuando tengo todo listo llevo la bandeja al comedor. Lo veo dormido apoyado en el sillón, con la cabeza hacia atrás del respaldo. Se ve tan inofensivo. Dejo todo sobre la mesa y me voy a acostar, pero esta vez pongo llave en la puerta.
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