Al fin respiro tranquila al subir al avión, saludo a la azafata y me dirijo a mi asiento, voy en primera clase, al igual que cuando me vine a New York, espero no encontrarme a nadie molesto. Llegó a mi asiento y suspiro al ver que el asiento de mi lado está vacío, me acomodo en la ventana como siempre y me pongo mis audífonos, cierro los ojos mientras dejo que la música me envuelva en su mundo de ritmo. Sin darme cuenta me quedo dormida, despierto al sentir a la azafata decirme que debo abrochar mi cinturón, cuando voy a tomarlo unas manos que reconozco lo toman por mi. Miro a mi lado y para mí maldita suerte esta David, se supone que no había nadie a mi lado — ¿Qué haces? — le digo quitando sus manos de mi cinturón — Hola para ti también, solo te ayudaba con eso — dice señalando

