CapĂ­tulo 8: "El Nombre Prohibido"

1212 Words
💔 Contenido explícito: revelaciones impactantes, memoria recuperada, amor prohibido y alas rotas 🕊️ 1. El Cuerpo que Ardía Gabriel ardiendo en oro . Esa fue la primera sensación al despertar entre los escombros del sótano. Su piel brillaba con fractales luminosos, como si su sangre se hubiese convertido en polvo de estrellas . A su lado, Luciel yacía inconsciente, sus alas negras ahora moteadas de destellos dorados donde antes solo había oscuridad. —¿Qué... me está pasando? —Gabriel tocó su pecho, donde el dolor era más intenso. Bajo la piel, algo palpitaba , como un segundo corazón. Un susurro en su mente, en una lengua que no conocía pero entendía: "Sariel". Gabriel se desplomó de rodillas, las uñas clavándose en su propio pecho donde la piel se abultaba en ritmos antinaturales. No era un latido—era algo más tratando de nacer. — ¿Qué... me está pasando? — jadeó, mirando con horror cómo su carne se translucía , revelando venas de oro y algo... otro moviéndose bajo los músculos. Entonces lo oyó. Un susurro en lengua de estrellas muertas , áspero como alas de murciélago rozando piedra: "Sariel" . El nombre quemó como ácido en su mente. De pronto, lo supo todo : - Que Sariel fue el ángel que enseñó a los humanos a contar las lunas ... y a esconder cadáveres . - Que su sangre llevaba un fragmento de él, sellado tras siglos de linaje. - Que Rafael/Amadeo no quería curarlo ... sino usarlos como llave . Luciel, aún jadeante, alargó una mano sangrante hacia él: — Gabriel, no lo escuches— . Pero era tarde. La piel de Gabriel estalló en runas negras , y el primer par de alas —alas de sombra y hielo— se desgarró de su espalda. 2. El Primer Fragmento de Verdad Luciel despertó con un jadeo, sus ojos dorados ahora atravesados por vetas negras . —No debiste oír ese nombre —gruñó, intentando levantarse—. Es peligroso. Pero Gabriel lo sabía ahora. Como si la marca hubiera abierto una compuerta en su mente. —Ese nombre... es mío , ¿verdad? —preguntó, sosteniendo la cabeza de Luciel—. Yo era Sariel. El ángel caído cerró los ojos, pero no antes de que Gabriel viera la verdad en ellos . Luciel jadeó, las vetas negras en sus ojos expandiéndose como tinta en agua. Intentó apartarse, pero Gabriel lo sostuvo con una fuerza que no era humana — que nunca lo había sido . — No debiste oír ese nombre — gruñó Luciel, sangre dorada escapando de su nariz . Es más que peligroso... es un eco . Pero Gabriel ya sentía los fragmentos de memoria encajando : - Visiones de un cielo anterior , donde las estrellas tenían voces . - Una traición (¿suya? ¿de otros?) tallada en los muros del Séptimo Cielo. - Su caída , lenta , deliberada , como un hilo cortado por unas tijeras de plata ... — Ese nombre... es mío, ¿verdad? —susurró, los dedos temblando al tocar las lágrimas negras de Luciel—. Yo era Sariel . Luciel cerró los ojos , pero no antes de que Gabriel viera la confirmación en ellos: - No era una posesión . - No era un fragmento . Era su verdadero nombre , borrado de los registros celestiales... y de su propia mente . 3. La Confesión en el Confesionario Se refugiaron en el único lugar que Rafael no tocaría: el corazón de la iglesia . Entre las velas votivas, Luciel contó lo que Gabriel ya medio recordaba: — Eras un Principado —susurró, dibujando círculos en la palma de Gabriel con sus garras—. Un ángel guerrero. Las imágenes llegaron a Gabriel en ráfagas: - Una batalla en las nubes , espadas de fuego contra alas rotas. - Rafael besándolo en un jardín celestial, antes de clavarle un puñal en las costillas. - Luciel (entonces llamado Cassiel) , rescatándolo de la caída, arrancándole las alas para salvarlo del exterminio. — Me quitaste mis alas —Gabriel (¿Sariel?) acarició las cicatrices de Luciel—. ¿Por qué ? El tacto de Gabriel —¿o era Sariel ahora?— sobre las cicatrices de Luciel fue tan ligero como el aleteo de un pájaro moribundo. Las marcas, antiguas y brutales, aún ardían bajo sus dedos, como si guardaran el fuego de aquel día. Luciel — Cassiel entonces — no apartó la mirada, pero su voz fue un susurro quebrado : — Te las quité porque era la única manera de esconderte —. Y entonces, la memoria los arrastró a ambos: - El Cielo en llamas , los Vigilantes arrojándose al vacío mientras Sariel (¿Gabriel?) gritaba algo que hizo temblar las estrellas. - Cassiel/Luciel , más joven, más desesperado, cortando las alas de su hermano con un cuchillo de obsidiana bendita, llorando mientras la sangre dorada los quemaba a ambos . - La orden de Rafael/Amadeo retumbando desde lo alto: "¡Exterminad a los traidores! ¡Incluso si hay que borrar sus nombres!" . Gabriel sintió el peso de siglos en sus manos: — No me salvaste... me condenaste a vivir sin saber quién era —. Luciel sonrió, triste: — Preferí verte humano y perdido... que muerto y recordado como un monstruo . 4. El Beso que lo Recordó Todo Luciel no respondió con palabras. Se inclinó y le besó como si el mundo terminara . Y en ese momento, Gabriel lo recordó todo : El Jardín de los Suspiros.Donde los ángeles iban a amar en secreto. Donde él y Cassiel (ahora Luciel) se encontraron por primera vez. Donde Rafael los descubrió . El beso terminó con ambos jadeando, lágrimas doradas recorriendo las mejillas de Luciel. —Te reencarnaste como humano para esconderte —explicó—. Pero tu alma seguía siendo la misma. 5. Las Alas que Quieren Nacer Gabriel se desnudó frente al crucifijo. Su espalda estaba cubierta de marcas rojas , como quemaduras en forma de alas. — ¿Pueden... volver a crecer? —preguntó, temeroso. Luciel colocó sus manos sobre las marcas. — Sí. Pero no como antes. Un dolor insoportable recorrió la columna de Gabriel. Algo se movía bajo su piel. 6. La Llegada de los Vigilantes El estruendo los sacó del trance. Vidrieras estallando. Maderos quebrándose. Luciel se puso en guardia inmediatamente. — Los Vigilantes —gruñó—. Los ángeles que custodian el velo entre dimensiones. Gabriel miró por la ventana rota. Tres figuras altísimas, con trajes de gala manchados de sangre , flotaban sobre el jardín. Sus rostros eran blancos y lisos como máscaras fúnebres . El del centro señaló a Gabriel con un guante n***o. — Sariel. Por orden del Quinto Círculo, debes venir con nosotros. 7. La Decisión Final Gabriel sintió las alas intentando brotar , un dolor que lo dobló por la mitad. Luciel lo sostuvo, susurrándole al oído: — Hay una forma de ganar tiempo... pero tendrás que confiar en mí. Antes de que Gabriel pudiera preguntar, Luciel le clavó los colmillos en el cuello . No fue un ataque. Fue un ritual . La iglesia entera retumbó cuando un portal se abrió bajo sus pies .
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD