-Sabes que los chicos me llaman para preguntarme qué llevo puesto, para coquetear y esas cosas. -
-Sí.-
Estoy harta de esto. Son tipos de mediana edad que no se atreven a coquetear conmigo mientras estamos juntos, y creen que hablar de mi ropa me va a excitar tanto que los invitaré a mi habitación a echar un polvo. ¿Así lo llaman ahora?
-¿Entonces quieres que sean lo suficientemente hombres como para hacerte insinuaciones cara a cara?-
Ella me golpeó en el pecho con el puño.
-¡Maldito seas! El único hombre que quiero que me insinúe eres tú, pero es irritante, y esta noche, en Chicago, un superintendente de algún nivel del sistema escolar de la ciudad, no recuerdo exactamente cuál era su cargo, me llamó y me hizo esa pregunta. Luego se rió, se disculpó, me dijo quién era y dijo que yo estaba tan buena que tenía que preguntarme.-
-Y..........-
-Bueno, nos pusimos a hablar. Fue muy refrescante hablar con un chico que fue lo suficientemente honesto como para hablar conmigo en lugar de ser un pervertido por teléfono. Está casado, pero...-
-Lo sé. Ella no lo entiende.-
-Dijo eso y luego se rió. Dijo que ella lo ama y él la ama, pero que llevan casi 20 años casados, después de graduarse de la universidad, y se han vuelto... obsoletos.-
—Hay mucho de eso circulando, cariño, al menos por lo que oigo en el trabajo. ¿Te invitó a verlo?-
-Esperaba que dijera que sí y que lo había derribado. ¿Por qué este tipo iba a ser diferente de las legiones que lo precedieron y que lucharon con tanto ahínco por conquistarla, sin siquiera olfatear la tierra prometida?-
—No, él nunca hizo nada parecido. Era un caballero.-
-¿Quién llamó a una mujer casada para preguntarle qué vestía en la cama y hablar de su matrimonio 'rancio'?-
Ella negó con la cabeza y hubo un destello, solo un destello fugaz, de algo que comprendí que era irritación. Mientras la emoción tardaba en aparecer y desaparecer, me sentí extraño. Estaba irritada conmigo. Siempre estábamos del mismo lado.
—No, Hugh. Sé que fue una estupidez, pero no se comportó como un bicho raro. Solo hablamos, bromeamos y...
Intentaba descifrar qué me quería decir. Fingía estar bromeando, pero en realidad parecía un poco avergonzada, y hasta ahora no tenía ni idea de qué podría avergonzarse.
-Y....-
-Sabes, con los viajes que he hecho estos últimos meses, hemos pasado menos tiempo juntos que en mucho tiempo.-
-Lo sé.-
-Y... yo... yo estaba un poco cachonda.-
-¿Y?-
-Mientras hablábamos...nosotros...yo...me puse un poco...atrevida.-
-¿Atrevida? Como...-
-Sí... sexo telefónico.-
-¿En serio hablaste de follar con él?-
-No, no. Solo hablamos de cómo nos veíamos y de lo que nos gustaba. Le conté cómo hacíamos el amor y él me contó lo que a él y a su esposa les gusta hacer. Y...-
-Usaste tus dedos...-
—No le dije lo que estaba haciendo, cariño. Te lo juro. Pero...
-Hablas bastante fuerte. Él sabía que te estabas burlando de ti mismo, ¿no?-
Se detuvo y la miré profundamente a los ojos. Ella bajó la vista y luego la levantó hacia mí. Estaba sonrojada.
-Sí, él lo sabía y me dijo que sabía lo que yo hacía. Él estaba haciendo lo mismo y me lo describió. -
-¿Entonces le colgaste?-
-No.-
-¿Lo ayudaste? ¿Le dijiste lo que le harías a su pene con tu boca, tus dedos y tu coño?-
Ella se incorporó para mirarme mientras colocaba ambas manos a cada lado de mi cara para sostener mi mirada en ella.
—No, Hugh, no. Si alguna vez has creído algo de lo que te he dicho, créeme. No jugué a ese juego con él. No dije nada mientras él... hablaba.
—¿Pero no colgaste?
-No.-
Ella bajó su cara hacia mi pecho.
-Me sentí muy sucia después. Cuando terminó, colgué. Sé que me devolvió la llamada, pero no contesté ninguna, y al día siguiente... me alejé de él y no quise hablar con él.-
-¿Intentó ponerlo en marcha de nuevo?-
-Sí. Finalmente lo llevé aparte y le dije que ambos nos habíamos comportado como preadolescentes y que no era yo. No quería tener que contárselo a sus superiores y, si él no se olvidaba de todo el asunto, aunque nos costara un contrato, yo lo haría.-
Ella besó mi pezón derecho.
-Cariño, lo siento mucho. Llevamos más de 30 años casados y nunca he hecho algo así. Si vivimos juntos otros 30 años, no lo volveré a hacer. Por favor, dime que me crees.-
Lo pensé por un minuto.
—Dime una cosa. ¿Pensaste en conocerlo y en llevarlo más lejos?
Ella permaneció en silencio durante mucho tiempo.
-Tengo muchísimas ganas de mentirte, pero sé que lo sabrías. Sí, solo por un breve periodo, lo estuve pensando; no es que quisiera acostarme con él, siempre has sido más que suficiente, pero solo he estado con cuatro hombres en mi vida y con nadie más que tú en más de 30 años. Nunca lo pensé seriamente.
La rodeé con mis brazos y la abracé fuerte.
-¿Todavía me amas?-
-Sí.-
-¿Me has sido fiel? -
-Oh sí.-
-¿Quieres follar otra vez tan pronto como pueda levantarlo?-
-Oh, Dios, sí.-
Me impactó un poco, debo admitirlo. Era la primera vez que algo así me pasaba, por su parte, pero recuerdo mi época de fervor s****l. Solo la suerte, y quizás alguien en el piso de arriba cuidándome, me impidió engañar a Mary y volverme tan loco que nuestro matrimonio se hubiera derrumbado. Me ayudó poder leerla, igual que sabía que ella podía leerme a mí. Me había dicho la verdad. Había estado tentada, pero se había marchado. Era humana y no podía pedirle más.
Nuestra vida continuó. Ella viajó de Jacksonville a Atlanta, Charlotte, Nueva York, Hartford, San Francisco, Denver y Portland, pero no volvió a Chicago. En 2007, estaba de viaje de negocios en Indianápolis.
Habían pasado nueve meses desde la conversación sobre la experiencia de sexo telefónico en Chicago. A veces sentía que algo había cambiado, pero no había nada que pudiera identificar. Ella era igual de apasionada la mayor parte del tiempo, aunque había momentos en que se mostraba fría, pero siempre habíamos pasado por esos ciclos de altibajos. Nadie puede estar guapísimo todo el tiempo, así que otras veces sentía que nada había cambiado.
Entonces, un lunes, regresó a casa después de un viaje de cuatro días a Indianápolis. Se suponía que yo estaría trabajando. Recogió su Audi TTS Coupé de la espera en JIA, donde normalmente lo guardaba entre viajes, y condujo hasta nuestra casa de dos pisos, de estilo mandarín, donde habíamos vivido los últimos siete años. Entró por la puerta principal con una maleta de mano y se detuvo en la entrada.
-Hugh, ¿qué... qué haces aquí? ¿Por qué no estás trabajando?-
-No me siento bien. Tengo un malestar estomacal. Hablé con Gail y me dijo que me fuera a casa y descansara el resto del día.-
Dejó la bolsa de viaje y se puso de pie, y luego se agachó, a mi lado. Extendió la mano para tocarme la frente con sus manos frescas.
-No tienes fiebre. ¿Has tenido náuseas? ¿Has vomitado? ¿Has tomado algo?-
-No, un poquito, no. ¡No!-
—No... no te entiendo, Hugh. Suenas muy raro y me miras de forma tan extraña.
Aparté su mano de mi frente fría y la sostuve entre las mías.
-Me siento como si estuviera soñando, Mary. Como si estuviera atrapado en una pesadilla y no pudiera despertar.-
Me miraba fijamente a los ojos, intentando no ver. Sabía que eso era lo que hacía: llevábamos demasiado tiempo casados.
-No tienes sentido, Hugh. Me estás asustando.-
-¿Por qué cambiaste tu hotel del Canterbury al Wyndham West?-
Me miró y movió los labios, pero no pronunció palabra alguna. Me miró fijamente a los ojos como si la respuesta a un enigma cósmico se escondiera allí.
-Me estás preguntando por qué yo...-
-Por que cambió su reserva de hotel de un hotel donde se celebraba la reunión a uno al otro lado de la ciudad. Tenía que levantarse una hora antes para llegar a las reuniones. No había nadie más de su empresa alojado allí. La gerencia del hotel dijo que el cambio no provenía de su empresa. Usted personalmente solicitó el cambio. El Wyndham era más caro para esa habitación, pero pagó la diferencia usted misma en lugar de que su empresa se encargara de ello. ¿Por qué? Mary, ¿¡Por qué!? -
-¿Cómo... cómo sabes eso, Hugh?-
-Llamé y consulté con los hoteles. Luego hablé con gente de su empresa. El cambio fue culpa suya. Dijeron que ya lo había hecho antes, desde hace unos seis meses, pero que era tan valioso que no lo cuestionaban. Un m*****o del equipo de Recursos Humanos comentó que siempre hacía el trabajo bien y que siempre pagaba cualquier diferencial de su cuenta personal. Es una de las ventajas de ser una persona clave, dijeron.