Capítulo 2 "Olor a rosas”

1050 Words
ELISA Verlo muerto de miedo y desesperación por no morir. Él temblaba, su respiración era entrecortada, rezaba en un murmullo que apenas entendía, finalmente abrió los ojos y esos ojos color esmeralda me miraba suplicantes y al borde de las lágrimas, ese brillo de desesperación me daba cierta risa pero a la vez pena, sin embargo no era capaz de sentir empatía o remordimiento alguno por alguien, por eso es que mi abuelo quiso que fuera su sucesora y no por el simple hecho de ser mujer o su única nieta con vida. Él así lo quiso y eso fue todo. Ser la única Richter con vida no era un privilegio pero la ventaja era que nadie lo sabía más Orlando y uno que otro subordinado que supiera mantener la boca cerrada. Seguí apuntándolo con el arma mirándolo con la necesidad e impulso de matarlo pero mi deseo de preguntar fue más fuerte que mi impulso de matarlo de un tiro en la cabeza, lo cual de solo pensarlo era hermoso. Por lo tanto, tenía que tener la mente clara y no dejar que esta se nublara por mis pensamientos retorcidos y llenos de furia. Suspiré pesadamente sin bajar el arma dije: —Pensaste que nunca me daría cuenta, Stefano?—Su mirada se desvió hacia otra parte. No se atrevía a mirarme.—Tienes una última oportunidad de explicarlo, de lo contrario Hassan te dará un regalo que nunca podrás olvidar. Su mirada cambió y se mostró horrorizado, él fue testigo de muchos de esos castigos y siendo hombre bueno... Ninguno era lindo. Se dejó caer derrotado como la cucaracha que era. —Creí...—Lo oí decir finalmente. —¿Qué creíste?—Le exigí una respuesta. —Creí... que podía ser el segundo al mando, tu mano derecha y sobretodo... tu "Liebe" (amor)—. En ese momento sentí tanto asco pero a la vez asombro por aquella confesión tan inesperada de su parte. Pero no podía sentir nada más que... Odio. Sólo podía sentir odio por él. No amor, eso era imposible. Yo no podía estar con nadie y eso era debido a mi forma de vida, yo era la Reina de la Mafia. No una mujer que pudiera tener una vida normal, eso no era posible. —No siento nada, sólo siento odio hacia a ti. Me traicionaste... y lo pagarás con sangre—. Salí de la habitación y en ese momento llegó Hassan. Un hombre en sus veintes, alto, musculoso, con un rostro de ángel que por dentro llevaba consigo al diablo, sus ojos grises me miraron y yo asentí, de sus labios rosados y perfectos surgió una sonrisa oscura y macabra. Conocía bien esa sonrisa y con eso supe que era el fin de Stefano. Hizo hacia atrás su cabellera rubia oscura y dio un profundo suspiro, se estaba preparando para su "Cirugía" decía él, pero todos sabíamos que esas "cirugías" eran sólo el inicio del camino hacia el infierno. Hassan llevaba puesta su bata blanca de doctor, impecable y lista para cubrirse de sangre, que era su deleite aquel color tan peculiar, para él. Él no me dijo nada y simplemente entró a la habitación con Stefano, cerró la puerta y al darme la vuelta para irme... —¡¡¡¡¡¡AAAAAAHHHHHH!!!!! ¡¡¡¡AHHHHH!!!—Un grito desgarrador resonó por toda el pasillo de la Casa de seguridad. Un espantoso escalofrío recorrió todo mi cuerpo, era espantoso y sumamente aterrador que para cualquiera que no estuviera acostumbrado a oír correría muerto de miedo. Bajé las escaleras ignorando los gritos de súplica rogándome piedad, pero por desgracia en el mundo de la Mafia muy rara vez hay segundas oportunidades. Orlando me vio llegar y casi de inmediato me sacó de la casa de seguridad la cual quería cerrar para siempre y desmantelarla hasta dejarla sin nada. Pero antes de irnos dejamos de oír los gritos y las miradas de horror de los demás se mostraron aún más horrorizados, estaban aterrados y presos del pánico pensando en que sí me traicionaban... terminarían como Stefano y no estaban tan lejos de la realidad. Sin embargo... aún conservaba mi lado humano y dije: —No los mataré, no se preocupen—. Hablé con la frente en alto mirándolos.—; seguirán trabajando como siempre y viviendo en esta casa de seguridad, claro sí es que desean ser trasladados a otra de mis casas de seguridad, adelante no los voy a detener. E incluso sí desean dejar esta también lo entiendo, nadie quiere trabajar para una loca desquiciada que busca mantener vivo su linaje, sin importarle cuántas vida quite sin sentir el más mínimo gramo de culpa—. Todos se miraron con desconcierto y entonces uno de ellos dijo: —No me iré, usted me ayudó mucho y juré que jamás volvería a vivir en la calle y menos de la forma en que vivía. Así que me quedo—.Todos dijeron que se quedaban y ninguno mostró arrepentimiento. Sonreí mirándolos y pronto dejamos de oír la respiración de Stefano. Él había muerto... Y luego un peculiar olor a rosas se hizo presente, y para mi familia significaba que un anterior m*****o de nuestro negocio había muerto como lo que es un maldito traidor. Aquel olor a rosas era un recordatorio que nadie olvidaba y mucho menos yo. Orlando y yo nos fuimos luego de que nos aseguramos de que nadie descubriría el cuerpo de Stefano. Había eliminado a una gran molestia en el trasero, pero algo me decía que él no sería el último que se iba atrever traicionarme. Sin embargo no tenía humor alguno para seguir pensando en nada, pero pronto recibí un mensaje del teléfono privado de mi abuelo. "Vuelve a casa ahora mismo..." Decía el mensaje. Suspiré pesadamente y Orlando dijo: —¿Todo bien señorita?—Me preguntó con una mezcla de curiosidad y preocupación. —El viejo, quiere vuelva a casa. Dile a alguien que consiga Whisky y que sea del bueno. Lo voy a necesitar para calmarlo—. Orlando hizo una mueca y entendió casi de inmediato lo que quise decir y envió a alguien a comprar el Whisky. Otro dolor de cabeza más intenso que con el vino tinto.
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