Natalia cierra los ojos y respira profundo mientras susurra al techo de su habitación: — ¿Qué haría Luna…? — Como si el nombre fuera un conjuro, una chispa se enciende detrás de sus ojos. ¡Lencería! Se endereza de golpe en la cama, con el corazón agitado y las mejillas encendidas. Se pone de pie descalza, caminando decidida hacia el vestier. Empieza a abrir gavetas y mover cajas, sacando prendas, algunas que apenas recordaba tener. Toca los encajes con cierta timidez, como si fuesen piel ajena. “No sé si esto es demasiado…” se dice a sí misma, apartando uno. Luego otro. Hasta que da con uno. Es n***o. Mínimo. Finas tiras cruzadas entre sí, con encaje en los lugares precisos y satín delgado que apenas cubre lo esencial. — Oh, por Dios… — Susurra con un nudo en la garganta. Se le aceler

