PRÓLOGO.
Prólogo
Hace veinte años — Roma, Italia.
Alfred Vetrov nació en el corazón helado de Rusia, en una región donde la ley era una sugerencia y el poder se respetaba más que la sangre. Creció entre códigos mafiosos y silencios que valían la vida. Pero él no quiso pertenecer a ese mundo.
Quiso ser distinto.
Escapó a Italia con una beca universitaria y una ambición sin medida. Allí conoció a Emilia, una italiana cálida, honesta, con una sonrisa que rompía su dureza. Se enamoraron, se casaron, y él levantó un emporio de negocios legales que con los años floreció.
Por un tiempo, todo pareció perfecto.
Hasta que el mercado cayó.
Un desplome financiero lo dejó al borde del colapso. Sus empresas, alguna vez firmes, comenzaron a caer como fichas de dominó.
Y entonces, cometió su error más grande.
Buscó ayuda en un nombre que circulaba en susurros:
Maxwell Orlov.
Un ruso asentado en Italia. Un prestamista sin rostro público, pero con ojos en todas partes. No era un mafioso heredero: era un conquistador.
Se había ganado su trono a la fuerza, arrebatando territorios a sus enemigos, traicionando al hombre que lo inició y tomando su lugar.
Ahora su red era una serpiente gigante que respiraba dinero, miedo y silencio.
El trato que le ofreció a Alfred fue directo:
Una suma millonaria.
Sin intereses.
Sin plazos.
Sin piedad.
La condición o cláusula contractual:
📜 Cláusula Especial – Anexo IV del Contrato de Préstamo
“Al cumplirse la mayoría de edad de la hija del deudor, es decir, al arribar esta a los dieciocho (18) años de edad, deberá encontrarse en estado de pureza física (virgen intacta) y estar disponible para ser entregada voluntariamente al acreedor como garantía final del préstamo otorgado. La entrega de la joven deberá realizarse dentro de los treinta (30) días posteriores a su cumpleaños.
En caso de que la joven no conserve su pureza, o se niegue a ser entregada, o el deudor falle o incumpla con dicha entrega, la deuda total –incluyendo intereses acumulados y penalidades estipuladas– deberá ser saldada en su totalidad en un único pago. De no cumplirse esta condición, el acreedor tendrá total potestad para ejecutar cualquier medio necesario para cobrar la deuda, sin limitaciones legales ni éticas, incluyendo pero no limitado a la disolución forzada de bienes y represalias contra los miembros sobrevivientes del núcleo familiar.”
Alfred dudó.
Pero no tenía salida.
Y firmó.
Murió ocho años después, cuando Nati apenas tenía diez.
La cláusula jamás se mencionó.
Emilia, su viuda, heredó lo que creyó que eran solo deudas económicas.
Jamás imaginó que había un contrato sellado con la sangre de su hija.
Se mudaron a un barrio más modesto.
Vendieron todo.
Trabajaron incansablemente.
Nat creció sin lujos, pero con amor, con una madre que la protegió de todo… menos del pasado.
Ahora, Nat tiene veintitrés años.
Y un contrato que jamás firmó ha comenzado a cobrar su precio.
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Presentación de personajes
Natalia “Nat” Vetrov
Edad: 23 años
Ocupación: Estudiante de arte / Limpia una tienda de ropa local.
Perfil: De carácter explosivo y apariencia frágil, Natalia es mucho más fuerte de lo que deja ver. Creció rodeada de carencias, pero también de dignidad. Su madre fue su universo. Ama leer, dibujar, y tiene una fe inquebrantable en el amor, a pesar de no haberlo vivido con intensidad. Tiene una belleza sutil, natural. No es la mujer que atrae por escándalo, sino por misterio.
Natalia desconoce el contrato que marcó su destino. Cree que su vida es solo una lucha por salir adelante. Lo que no sabe es que cada paso que ha dado ha sido observado por ojos que ya decidieron por ella.
Emilia Bianchi
Edad: 45 años
Ocupación: Costurera y cuidadora a domicilio
Perfil: Viuda de Alfred Vetrov. Emilia es una mujer trabajadora, silenciosa y fuerte. Ha hecho de todo para mantener a flote su hogar desde la muerte de su esposo. No sabe del contrato que su marido firmó antes de morir, pero intuye que algo oscuro rodeó siempre a Alfred. Aun así, decidió mirar hacia adelante y criar a su hija con valores limpios y lejos de todo lo que le dolía.
Su vida gira en torno a Natalia, su única razón para continuar. Vive con el miedo constante de perderla.
Serguei Antonov
Edad: 34 años
Ocupación: Mano derecha de Mikhail Orlov – jefe operativo, logística y control territorial
Perfil: Serguei no se anda con rodeos. Es directo, insolente cuando quiere, y tiene el tipo de carisma que molesta: ese que te lanza verdades en la cara sin anestesia y con una sonrisa burlona. Es leal a Mikhail hasta la médula, pero no por miedo ni por dinero, sino porque lo respeta como a nadie más. Han sobrevivido guerras juntos, calles, traiciones. Y aunque a veces discuten como perros, la hermandad entre ellos es inquebrantable.
Con la boca suelta y los puños igual de ágiles, Serguei es el tipo de hombre que prefiere resolver las cosas “a lo ruso”: con un cigarro en la boca y sangre en los nudillos. Le gusta la buena música, los chistes malos, y odia que le den órdenes... excepto si vienen de Mikhail.
Aunque su lenguaje y temperamento son explosivos, tiene una memoria feroz y una mente ágil para los negocios sucios. Su presencia en la historia aportará tensión, humor, y ese lado cínico que contrasta con el silencio y la oscuridad elegante de su jefe.
Mikhail Orlov
Edad: 36 años
Ocupación: Líder de la mafia rusa – actual jefe del clan Orlov, con sede principal en Rusia y operaciones en Italia.
Perfil:
Mikhail Orlov es un hombre de estructura imponente, con un rostro tallado en hielo y un temperamento contenido que pesa más que cualquier amenaza verbal. Habla poco, pero cada palabra que pronuncia es medida, definitiva y cargada de autoridad.
No le interesa convencer. No le interesa discutir. Ordena. Se hace. Punto. El callado casi al 1000%
Hereda el mando de su padre, quien durante décadas sostuvo el control de las operaciones del clan Orlov desde Italia. Fue él quien tejió pactos, como el que marcó el destino de Natalia y su familia. Pero fue Mikhail quien elevó ese imperio, endureció sus raíces, expandió su poder y trasladó su núcleo a Rusia, donde gobierna con puño de acero y un código que no perdona errores.
Aunque mantiene operaciones activas en Italia, y viaja cuando es necesario para ejercer control directo, es Rusia el territorio donde Mikhail reina. Ahí lo siguen con lealtad absoluta. Ahí se forjó el respeto que le tiene incluso el silencio.
De belleza ruda, seria y letal, su atractivo no está en su simpatía, sino en su carácter; en su silencio. No necesita levantar la voz para controlar una habitación. Basta su presencia. Su mirada. Su historia.
En él no hay espacio para la ternura. Ni para lo superfluo. Y si en algún rincón guarda debilidad, la mantiene sellada bajo capas de hielo que nadie ha logrado atravesar.