A la mañana siguiente, el ritmo dentro de la mansión era vertiginoso. El sol apenas despuntaba en el horizonte cuando el sonido de pasos firmes y puertas abriéndose con prisa se apoderó del ambiente. Sergei, de chaqueta táctica y rostro tenso, avanzaba por los pasillos con Leonid pisándole los talones. — Las bodegas A y C han sido aseguradas. — Informó Sergei, revisando una lista electrónica en su tableta. — Tenemos el perímetro cerrado y los hombres en posición. Nadie entra ni sale sin una revisión triple. — Leonid, el más joven del grupo, pero brillante con los números y patrones, tecleaba en su dispositivo portátil mientras hablaba con tono apurado. — He trazado los últimos movimientos de la mercancía antes del robo. Hay una brecha entre las 03:42 y las 04:06. Las cámaras del sector

