Nicholas Me desperté con el pecho agitado, la mente en un desorden tan denso que me era imposible recordar cuánto tiempo había dormido o cuándo había llegado Lara. Al mirar el reloj, noté que apenas eran las seis de la mañana. Me levanté con cuidado, tratando de no hacer ruido, y me encerré en el baño. Sentía que la cabeza me iba a explotar, como si cada pensamiento de la tarde anterior estuviera empujando hacia la superficie. Me miré en el espejo y no pude evitar ver el reflejo de un hombre derrotado, alguien que llevaba semanas, quizás meses, intentando fingir que todo estaba bien. Me lavé la cara, me cepillé los dientes y pasé las manos por mi cabello, intentando, sin éxito, quitarme esa expresión de agotamiento. Cuando regresé a la habitación, vi a Lara dormida, y por un instante

