Lila Casi salí corriendo de esa habitación. Las preguntas se arremolinaban en mi mente como una tormenta, golpeando una y otra vez. ¿Qué fue lo que había hecho? ¿Por qué seguía teniendo ese efecto en mí? Sentía el eco de cada beso, de cada caricia, y, al mismo tiempo, el peso aplastante de la realidad. ¿Por qué me había dejado poner otra vez en el lugar de la otra? Sabía, en lo más profundo, que así no era como debía ser, que ese papel me alejaba de quien yo era. Y, sin embargo, allí estaba, tan envuelta en él como siempre. Pero no podía mentirme. Lo había extrañado a niveles que parecían inhumanos, más allá de la razón, más allá de cualquier intento de olvidarlo, asique, tenerlo de vuelta, siquiera por un momento, fue como respirar después de años de estar bajo el agua. Había ali

