Nicholas Di unos pasos hacia la salida, pero en un momento de lucidez, me detuve, respiré hondo y me obligué a volver. ¿Qué mierda estaba haciendo? Esa pregunta resonaba en mi cabeza como un eco mientras caminaba por el pasillo, de vuelta, con la adrenalina y el miedo provocando una confusión abrumadora. Cuando entré de nuevo al consultorio, la atmósfera era densa, cargada de un silencio incómodo, ella me miró, los ojos reflejando un miedo palpable, como si no pudiera creer que estaba allí. Me acerqué a la camilla, mi corazón golpeando con fuerza en el pecho, y en un impulso casi irracional, la tomé de la nuca. La atraje hacia mí y la besé con una intensidad que me sorprendió a mí mismo. Fue un beso voraz, lleno de la necesidad de sentirla cerca, de borrar la distancia que nos había s

