Al día siguiente que por obra del espíritu santo pude despertar temprano. Me fui a trabajar. Al llegar a la oficina, acomodé todo y me preparé un café, le preparé el de Wilfredo. Cuando se lo llevé a la oficina, lo encontré dormido encima de su escritorio. Era la primera vez que lo veía así, decaído y dormido tan profundamente. Coloqué el café en el escritorio y me puse a observarlo. Se veía tan bien hasta durmiendo, sin embargo, no tuve otra opción que tocarlo para que se ponga a trabajar. Él se espantó, y le señalé el café. — Cuando salga, puede decirle a Saúl que venga a mi oficina, por favor —lo escuché decir, decaído. Asentí, fui en busca de Saúl y lo acompañé hasta donde el jefe. Vi a Wilfredo levantarse y acercarse hasta el estante y cayó desplomado como un muerto al suelo. Su a

