Cuando llegamos nuestra habitación está cayendo la noche, todos estamos a mallugados, cansados y malhumorados. Cada uno se lanzó a su respectiva pequeña cama, pero la chica peli roja se queda parada, mirándonos, tiene los ojos rojos a punto de llorar. Pol se lanza de su cama apenas lo nota y se acerca hasta ella. —¿Estás bien, preciosa? —él es tan grande y ella tan pequeña que tiene que agacharse para hablarle. La chica niega repetidas veces, luego suspira, pero parece dolerle. —Creo…—comienza a decir, pero hace una mueca de dolor —creo que me rompí unas costillas —la muchacha rubia se avienta de su camarote. —La llevaré a la enfermería. —Estás segura, Iliana —le dice Pol —mejor voy yo, qué tal se desmaye. —Pol, enserio crees que no podría con ella, incluso podría contigo, si quieres

