Capítulo 2 Parte 2

1949 Words
La sala de graduación es el lugar más amplio en el que haya estado en mi vida. Cien metros de altura y casi doscientos metros cuadrados, en realidad es la zona de aterrizaje, pero adecuada con una pequeña tarima para el evento. No hay sillas, así que las personas se amontonan frente a la tarima. Una marea de monos negros mezclados con ropas medianamente decentes debido a la ocasión, se mueve como las hojas al viento. En la tarima hay diez sillas, siete para los representantes de cada sección de trabajo, dos para el psicólogo y el psiquiatra y la otra para el general, mi tío. El presidente está demasiado ocupado para venir a una simple selección de trabajo.   Camino con Marian de la mano hasta que me uno a Edee que está concentrado mirando las sillas vacías de la tarima. Me saluda con un gesto de la cabeza, y aunque me mira la nariz con desconcierto se traga todas las preguntas cuando un aéreo deslizado tapa la luz que entra por el tragaluz del techo. —Ya llegaron los chicos de las otras arcas— dice y sujeta también la mano libre de Marian, ella le dedica una de sus mejores sonrisas —tu primo es demasiado descuidado, seguro deja que te roben— Marian parece demasiado contenta sujetando nuestras manos. Ella y Edee siempre han tenido una buena relación, aún recuerdo las horas eternas de discusión entre ellos hablando de cómo se debe conquistar a una chica.  Quince minutos después las puertas que conducen a las placas de aterrizaje se abren dejando pasar decenas de jóvenes con monos negros. Nosotros tenemos ventaja al vivir en el arca principal, ya que nuestros familiares pueden asistir a la ceremonia mientras que los demás chicos tienen que viajar solos. Nosotros no tenemos a nadie más que a nosotros tres, nuestros padre murieron el mismo día, y es algo en lo que no nos gusta pensar mucho. Hace doce años, cuando yo tenía diez, Edward once y Marian no había nacido, un virus se dispersó por el arca luna, se perdieron decenas de vidas, la gente moría por montones y el arca no tenía suficientes personas para ayudar, entonces comenzaron a llevar hombres y mujeres de otras arcas para que ayudaran con los enfermos; mis padres, los de Edward y los de cientos de niños más, incluidos los de Jina y Pol. Nunca volvieron. Edward nunca le perdonó a su padre que lo hubiera abandonado, desde entonces odia que le recuerden que ambos se llaman de la misma manera, tal vez le hace recordar que lo último que le dijo fue un "te odio". Las últimas palabras de mi padre fueron cuida a Edward, y de mi madre… sólo recuerdo el poema que me recitó la noche anterior. Vimos como todos partieron y como sus promesas de regresar nunca se cumplieron. Desde entonces siempre estamos los tres juntos, como una familia, ya que mi tío jamás visita a Marian, y su madre murió de cáncer cuando tenía dos. Las sillas de la tarima se comienzan a llenar y Marian ahoga un grito al ver a su padre; altivo, firme e imponente, con su mono celeste y sus insignias, camina firme y decidido, con sus ojos azules escudriñando la multitud. Cuando sus ojos reconocen mi cabello por encima de todos, Edee y yo, que seguimos sujetando a Marian, la levantamos para que él la vea, cuando lo hace sonríe y niega con la cabeza. Seguro piensa que no tenemos remedio. Grace ocupa su puesto como representante del herbario, se ve demasiado seria y callada. Suena el himno y todos se paran firmes. Cantamos unos segundos y luego el psicólogo se pone de pie, camina hasta el atril y golpea el micrófono un par de veces. —Bienvenidos a Emma— su voz retumba por todas parte haciendo daño a los oídos —antes de iniciar la ceremonia de selección guardaremos un minuto de silencio por nuestros compañeros que perecieron en la caída de nuestra vecina Luna hace doce años justamente hoy— todos guardan silencio, Marian aprieta mi mano con fuerza y estoy seguro que también la de Edee, después del minuto el hombre dice:  —Como todos saben, la selección se realiza gracias a un previo examen de aptitud, el porqué del examen es cuestionado entre muchos, pero responderé a esos interrogantes de la misma manera en que los respondo cada año— Edee y yo lo imitamos mientras lo dice —una persona hace mejor lo que sabe hacer que lo que le gusta hacer, porque una persona que sabe lo que hace lo hace bien— es la frase más estúpida que he oído, se supone que una frase motivadora tiene que rimar, o al menos tiene que ser cursi, pero creo que los psicólogos no tienen creatividad para idear frases motivadoras o convincentes, no al menos estos. —En esta lista— continúa y levanta una mano para que la veamos —tenemos los resultados de la prueba de aptitud y los trabajos ya están asignados— miro a Edde, luce preocupado, tal vez más preocupado que yo, seguro está pensando lo mismo. En cada arca se puede trabajar con cualquier empleo, pero no en cualquier arca lo enseñan. Los únicos empleos que se enseñan en Emma son: el trabajo en el herbario, el hospital y la cocina. Si a alguno de nuestra nave le asignan otro empleo tendrá que mudarse, y cuando se gradúe lo asignarán permanentemente a una de las arcas, por lo regular nadie vuelve.  El psicólogo toma la lista, la abre y llama a la primera persona que resulta ser una chica de cabello rojizo, sale de entre la multitud y camina torpe hacia la tarima, se tropieza en el último escalón y la multitud ahoga un grito. —Pobre— dice Marian —caerse el día de tu graduación y justo ser de primera— la chica se pone de pie como un relámpago y el psicólogo dice: —Tú prueba de aptitud, realizada la semana pasada determina que tu sección es...— la chica da un respingo cuando el hombre casi grita —seguridad— se queda sin aliento y se dirige a la representante de esa sección que se pone de pie, camina hacia una mesa, toma un paquete que contiene el uniforme se lo entrega junto con la llave de su casillero, luego la chica le da a la mano a cada uno de los representantes, incluido mi tío, y baja del escenario. Hay siete trabajos:   La escuela    El hospital   El herbario    La granja    La cocina  Oficios varios (Limpieza, mantenimiento, electricidad, construcción etc.) y la policía, o seguridad.   El siguiente chico entra al herbario, y como no es de esta arca tendrá que mudarse, no dejo de sentir envidia por él. Le entregan el uniforme y la llave, luego pasa a dar la mano, cuando pasa por Grace ella se le queda mirando, será uno de sus nuevos aprendices. No cualquiera pude entrar al herbario, allí se estudia mucho la química, producción agrícola y cosas así, es una de las sesiones más complicada. La siguiente es una chica que entra a la cocina, no hay mucho que aprender en esa sección, así que se enseña en todas las arcas y nadie tiene que mudarse.  Luego sigue Jina. Estiro la cabeza y veo como su piel canela resalta más que mi cabello blanco. Se ve segura y feliz, con una hermosa sonrisa que se borra cuando la asignan a la granja. Baja con su uniforme y la llave sin darle la mano a nadie, sale por la puerta, y yo me quedo mirando por dónde se ha ido. Un par de personas más y el estómago me da un vuelco cuando llaman a Edee. Él suelta la mano de Marian y se abre paso entre la gente, cuando llega al pie de las escaleras mi dedica una mirada rápida y sube.  —Edward, tu prueba de aptitud realizada hoy, sin ninguna novedad, determina que tu sección es...— hace una pausa dramática. Estúpido. —seguridad — Marian aprieta mi mano tan fuerte que me hace daño. Edee se queda un segundo petrificado y cundo vuelve en sí parece desubicado. Cuando le da la mano a mi tío parece tardarse un poco más de lo normal. Marian ahoga un gemido. Edee tendrá que mudarse.  Cuando llega de nuevo hasta nosotros lo primero que hace es soltar la bolsa con el uniforme en el suelo y cargar a Marian que comienza a llorar en su hombro bajando el tono para no llamar demasiado la atención, Edee le acaricia el cabello destrozando su peinado. —Tranquila— le dice —todo va a estar bien— luego me mira y cuando nuestros ojos se conectan lo único que puedo hacer para darle consuelo es apoyar mi mano en su hombro y no llorar. Después de tanto tiempo juntos nunca habíamos meditado la posibilidad de separarnos, y ahora siento un nudo en la garganta. después de treinta graduados más se escucha mi nombre. Cuando paso Edee me da un golpecito en el hombro.    Siento todas las miradas sobre mí, sobre el chico ojos de luna, el tigre blanco. El corazón me galopa en el pecho tan fuerte que lo siento en las cienes, me entran ganas de vomitar, pero me obligo a inhalar por la nariz y exhalar por la boca. Siento mi cuerpo más pesado de lo normal cuando subo por las escaleras. Soy consciente de las miradas de curiosidad de los chicos de las otras arcas, ellos nunca me habían visto y debo resultar curiosísimo. El psicólogo me mira, sus ojos me paralizan en la mitad del camino, trato de moverme, pero mis pies no responden, me quedo allí cuando él habla. —Aleck. Tú prueba de aptitud realizada hoy, con ninguna novedad, indica que tu sección es...— aprieto los puños. Que sea el herbario, que sea el herbario, y no, no es el herbario —¡seguridad! — lo primero que veo es la cara de sorpresa de mi tío antes de que mi cerebro recopile la información necesaria para procesarlo. Cuando las llaves de mi nuevo casillero se agitan ante mi cara me obligo a tomarlas, luego me vuelvo para ver a el representante de la sección y me encuentro con un hombre de color, con dos metros de altura y una cara de pocos amigos que me ofrece la bolsa. Le doy la mano mientras finjo un poco de fortaleza que no tengo, luego camino hasta las sillas y le doy la mano a cada uno de los representantes, todos tienen las manos demasiado frías, Grace tiene los ojos brillosos y me da un pequeño abracito, Cuando llego hasta mi tío él ya está de pie, le ofrezco la mano, pero él la ignora, me toma por el hombro y me abraza tan fuerte como la noche en la que me dijo que mis padres no cumplirían su promesa. —Tranquilo, Aleck, te sacaré de ahí, ese no es lugar para ti— respondo lo único en lo que me puedo preocupar en este momento. —Marian. No la dejes sola. —Me encargaré de eso, no te preocupes. —Promételo. —Lo prometo— me suelta y de repente me siento desprotegido, a la intemperie. Bajo del escenario y cuando llego hasta Edee y Marian veo que ella ha llorado tanto que tiene los ojos hinchados, la tomo de la mano y los tres salimos sin decir nada, ¿que nos podemos decir?  Lo único que puedo asegurar de nuestro futuro es que esta noche no habrá fiesta.                   
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