El viaje no había sido tan malo, para ser honesta había sido bastante entretenido ya que después de que el niño siguiera pateando mi asiento durante al menos 10 minutos discretamente y por la parte baja le pique las piernas con un alfiler que tenía.
No sé si se dio cuenta o pensó que era un animal pero pidió cambiar de lugar con su mamá y yo no pude evitar sonreír al obtener la victoria en esta pequeña guerra.
Además de eso Lombardi seguía mandándome aperitivos y me ofreció dos veces cambiar mi lugar a la zona ejecutiva.
Claramente me negué, no porqué no quisiera si no que él era un completo extraño y no podía darme el lujo de aceptar algo de un extraño.
Suspire y tome mi maleta cuando salí del área de aterrizaje mi trabajo iniciaba en dos días así que aún tenía tiempo para distraerme y comprar lo que me hacía falta.
Ya que llegar a la casa de Angelo sin maletas siendo una extranjera sería algo bastante raro.
Camine entre la gente hasta salir del aeropuerto y cuando estaba en la puerta de salida y buscaba un taxi un auto n***o se estacionó frente a mí.
Me hice para atrás cuando la puerta del auto se abrió.
Mi acosador del avión bajo de él.
—¿Necesitas transporte?—dijo y negué con la cabeza. El tipo estaba comenzando a asustarme.
—¿Eres una especie de acosador?—dije y el sonrió, al hacerlo montones de mariposas brotaron dentro de mi. La palabra mariposa quedaba corta, sentía como un millón de pelícanos se estuvieran peleando dentro de mi estómago, la belleza de aquel sujeto era demasiada incluso para mí.
—Podría serlo si es que no aceptas mi invitación.—mire mi maleta y al frente en búsqueda de un transporte, pero nada, ningún automóvil pasaba, era como si alguien estuviera impidiendo su paso, así que termine aceptando.
Al asentir con la cabeza. Un chico llegó por atrás y tomo mi maleta.
Yo camine junto a Lombardi aún no muy segura de esa decisión.
Apesar de que sabía la cantidad de dinero que tenía, había una posibilidad de que fuera un farsante y se dedicará a la trata de personas.
Había visto una película en donde una chica va con su amiga a otro país y son secuestradas y su padre debe ir a buscarla por todo el lugar. Estaba segura que papá no haría eso, al contrario se alegraría porque tendría una carga menos.
Hice una mueca cómo de disgusto y el me abrió la puerta.
—Te prometo que soy un secuestrador o ladrón de almas.
Simplemente quiero invitarte un café. — quería creerle, pero tampoco quería bajar la guardia así que solo sonreí.
Una vez dentro me puse el cinturón de seguridad y mandé mensaje a la abuela con mi ubicación.
Por cualquier cosa. Suspire nuevamente y el no me quitaba la vista de encima.
—¿Sucede algo?—dije y él negó con la cabeza.
—Siento que te conozco de un lado, pero no sé de dónde —hice una mueca pensando, pero era algo ilógico no recordarlo. Un chico así no es difícil de olvidar.
—Te recordaría. —dije y sonrió. Me gire porque no quería que viera como me ponía nerviosa cada que hacía eso.
—Bueno señor secuestrador ¿A dónde vamos a ir?
— A tomar un café y tener una charla, después serás libre.—suspire y asentí con la cabeza. Total no tenía nada que hacer además la abuela ya tenía mi ubicación.
Si me secuestraba sabía en donde estaría.
Después de 10 minutos en auto nos estacionamos frente a un gran hotel.
El chófer se bajó y me abrió la puerta, sonreí y salí del vehículo. A tras de mí se encontraba ya Lombardi.
Me hizo señas para seguirlo y yo hice caso. Camine para adentrarme en el edificio y al hacerlo me sorprendió lo hermoso que eran.
Sus acabados era de mármol o eso parecía tenía una combinación muy elegante entre dorado, blanco y azúl. Los colores eran increíbles.
Había muy poca gente a pesar de lo inmenso que era el lugar. Caminamos por el pasillo y llegamos a una cafetería.
—Wow. ¿Una cafetería en un hotel? —pregunte y Lombardi sonrió.
—El café es una de las cosas que más amo. —al escúchalo casi me ahogo.
—¿Es tu hotel?— dije y asintió.
—¿Así que también te gustan los aviones? —sonrió y llegamos a una mesa, el lugar también estaba vacío.
—Te voy hacer honesto. Dijo cuando cada quien estaba en su asiento.
—Desde que te vi en el avión me llamo la atención tu forma de ser y me gustaría tener algo contigo.
Una relación no te puedo ofrecer, pero si diversión.— con solo escuchar esas palabras sabía a dónde estaba caminando la cosa.
—Lo que quieres decir es que quieres tener sexo conmigo. —dije y Lombardi asintió.
—De acuerdo, tengo tres días. —sonrió y llamo a la mesera.
—Dos cafés negros y un pastel de chocolate. —la señorita se fue.
—Entonces hagamos que esos tres días sean inolvidables.— dijo mientras se levantaba de la mesa y caminaba hasta donde estaba.
—Prometo que recordarás mi nombre.— iba a responder cuando se acercó cada vez más hasta que nuestros rostros estaban frente a frente.
—¿Puedo besarte?—dijo y no respondí cerré la poca distancia que había entre nosotros y lo bese.
Nuestros labios encajaban a la perfección, sus manos pasaron de estar recargadas en la silla y comenzaron a deslizarse poco a poco entre mis piernas.
Al sentir las yemas de sus dedos en mi piel sentí una pequeña descarga eléctrica por todo mi cuerpo, necesitaba más que eso.
Nos se paramos para tomar un poco de aire.
—Yo. —intente hablar pero me hizo callar porque nuevamente me besó. Pero está vez me levanto de mi asiento.
—¿Alguna vez has tenido sexo con publicó? —al escucharlo hablar y ver el brillo en sus ojos negué con la cabeza.
—Me gusta ser parte de las primeras veces. — decía mientras me sostenía en sus manos y me llevaba a la mesa que teníamos junto.
Me puso sobre la tabla y comenzó a desabotonar mi playera. Una parte de mi decía que estaba loca, pero otra estaba tan excitada con la idea que le estaba ganando a la cordura.
Termino de quitarme la camisa y comenzó a masajear mis pechos, arquee la espalda y cerré los ojos, era increíble la sensación que sentía.
Todo mi cuerpo estaba temblando no sé si de miedo, frío o deseo, pero quería más y como si el estuviera leyendo mis pensamientos abandono su tarea principal para bajar lentamente la mano por mi vientre hasta llegar a la parte baja justo en la entrada de mi vajina.
—¿Quieres que siga?—dijo y asentí con la cabeza. El sonrió, pero está vez si sonrisa era diferente a las anteriores, era una sonrisa que reflejaba deseo, pero sobre todo reflejaba a un hombre dispuesto hacer lo que sea con tal de conseguir lo que quisiera.
Al sentir sus dedos jugando en mi zona íntima abrí más las piernas para darle un mejor acceso. Y eso permitió que pudiera hacer aún lado mi ropa interior.
Sus dedos se movían lentamente haciendo que la tortura de querer tenerlo dentro aumentara cada vez más.
Me iba a comenzar a quejar cuando sentí que uno de sus dedos entraba y tuve que soltar un gemido. El sudor comenzaba a escurrir de mi frente y necesitaba sostenerme se algo o sentía que iba a caer así que hice lo primero que se me ocurrió y lo tome de los hombros.
Él saco los dedos y levanto la mirada.
—Lo siento. No puedo más. Al decir eso se desabrocho el pantalón y bajo la ropa interior. Rasgo un condón y se lo metió lentamente.
No pude evitarlo y me mordí el labio.
No había visto demasiados p***s en mi vida, pero estaba segura de que el de él no estaba en el promedio.
Una vez listo me besó nuevamente y puso su m*****o en mi entrada.
Después de moverlo lentamente lo fue introduciendo poco a poco.
Al principio fue un poco incómodo y cerré los ojos a ver mi reacción me tomo de la espalda.
Y comenzó a dejar besos en parte de mi cuelo y bajo hasta llegar nuevamente a mis pechos.
Cuando me vio más tranquila nuevamente lo intento cerré los ojos he hice la cabeza para atrás
Él comenzó a moverse lentamente haciendo que aquella molestia desapareciera poco a poco y se fue la convirtiendo en placer.
Mi cuerpo comenzó a temblar nuevamente.
—Mas. —logre decir entre sollozos. Y él no tardó en entender que era lo que necesitaba así que hizo que sus movimientos fueran cada vez más rápidos.
Enrede mis piernas en su cuerpo para acelerar aún más su ritmo.
Y en ese momento sentí como explotaba lentamente. Acabada de sentir el mejor orgasmo de mi vida y yo so podía pensar en que porfavor no me diera un calambre en el pie.
Me deje caer sobre sus brazos mientras el se movía más y más rápido cuando logro finalmente lo que quería me tomo entre sus brazos y nos caímos en una silla.
—Santa mierda. —dijo con la respiración cortada.
Ninguno de los dos dijo nada más así nos quedamos por unos momentos.