Tiempo después, la reina Xóchilt recibió la visita de su cuñada, la duquesa Narcisa. En el pasado, ella era su dama de honor hasta que se casó y tuvo a su hija, Yehohanan, a quien nombró como condesa. Para Xóchilt, Narcisa era como su segunda madre y siempre se refugiaba en ella en momentos de alta tensión. Y ese día no fue la excepción. - Me alegra verla después de mucho tiempo, cuñada – le saludó Xóchilt - No podía faltar al tercer cumpleaños de la princesa Aurora, majestad – le saludó la duquesa - ¡Por favor! ¡Llámame por mi nombre! Sabes bien que siempre fuimos cercanas. - Está bien, Xóchilt. Ambas fueron al patio central del palacio, el cual poseía flores de distintas especies. En esos momentos, la pequeña princesa estaba cavando en la tierra, formando varios agujeros que ma

