- ¿Qué pretendes? – le preguntó la reina, mirando al duque sin tomar el pañuelo. - Solo intento ayudar – le respondió Gravil – aunque seamos enemigos, sigues siendo una mujer. Y debo ser amable con usted. Xóchilt se rió ante las palabras de Gravil. Luego, tomó el pañuelo y se secó las lágrimas. Tras lograr calmarse, le dijo: - Mi reino ha sido el más perjudicado por la Doctrina desde hace siglos. Siempre nos exigen donativos más altos para “ganar el cielo” y nos ponen como ejemplo de paganismo y costumbres indecorosas que los demás reinos no deben seguir. Pero la Papisa actual es la peor: me pide tributos que sobrepasan el presupuesto del pueblo y exige que trate a los hombres como meras herramientas de intercambios y explotaciones bélicas. Quizás usted no lo entienda, pero la Papisa

