Los días fueron transcurriendo, y la distancia entre ambos se hizo evidente. Aunque seguían teniendo intimidad, el contacto terminaba justo cuando alcanzaban la liberación. Ninguno daba un paso más allá. Ambos se mantenían concentrados en los preparativos del viaje, pero eso no significaba que no se conocieran mejor. Por el contrario, habían comenzado a conectar de una forma más profunda, descubriendo los gustos del otro, sus hábitos y esas pequeñas manías que compartían, como su obsesión por el orden. Era la primera vez que ambos encontraban a alguien que los entendía, pues según sus familias, ese perfeccionismo era su mayor defecto. Ares, con el paso de los días, se sorprendía cada vez más por la madurez y la cultura de su esposa; inevitablemente, terminaba comparándola con su hermana.

