Ares despertó cuando el cielo ya comenzaba a oscurecer. El cuarto estaba en penumbra, iluminado apenas por la luz tenue que se filtraba por la ventana. Extendió el brazo, esperando encontrar a su esposa durmiendo a su lado, pero el espacio a su derecha estaba vacío. Parpadeó un par de veces, sorprendido. Agnes siempre se acurrucaba contra su pecho cuando despertaban juntos. Con una mezcla de curiosidad y ligera preocupación, se levantó, se dio una ducha rápida y bajó las escaleras en busca de ella. La encontró en la sala, sentada en uno de los sillones, mirando un punto indefinido como si sus pensamientos estuvieran a kilómetros de distancia. Ares se acercó en silencio, rodeó su cintura con sus brazos y apoyó el rostro en su cuello. Aspiró profundamente. El aroma de Agnes siempre le rec

