Hoy había llegado el día en que verdaderamente Agnes se convertiría en una mujer distinta. Ahora podía entender por qué muchas personas cambiaban de la noche a la mañana… Desde fuera parecía algo repentino, pero por experiencia propia sabía que no era una decisión que se tomara al despertar; eran las circunstancias las que te empujaban hasta ese punto. Agnes había decidido de pronto dejar de ocultarse. Así como también decidió dejar de vivir como la esposa estúpida y sumisa. A partir de ahora saldría, iría a trabajar todos los días. No solo a la fundación, sino también al hospital. No permitiría que Ares siguiera haciendo lo que quisiera mientras estuviéramos casados. Estar allí le daba la oportunidad de vigilarlo, y al más mínimo resbalón solicitaría el divorcio. No era tonta. Sabía que

